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lunes, 12 de diciembre de 2011

El Verdadero Significado de la Obra de Kino


En un erróneo afán por ensalzar  la obra de Eusebio Francisco Kino, se ha sostenido que introdujo la agricultura, la ganadería o ambas, ya sea a la Pimería Alta o a Sonora. Este es un desliz de apreciación histórica que de ninguna manera debe de desmerecer la obra del misionero.

Veamos, primero, la inexactitud de esta atribución a través de algunos ejemplos: años antes del arribo de Kino a la Pimería, cuando éste aún se encontraba en Europa, ya se extendía un rancho ganadero por las praderas cercanas al actual San Lázaro. El mismo Juan Matheo Manje, compañero militar de Kino en sus exploraciones, nos dice que allí “antiguamente, tubo en este puesto Juan Martín Bernal, español, una estancia de ganado vacuno y cavalladas de más de 6 mill cavesas…”  Además, también José Romo de Vivar tuvo otro rancho ganadero en el mismo lugar, años después. Finalmente,  Munguía Villela de igual forma tuvo otro rancho ganadero en las cercanías de donde años después Kino establecería su misión de Santa María (actualmente Santa Cruz).

Por eso es que si buscamos el significado real de la herencia de Kino, debemos entender primero que en la Pimería Alta se realizó el último esfuerzo de expansión del imperio Español y de evangelización en el Noroeste de la Nueva España. Las misiones establecidas por el misionero definieron, desde entonces, una frontera.

Durante aquellos años fue frontera entre la civilización europea y el mundo de los “gentiles” como se les conocía a quienes no habían recibido el bautismo. Fue frontera entre la región de habla hispana y las rancherías en donde se expresaban utilizando algún idioma nativo; frontera entre lo europeo y lo nativo;  frontera entre donde se practicaba el catolicismo y las religiones nativas.

Y así pasaron los años, y el impulso desarrollador de Kino con el paso del tiempo se fue convirtiendo en el último que intentó incorporar más regiones del noroeste bajo la égida del Imperio Español. No hubo intentos posteriores para llevar los límites del Imperio Español más allá. Y así fue cómo, cuando surgió Estados Unidos y se firmaron primero los Tratados de Guadalupe-Hidalgo y La Mesilla después, esta frontera cambió su significado al de una zona limítrofe entre dos naciones: entre México y los Estados Unidos.

Así fue cómo la antigua Pimería Alta se convirtió en la frontera entre los pueblos en donde predominaban los parlantes del idioma Español y aquellos en donde el Inglés imperaba; entre los pueblos católicos y los protestantes; entre las costumbres gregarias nuestras y las austeras del anglosajón.

Frente a esta situación, podemos muy bien hacernos la pregunta: ¿Qué habría pasado entre nuestras dos naciones si Kino no hubiera llegado a la Pimería Alta? Y tenemos que la respuesta es sencilla: tal vez el Imperio Español habría llegado a colonizar a esta región aunque, de seguro, lo habría logrado años más tarde de cómo sucedió. Así se habría colonizado la Pimería Alta cuando las condiciones geopolíticas eran ya diferentes, cuando el Imperio Español se encontraba en franca decadencia y toda Iberoamérica estaba más cerca de su independencia.

Y en lo internacional, en caso de que se hubiera dado, la conquista de la Pimería Alta por España, ésta habría ocurrido cuando la nación vecina se encontraba en franco proceso de expansión. Hay que recordar que Estados Unidos promulgó su independencia en 1776, casi una década después de la expulsión de los Jesuitas de los dominios españoles y ocho años después de que fueran reemplazados por los Franciscanos en 1768. Y aquí hay que recordar que no es coincidencia que el afán expansionista estadounidense únicamente se vio frenado aquí, en esta región.

¿Qué significa todo ésto? Pues sencillamente quiere decir que el legado de Kino se encuentra en la geografía política y no en la introducción o no de la ganadería o agricultura a la región. Debemos entender que, gracias a Kino, la frontera entre México y los Estados Unidos es como la conocemos hoy. Gracias a Kino, en esta región se habla Español y la religión tradicional es el catolicismo, gracias a él existe, aquí, una cultura que constituyó una barrera infranqueable para la penetración anglosajona. Y también, gracias a Kino, cuyo  afán de vida fue encontrar un camino por tierra que comunicara Sonora con Baja California, años después, cuando se discutía la frontera actual entre nuestras naciones, México se negó a aceptar una frontera que no permitiera la comunicación por tierra con Baja California. Por eso existe ese curioso ángulo en la frontera que permite la comunicación directa entre Sonora y Baja California



domingo, 27 de noviembre de 2011

La muerte de Kino

No sabemos si Eusebio Francisco Kino realizó durante su vida más expediciones que las que he citado en esta serie de artículos, ya que no hay mención de alguna posterior a la última que mencioné. De cualquier manera, durante los meses siguientes a su última expedición registrada, continuó con su preocupación por abastecer las misiones califórnicas.  En diciembre de 1709 le escribía al Padre Juan de Yturberoaga, Procurador de la Provincia Jesuita de Nueva España: “El padre rector Juan María de Salvatierra da a entender que mi principal obligación [es] socorrer a la California por disposición de nuestro padre general …” Así, siguiendo esa tarea, transcurrieron los últimos meses de la vida del misionero pimalteño quien, desde su misión de Dolores, veía cómo había ido creciendo la Pimería Alta como abastecedora de las misiones califórnicas.

De esta manera llegó el 15 de marzo de 1711. Esa fecha le tocó asistir a la dedicación de una nueva capilla en la iglesia de Magdalena y nuestro misionero debió recorrer nuevamente ese camino que había recorrido tantas veces desde aquél lejano 1687 en que llegó, y que lo separaba de la cuenca del San Miguel, donde se encontraba Dolores, de la del Asunción, ubicación de Magdalena; así remontaría la sierra del Torreón que aún hoy domina el paisaje desde la carretera internacional y entraría al valle magdalenense. Ya en Magdalena, celebrando la ceremonia de dedicación de la capilla de San Francisco Xavier se sintió mal y esa noche falleció. Al padre Agustín de Campos le tocaría enterrarlo y registrar su fallecimiento en un acta cuya imagen aparece a la derecha y reza:
 
Año de 1711. En quince de marzo, poco antes de medianoche, recibidos los santos sacramentos, murió con grande sosiego y edificación en esta casa y pueblo de Santa Magdalena el padre Eusebio Francisco Kino, de edad de setenta años. Mntro de Nuestra Señora de los Dolores, fundada por el mismo padre, el cual trabajó incansablemente en continuas peregrinaciones y reducción de toda esta Pimería. Descubrió la Casa Grande, ríos de Gila y Colorado, y las naciones cocomaricopas y sumas y los quicamaopa de la isla; y descansando en el Señor está enterrado en esta capilla de San Francisco Xavier, al lado del Evangelio, donde caen la segunda y tercera silla, en ataúd. Fue de nación alemán, de la provincia a que pertenece Bavaria. Habiendo sido antes de entrar en la Pimería misionero y cosmógrafo en la California, en tiempo del almirante don Isidro de Otondo. Agustín de Campos S.J.

Al leer este texto, de inmediato varias inexactitudes llaman nuestra atención. De ellas, las más notables son que la edad verdadera de Kino, quien fue bautizado el 10 de agosto de 1645, era al momento de su muerte 65 años cumplidos y no setenta como asentó Campos. Además, que Campos aún entonces y contra la opinión de Kino, pensaba que California era una isla. Finalmente, tendríamos la mención de que fue alemán, ya que el mismo Kino no estaba seguro de su nacionalidad o que el apellido del alimrante califórnico fue Atondo, no Otondo. (Debo agregar que la imagen del acta de fallecimiento del misionero que adorna este artículo fue editada. El original ocupa dos páginas, el final de una y el inicio de otra) 

No podemos deducir la enfermedad que le causó la muerte a Kino en caso que no haya sido simplemente la edad. Manje mismo nos orienta hacia una pista probable sobre las enfermedades que, crónicamente, enfermaban a Kino y que apuntan a malaria:  “En las fuertes fiebres que le daban, no provava nada en 6 días que más que levantarse a celebrar y acostarse; y, deviltanto y desmaiando la naturaleza las extinguía.”

Y en cuanto a su temperamento, también Manje nos lo explica:  

“sus conversaciones eran los melifuos nombres de Jesús y María y las combersiones de los gentiles, por quienes siempre pedía a Dios… Conozí era de natural colérico quando reprendía al que pecava públicamente; y, si despreciaban su persona, lo atemperava tanto que ya avía hecho ávito de realzar a quien con vilipendios, denuestos e ynproperios lo maltrataba de palabra, obra o por escrito, usando los superlativos de “reciví la gratísima, estimadíssima” y otros de obsequio y agradecimiento; y, si era en su cara, yva a abrazar al que los decía, diciendo: “es vuestra merced y a ser mi queridíssimo dueño, aunque no quiera” Y luego yva quizá a ofrecer los desprecios al Divino Señor y Dolorosa Madre a cuio templo entrava a rezar cada día cien vezes. Y después de cena, viéndonos ya acostados, se entrava en él, y, aunque me trasnochava leiendo, nunca le oí salir para coger el sueño que era bien parco.”

En 1712, un año después de la muerte de Kino, el Padre Campos desenterró los restos de los padres Ignacio de Yturmendi y Manuel González de Tubutama, donde habían sido inhumados al morir allí, y se los llevó a Magdalena, en donde los reinhumó  a los lados de los de Kino. Allí pueden ser vistos actualmente por el viajero, acompañando a los del misionero trentino.

domingo, 16 de octubre de 2011

La Ultima Expedición a la costa sonorense

Después de regresar de su viaje a la costa de Caborca empezando 1706, a Kino no se le olvidaba la ruta por tierra a California, aunque pasaron los meses y no se presentó la oportunidad de organizar otro viaje para buscar su ansiado paso por tierra.

En octubre fue a Fronteras en su papel de Procurador de las Misiones a comprar ropa, y allí se entrevistó con el Gral. Jacinto de Fuensaldaña, Capitán de la Compañía Volante de Sonora, quien lo apoyó en su proyecto de organizar otra expedición a la costa sonorense. Nos cuenta Kino: “Teniendo su merced por cierto lo que era muy cierto, que la California no era isla, determinó darme unos soldados que conmigo fuesen a ser testigos de vista y se informase de todo a fin de informar jurídicamente en México.” Además, ofreció enviar un correo a sus expensas “en orden también de conseguir y traer los padres tan necesarios para estas nuevas conversiones.” Con ese fin, Fuensaldaña encomendó al Alférez Juan Mateo Ramírez y a Antonio Durán como escoltas de la expedición, mientras que un franciscano, Fray Manuel de Oyuela, decidió acompañarlos.


La ruta del viaje
El 13 de octubre partía de Fronteras el grupo y tres días después llegaba a Dolores. Allí, Ramírez encontró un grupo de indígenas que habían acudido “con una cruz y con otras buenas dádivas de conchas azules de la contracosta, con una santa cruz que enviaban los de la nación quíquima.” Ya sabemos que la concha azul, el abulón (haliotis fulgens) existe únicamente en la costa califórnica del Pacífico, y que los Quíquima era una tribu que habitaba el delta del Colorado.

En Dolores pasaron cinco días preparando la expedición y luego se dirigieron a Remedios y de allí a Síboda (Cíbuta actual), que para entonces era una importante estación de abastecimiento de las expediciones, así como de las nuevas misiones de la región desértica. En ese lugar, Kino se abasteció de carne seca y cuarenta caballos y mulas, como complemento de los 25 que ya llevaba, además de 25 cabezas de ganado para Búsanic para reemplazar el ganado que de allí había enviado antes a Sonoita. Habiendo llegado a Tubutama, los  recibió el padre Minutuli quien, “con muy mucha caridad y amor, nos avió con vino de misas, con candelas de cera, con chocolate, pan y bizcocho, con pinole, carnero y carne de vaca y aún con su propia mula de silla.”

Más adelante, pasaron por Caborca y de allí a Sonoita, desde donde Kino decidió, en vez de dirigirse al delta del Colorado, subir el cerro de Santa Clara (volcán del Pinacate) y desde su altura otear la costa. Atravesaron el desierto sonorense hasta que llegaron a las faldas del volcán, de donde, auxiliados por las mejores mulas que tenían, subieron la escarpada y extremadamente difícil falda de esa montaña que se eleva 1,200 metros sobre el nivel del mar.

Y mientras que Durán los esperaba abajo por estar enfermo, el resto de los expedicionarios subieron las cuatro leguas (en realidad son como 19 KM de constante ascenso) hasta el puerto que divide las tres cimas. Nos dice Ramírez: “sobre este cerro hacen otros tres cerros apilonados: subimos en el que cae al sur, desde donde se vio el mar, el cual nos quedaba meramente al sur.” Era el menor de los tres picos y desde su cima vieron cómo “se perdía de vista sin que ni de la parte del oriente, de donde venimos, ni de la parte del poniente subiera mar alguno hacia el norte o noroeste.” Y así era, desde esa cima únicamente se alcanza a ver el desierto de Sonora extendiéndose hasta perderse en el horizonte, mientras que hacia el Sur se logra discernir el azul del mar.

Después bajaron a pernoctar en el puerto situado entre los picos y un día después subieron a la cima más alta, la más difícil, la situada al Norte, donde “por ser tan alto y un género de cascajal de piedra tezontle, como lo es todo este grandísimo cerro, que temía acabar primero con la vida que con la empresa.” Hace pocos años subimos el volcán. Fue un ascenso que duró tres días, y pernoctamos en el puerto que se menciona más adelante, el mismo en donde pasaron la noche esos expedicionarios. En seguida muestro el video de ese ascenso.

Pinacate
(Debo agregar la siguiente información. Se le ha dado el nombre del Pinacate, debido a que el color de la roca allí es negra, lo que recuerda al artrópodo que se encuentra en toda la región, del género Aleodes. 

La región es extremadamente calurosa y desértica, por lo que se escoge marzo, cuando aún las mañanas son frías y los días más templados, como temporada para el ascenso. 

Por otro lado, también en marzo, y dependiendo de cómo haya sido la temporada de lluvias invernales, el suelo del desierto se cubre en mayor o menor grado de alfombras de flores, las que pintan todo el paisaje de diferentes colores, las que hacen creer que en realidad no es tan árida esa región). 


 Video de un ascenso al Pinacate, realizado con motivo del tricentenario de Kino

Desde su cima alcanzaron a ver “con más individualidad, lo que habíamos visto la tarde antecedente, y que con esta continuación de ambas tierras y paso por tierra a la California, y vimos que su Sierra Madre de la California corre de sur a norte hasta a donde remata el mar y que una punta se pega con una bahía que fray Manuel  llama la ría, por ser el desemboque del Río Colorado en el remate de la mar de la California.”

Habían logrado su objetivo y regresaron a Dolores, donde Ramírez pasó en limpio su informe. Sin embargo, estando allí recibieron una noticia que echaba a la basura lo logrado. Fuensaldaña acababa de morir.

lunes, 3 de octubre de 2011

El ritual de la peregrinación anual a Magdalena

En el anterior artículo de esta serie traté sobre las raíces prehispanas  de la peregrinación anual a Magdalena. Actualmente, esta peregrinación ocurre anualmente al aproximarse el 4 de octubre, temporada que anuncia el cordonazo de San Francisco, cuando se presentan los huracanes que auguran la madurez de la naturaleza y el inicio de su periodo de latencia, cuando cambia precisamente en estas fechas el clima regional, de caluroso a templado y a frío. Así,  vemos a miles de peregrinos acudir a Magdalena desde toda la región: del suroeste estadounidense y del noroeste mexicano. Lo mismo nogalenses que del río de Sonora o de otras regiones; igualmente indígenas Ojódam (o pápagos) que Yaquis o de otras etnias; ya sea mestizos mexicanos o estadounidenses. Unos a pie, otros en autos o bien en cabalgatas. Son peregrinaciones que pueden durar menos de un día o, dependiendo de la distancia que los separa de Magdalena, hasta tres o cuatro.

Una cabalgata procedente de Arizpe, el 2010, saliendo del rancho Agua Fría
Las razones que han motivado estas peregrinaciones han variado a través del tiempo. Mientras que en lo prehispano tuvieron un ingrediente ideológico asociado con el comercio de la concha, como vimos en el artículo anterior, para cuando se da el contacto europeo con lo indígena, el motivo ideológico se había asociado a los periodos vitales anuales de la naturaleza, a la época de cosecha del maíz y de los demás vegetales propios de la temporada. Esto lo festejaban los nativos con borracheras de tesgüín (el fruto principal de la temporada, el maíz, era fermentado y convertido en un propiciador de la comunicación con el más allá) y así agradecían los frutos que habían cosechado durante ese año. Esa es, para empezar, la razón por la que se realiza la caminata precisamente en esta temporada.

Desayunando durante una cabalgata el 2010
Además, y en particular pasando por la región de Magdalena, desde tiempos inmemoriales debió haber otras peregrinaciones importantísimas de las que se desconocen sus  detalles, aunque nos quedaron sus vestigios. Una, ya mencionada antes, fue la de la concha destinada a Paquimé, Chihuahua.

Uno de los hornos de pedernal que se encuentran cerca de Magdalena
Pero hubo, además, otras que estuvieron relacionadas con la recolección del pedernal para fabricar herramientas. Este mineral aflora naturalmente hacia el este de Magdalena, y en esa región podemos encontrar sitios arqueológicos con hornos donde se despedazaba el pedernal utilizando el fuego, que posteriormente era comercializado hacia otras regiones, ya que en los sitios arqueológicos del Norte de Sonora se pueden encontrar esas rocas prcisamente. Igualmente nos encontramos en esos contornos literalmente con centenares de almacenes para guardar quién sabe qué (y de los cuales hasta pinturas nos heredaron los indígenas). Finalmente, encontramos por allí manifestaciones de un culto asociado con la lluvia, ya que en las rocas de la comarca  podemos también ver unas curiosas serpientes grabadas en la piedra que servían para conducir y recolectar el agua de la lluvia en rituales religiosos hoy olvidados aunque,  por esos vestigios, sabemos que los hubo.

Un alto en el camino durante la cabalgata anual de Arizpe a Magdalena
Y vinieron los europeos, y encontraron rituales indígenas relacionados con la temporada de madurez cíclica de la naturaleza.  Y los misioneros Jesuitas, como Eusebio Francisco Kino, intentaron imponer el calendario religioso cristiano sobre el calendario ideológico prehispano. Entre otras, su fecha más importante, el 3 de diciembre, aniversario de la muerte de San Francisco Xavier, fundador Jesuita y patrono de Kino, de quien hasta el nombre adoptó. Sin embargo, los indígenas no entendieron ese cambio, ¿Porqué celebrar la naturaleza en diciembre, cuando el frío invernal impera sobre la región y ésta se encuentra en su periodo de latencia? De cualquier manera, como otro ingrediente ideológico más de la peregrinación actual, de esa época nos quedó el culto al santo acostado, a San Francisco Xavier.

Después, los Jesuitas fueron reemplazados en 1768 por la Orden de los Franciscanos, cuyo fundador, San Francisco de Asís, también es el Santo Patrón de los Animales y del Medio Ambiente. Pero además sucede que el santo murió un 3 de octubre y la Iglesia lo conmemora el día siguiente. Y así ocurrió que los indígenas percibieron que la conmemoración principal de los Franciscanos coincidía con la propia; es decir, se honraba a San Francisco cuando ellos celebraban el fin del ciclo anual de vida de la tierra con sus borracheras, y así se sincretizaron en ese día la conmemoración cristiana y la indígena asociada con el culto a la tierra. De esta manera se conservó el culto a San Francisco Xavier, pero venerado el día en que el santoral católico recuerda a San Francisco de Asís. de esta manera surgió otro ingrediente más de la conmemoración.

En 1832 la iglesia actual de Magdalena fue concluida y dedicada para recibir a miles de indígenas, Pimas y Pápagos. Para entonces, este evento anual en Magdalena era ya una tradición establecida, lo que llevó a que en Magdalena fuera establecida en 1862 una feria anual, ocasión que les daba a los indígenas la oportunidad  de acudir allí a adquirir productos, que en su mente era vista con reminiscencias de sus antiguas peregrinaciones por la concha, por la sal marina. Pero además, a los criollos y mestizos la feria les dio la oportunidad de acudir también a las fiestas, no haciendo Mandas como actualmente sino a celebrar a San Francisco.  Y así se incorporó el elemento comercial a la festividad magdalenense moderna.

Pasaron los años, y al ser descubiertos en 1966 los restos del misionero Eusebio Francisco Kino, su veneración se agregó a estos rituales. Actualmente, al aproximarse la fiesta anual de Magdalena, la plaza se llena de puestos de alimentos que evocan la feria establecida en el siglo XIX, mientras que miles de peregrinos, muchos de ellos todavía indígenas, aunque la mayoría son mestizos, llegan procedentes de Arizona y de Sonora buscando, los primeros revivir sus antiguas tradiciones y los segundos, a través de ese sacrificio, que una petición personal  les sea cumplida por la deidad, sea ésta  San Francisco (de Asís o Xavier), Juan Soldado o San Judas Tadeo.

La cabalgata procedente de Arizpe, llegando a Magdalena el 2009




domingo, 16 de enero de 2011

Kino y Atondo en la California

En 1679, el almirante Don Isidro de Atondo y Antillón, quien contaba entonces con cuarenta años de edad y por lo tanto era cinco mayor que Kino, recibía del Rey el título de Almirante de California, aún no colonizada, además de la confirmación de su anterior posición de Gobernador de Sinaloa.

De la colonización de Baja California dependía la seguridad de la Nao de China o Galeón de Manila, que realizaba el comercio entre España y Asia. Llevando metales preciosos partía de Acapulco, costeando Baja California seguía la costa del Pacífico hasta el actual Estados Unidos para después atravesar el océano Pacífico y dirigirse a Filipinas y China, de donde traía especias, seda y otros productos asiáticos. El problema era que las costas Californianas se habían convertido en un magnífico refugio de piratas franceses, holandeses e ingleses, que se escondían allí para atacarla y robarla.

Por otro lado, las leyendas de tesoros escondidos (la cosecha de perlas había sido el atractivo en el caso califórnico) no fueron imán capaz de atraer conquistadores que costearan sus propias expediciones, ya que resultó ser una región muy pobre. Además, los desmanes que habían cometido los españoles contra la población indígena, habían provocado una reorientación en el método de conquista indígena. Así, se ideó la fórmula de cooperación entre el Estado Español y la Iglesia para colonizar las nuevas regiones: el Estado financiaría la entrada europea, en la que intervendrían los religiosos para realizar la conversión indígena.

Por otro lado, cuando la Compañía de Jesús recibió la autorización de enviar misioneros al noroeste novohispano, de inmediato se dio cuenta ésta de la unidad económica que formaba la costa del pacífico mexicano (Sinaloa-Sonora) con Baja California, ya que la primera podía costear la colonización de la segunda. Hay que recordar aquí que para entonces se había penetrado únicamente hasta el Sur de Sonora.

Así, cuando Atondo recibió su nombramiento, erigió un pequeño astillero en Nío, Sinaloa (actual Pueblo Viejo, a unos 5 Km al Norte de Guasave), y empezó a construir tres barcos: dos fragatas, de 70 y 60 toneladas, y una balandra.



Después de esta disgresión explicativa, pasamos a la crónica de los hechos: En marzo de 1682 llegaban a unirse con Atondo los misioneros Eusebio Francisco Kino y Matías Goñi. El primero, a pesar de su deseo de ser enviado a China, había sido nombrado Cosmógrafo de la expedición californiana y misionero de la misma, mientras que el segundo sería misionero, contando ya con la experiencia de haber estado en Yécora.

Al terminar los preparativos, el grupo zarpó de la costa sinaloense, y el 1 de abril llegaban a la Bahía de la Paz, en Baja California, cuyo renombre databa de la estancia en el lugar, en 1535, de Hernán Cortés, quien fue el primero que vio el potencial de esa bahía como estación hispana. Allí erigieron un fuerte y sembraron una huerta, aunque como la productividad de la región no era suficiente, a fines de ese mismo abril partió un barco a Sinaloa a abastecerse de alimentos.

Pasaron los meses sin mayor pena ni gloria, aunque a finales de junio la situación se agravó. El alimento escaseaba y el barco de Sinaloa no regresaba. Hubo entonces una junta para definir si enviaban otro barco, aunque decidieron esperar. Un día después, un indio le disparó una flecha a un soldado español, y aunque no le sacó ni sangre, Atondo ordenó encarcelarle, lo que enfureció a los Guaycura, que habitaban al Norte de La Paz. Además, los Cora, enemigos mortales de los Guaycura y habitantes del extremo Sur de la península, les informaron a los españoles que los Guaycura habían asesinado a un grumete mulato, apellidado Zamora, que había escapado del campamento.

Así fue cómo los ingredientes de la tragedia quedaron servidos: cuando llegaron 16 guerreros Guaycura en son de paz a conferenciar con los españoles, Atondo desconfió de ellos. Ordenó que les dieran pozole, y mientras comían se les disparó un cañón a quemarropa que dejó a diez guerreros muertos, mientras el resto huía, algunos de ellos heridos.

Esa masacre decidió el final de la colonia a los tres meses de haber sido establecida. Los 83 colonos decidieron abandonar el lugar, y el 15 de julio zarpaba el barco con ellos. Y aunque después se sabría que Zamora no había sido muerto por los Guaycura sino que huyó a Sinaloa, de cualquier manera la primera etapa de esa colonización había concluido. Vendría después el establecimiento de una nueva misión, San Bruno, a unos 260 Km. al Norte de esa misma costa. Pero esa es otra historia…

martes, 4 de enero de 2011

Fray Marcos de Niza y la expedición de Francisco Vázquez de Coronado

Antes de presentar la crónica de los logros de Kino en el noroeste novohispano, es necesario explicar los antecedentes de la presencia hispana en esta región, ya que gracias a avances en el conocimiento histórico, muchos de esos eventos están siendo reinterpretados. Veamos un caso:

Todos conocemos la expedición de 1528 de Pánfilo de Narváez a Florida y su fracaso; nos hemos asombrado al leer cómo cuatro sobrevivientes: Alvar Núñez Cabeza de Vaca, Andrés Dorantes de Carranza, Alonso del Castillo Maldonado y un africano al que llamaban Esteban o Estebanico, tuvieron que pasar por enormes vicisitudes para regresar a la región más boreal colonizada hasta entonces; Sinaloa. Esa epopeya ha sido contada innumerables veces, se ha convertido en tema de novelas y ha sido llevada al cine hasta convertirla en uno de los íconos de nuestra historia.

Según esta historia, después de su regreso, y al presentarse a la Ciudad de México, Cabeza de Vaca le narraría los sucesos que había vivido al Virrey, Antonio de Mendoza, quien se encontraba entonces luchando contra Hernán Cortés por lograr la primacía en la conquista del noroeste novohispano. Al escucharlo, Mendoza organizó una pequeña expedición dirigida por un franciscano, Fray Marcos de Niza, quien se haría acompañar de Estebanico para explorar el norte ignoto.

Al regresar de esta expedición, Fray Marcos le contó al Virrey lo que había visto. Estebanico se había adelantado al resto de los expedicionarios, aunque acordaron ambos que le enviaría una señal a Fray Marcos, dependiendo de la importancia de lo que hallase. Si lo que hallara era algo “razonable” sería una cruz de un palmo; si era cosa grande sería de dos palmos, y si veía una gran ciudad, le enviaría una gran cruz. Y así sucedió:

“a quatro días vinieron sus mensajeros de Estevan con una cruz muy grande de estatura de un hombre y me dixeron de parte de Esteban que a la hora me partiese en su seguimiento porque había topado con gente que le daba razón de la mayor cosa del mundo…”

Así, decidió seguir Fray Marcos y, según narraría a su regreso, en el camino encontró indios vestidos con turquesas, los que le contaron que:

"...en esta primera proujnçia ay siette çiudades muy grandes, todas debaxo de vn señor y de casas de piedra y de cal grandes, la mas pequeña dellas de vn sobrado y vna açutea ençima y otras de dos y de tres sobrados y la del señor de quatro, juntas todas por su horden, y en las portadas de las casas prinçipales muchas lauores de piedras turquesas, de las quales dixo que ay en grande abundançia y que la gente destas çibdades anda muy bien vestida y otras muchas particularidades me dixo asi destas siette çibdades commo de otras proujnçias mas adelantre, cada vna de las quales dize ser mucho mas cosa qu’estas siette çiudades y para saber del commo lo sabia, tuuimos muchas demandas y rrespuestas y hallele de muy buena rrazon..."

aunque poco más adelante le hallaron unos mensajeros que le dijeron que Estebanico había sido asesinado.
De cualquier manera, decidió continuar su viaje y alcanzó a ver desde la distancia una ciudad que:

“Tiene muy hermoso parescer de pueblo, el mejor que en estas partes yo he bisto; son las casas por la manera que los indios me dixeron, todas de piedra con sus sobrados y açoteas, á lo que me paresció desde un cerro donde me puse a vella. La población es mayor que la ciudad de México… [aunque] me dixeron que era la menor de las siete ciudades…

Al escuchar esta narración de Fray Marcos, el Virrey Mendoza envió ahora una gran expedición compuesta por 335 españoles, 1300 nativos, cuatro frailes franciscanos; dirigida por Francisco Vázquez de Coronado y guiada por Fray Marcos. El resultado ya lo conocemos: pasó por el actual Sonora rumbo al Norte y llegó hasta las grandes llanuras del actual Estados Unidos, aunque halló que las grandes ciudades y riquezas no existían, eran una quimera. Hasta aquí la historia oficial.

Pues bien, recientemente el Dr. Juan Francisco Maura ha reinterpretado lo sucedido entonces y acusa directamente a Cabeza de Vaca de haber mentido; es “sospechoso e inaudito,” acusa, que Cabeza de Vaca carezca de registro de seis años que supuestamente pasó en la región del interior continental, de los nueve años de su viaje; además le faltan nombres de tribus reconocibles, de lugares, de eventos, etc.

Pero eso no es todo, y esta es la acusación más grave y con mayor potencial de afectación histórica: “Cabe también la posibilidad de que Hernán Cortés se hubiese confabulado con estos supervivientes y contribuido para que contasen estas historias de las riquezas de Quivira y Cíbola y así poder burlarse de su competidor el virrey de México al ver la inutilidad de las expediciones que se emprendieron a continuación y que llegaron a tierras de lo que hoy es Kansas en Estados Unidos.”  

Y concluye Maura: “Estoy convencido, por lo tanto, de que la supuesta muerte de Esteban, fue utilizada por él y por sus amigos indios para que éste consiguiese su libertad y para que Fray Marcos no pasase adelante y descubriese el fraude de las Siete Ciudades.”

Sin embargo falló el intento. La mentira original de Cabeza de Vaca alimentó la ambición de Mendoza, y el crédulo Fray Marcos de Niza imaginó ver desde la distancia unas riquezas que hoy sabemos que nunca existieron, y eso le contó al Virrey. De esta manera, Mendoza organizó la expedición de Francisco Vázquez de Coronado, que se convirtió en uno de los grandes fracasos de la historia.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Kino en la Ciudad de México


Y así, llegó Eusebio Francisco Kino a la Nueva España en junio de 1681, cuando la fama de sus estudios le habían precedido, por lo que la élite intelectual novohispana lo recibió con los brazos abiertos. Además, la Duquesa de Aveiro le había enviado una recomendación del aspirante a misionero a su prima, la Virreina de la Nueva España, María Luisa Gonzaga, Condesa de Paredes.

La Ciudad de México se había convertido para entonces en el principal centro de expresión cultural de un naciente nacionalismo. Dentro de este escenario,es muy probable que haya sido Don Carlos de Sigϋenza y Góngora quien llevó a presentar a Kino ante Sor Juana Inés de la Cruz, Francisco de Florencia o Fray Agustín de Vetancourt y demás intelectuales novohispanos. El mismo Sigϋenza y Góngora nos cuenta cómo puso él en contacto a Kino con sus amigos novohispanos: “…por las noticias que corrían de ser eminentísimo matemático, estimulado del deseo insaciable que tengo de comunicar con semejantes hombres … me entré por las puertas de su aposento, me hice su amigo, lo llevé a mi casa, lo regalé en ella, lo introduje con mis amigos…”
Don Carlos de Sigϋenza y Góngora

Carlos de Sigϋenza y Góngora era para entonces uno de los más reconocidos sabios mexicanos. De la misma edad que Kino, ya que había sido bautizado cuatro días después que el futuro misionero, fue el segundo hijo del peninsular Carlos de Sigϋenza y Dionisia Suárez de Figueroa y Góngora, a su vez sobrina del Poeta español, Luis de Góngora. Para entonces era ya reconocida su trayectoria en el mundo de la ciencia, y actualmente se le reconoce entre los principales promotores de la ciencia y el nacionalismo mexicanos.

Sor Juana, que era pocos años menor que Kino y a la llegada del misionero a la Nueva España ya se había incorporado a la orden de las Jerónimas, para entonces se había convertido en una famosa poetisa. Francisco de Florencia, por otro lado, era veinticinco años mayor que Kino y al igual que él era jesuita; había llegado a México contemporáneamente a nuestro misionero y sería uno de los principales promotores del guadalupanismo mexicano. Finalmente, Fray Agustin de Vetancurt (una de las formas ortográficas de su apellido), de la misma edad que Florencia, era ya reconocido entonces por su "Arte de Lengua Mexicana," aunque otras obras suyas posteriores, como "Teatro mexicano," lo transformarían en uno de los principales mexicanistas.

Con Sigϋenza, Kino de inmediato intercambió información acerca de las observaciones del cometa que había visto en España. El sabio mexicano acababa de escribir una serie de libros en que negaba validez a la interpretación astrológica de los cometas como precursores de males y calamidades. Así, en enero de ese año de 1680 había publicado su “Manifiesto filosófico contra los cometas despojados del imperio que tenían sobre los tímidos,” y poco después su “Belerofonte Matemático contra la Quimera Astrológica.”

Lo que no sabía Sigϋenza, ni Kino le mencionó, era que el jesuita escribía por entonces un libro que llevaría por título “Exposición Astronómica de el cometa que el año de 1680…” en el que argumentaba precisamente lo contrario, que los cometas eran precursores de desastres. El mismo Sigϋenza nos cuenta cómo supo que los rumores que habían llegado a sus oídos de que esta publicación de Kino eran ciertos:   

“…vino a mis manos por las del reverendo padre, que me la dio con toda liberalidad un día que (como muchos otros lo hacía) me visitó en mi casa; y despidiéndose para irse aquella misma tarde a las provincias de Cinaloa, me preguntó que en qué me ocupaba entonces. Y respondiéndole que no tenía cosa particular que me precisase al estudio, me instó que en leyendo su libro no me faltaría que escribir y en que ocupar el tiempo con lo cual confirmé la verdad de los que me lo habían prevenido y me di por citado para el literario duelo a que me emplazaba…”

En el texto de su libro, Kino incluía algunos elementos que, cada uno por sí sólo, causarían el distanciamiento entre ambos personajes: estaba dedicado al Virrey, Conde de la Zerda, mientras que el “Manifiesto Filosófico” de Sigϋenza estaba dirigido a calmar a la virreina de temores infundados contra los cometas. Además, hay otros elementos en la “Exposición Astronómica” que han sido dejados de lado por los estudiosos. En primer lugar, siguiendo a las autorizaciones para su publicación, Kino incluye un poema anónimo que hace referencia al tema de la obra:

"Pues dexa el libro campo a elogios libre,
Más que por elección por congintencia:
Alto. Corra de Euterpe en la cadencia,
Libre del Sol, y el mar a el escarmiento,
De la feliz laguna al sacro río.
Y del Naguense Guadalupe al Tibre,
(A pesar del sagrado encogimiento
de su autor no elocuente,  mas que pio
Eusebio que felice piedad suena,
verde observancia o religión amena),
O crinito lucero la alta fama 
De la elocuencia, que peinó tu llama,
Huesped de nuestros ojos lunas quatro
Annuas porciones de distincto Henero,
De ochenta aquel, de ochenta y uno aqueste,
Util, como elegante passagero
Representaste quantos desengaños
A los futuros, y presentes años;
En tu papel celeste,
Quando de barba, quando de cabello,
Con mas, o menos vello
... 
De infortunios no origen, sino amago,
Si al fin te discurrió, no hayas sospecha,
De menos aceptable,
no de plausible menos;
Quando Hipocrita aziago
Entre los rayos de tu luz serena
A lo invisible solo formidable,
Bien qual grito sin voz, rayo sin truenos,
Feliz te contempló del arco flecha
De aquel inescrutable amor, que quiere
Muera ninguno, en fee, de que el no muere,
O qual favor en si, si acá sentencia
Del justo acuerdo de su amante audiencia,
Que el terco delinquir de los mortales
Intenta bienes, conminando males."

Hay quien le ha atribuido este poema anónimo a Sor Juana; pero además, partiendo del conocimiento de que en la obra la poetisa abundan los textos apologéticos dirigidos a los Virreyes de Nueva España y a sus esposas, esta obra de Kino contiene también una especie de prólogo escrito en una pluma que por su dominio del lenguaje y uso de alegorías literarias debió haber sido escrito por ella. En el mismo, por ejemplo, se hace referencia al nombre del Virrey, Tomás Antonio Manrique de la Zerda, miembro de la Casa de Medinacelli, en una parábola literaria comparándolo con la eclíptica celeste que cruza la mitad del cielo:

"puesto que la Augusta Zerda, que os renombra a un tiempo une, y estiende por tantos esclarecidos heroes, como os ascienden, en vuestra Real casa; mas esplendores que en las suyas el Zodiaco; Hermosa sobre galana similitud, a que se llega ser celeste, y vos Medina Coeli. Porque de la suerte que aquel circulo maximo entre los otros sus paralelos arabanca mas cielo, y abraza mas lucientes familias de aquel orbe, a causa de que la que llamamos Ecclípptica se contempla a la traza, o idea de una no menos dichosa que delicada hebra..."  

Sor Juana Ines de la Cruz
De cualquier manera, no hay duda de que la monja mexicana estuvo relacionada con la obra de Kino, ya que ella le compuso el siguiente poema en el que subraya específicamente lo que intepreta como racionalismo del jesuita en su obra sobre el cometa:


Aunque es clara del Cielo la luz pura,
clara la Luna y claras las Estrellas,
y claras las efímeras centellas
que el aire eleva y el incendio apura;
aunque es el rayo claro, cuya dura
producción cuesta al viento mil querellas,
y el relámpago que hizo de sus huellas
medrosa luz en la tiniebla obscura;
todo el conocimiento torpe humano
se estuvo obscuro sin que las mortales
plumas pudiesen ser, con vuelo ufano,
Icaros de discursos racionales,
hasta que el tuyo, Eusebio soberano,
les dió luz a las Luces celestiales.

Sigϋenza publicaría en 1690, cuando Kino ya estaba en Sonora, su “Libra Astronómica” en la que rebatía, uno por uno, los argumentos de Kino. Pero además, en este texto se refiere al poema publicado en el libro de Kino, “…no se rearguya con sonetitos sin nombre, ni se le pongan objeciones donde no se puedan satisfacer, sino publíquense por medio de la imprenta para que las podamos oir.”

Sor Juana, a su vez, publicaría un soneto dedicado a Sigϋenza en el que nos da a entender que en realidad no entendía muy bien el mensaje científico del sabio mexicano:

"no el sacro numen con mi voz ofendo,
ni al que pulsa divino plectro de oro
agreste vena concordar pretendo;
pues por no profanar tanto decoro,
mi entendimiento admira lo que entiendo
y mi fe reverencia lo que ignoro."

Los dos últimos versos de este soneto escrito por Sor Juana a Sigϋenza merecieron el siguiente comentario del erudito mexicano, Alfonso Méndez Plancarte, quien publicó sus obras completas:

"mi fe, no teológica, sino humana (o sea, aquí el acatamiento de la reconocida maestría del artífice), reverencia lo que ignoro: confía en que entrañará seguras bellezas, aun tal o cual pasaje que hurte su sentido a las primeras lecturas"... -No ironía (insospechable en la mutua y cordialísima estimación de Sor J. y Don Carlos), sino ilustre lección de respeto a quien lo merece." 

Sin embargo, después de conocer estos datos que Méndez Plancarte no tuvo a su alcance, no estoy tan seguro de que este soneto no haya tenido su vena irónica.

De cualquier manera, parece ser que el distanciamiento entre la Musa Mexicana y Sigϋenza no fue permanente, ya que en 1695 al erudito le tocaría pronunciar la oración fúnebre en ocasión del fallecimiento de Sor Juana. Sin embargo, el cisma abierto entre Sigϋenza y Kino no pudo ser reparado y en mi opinión sería causa de que, años después, Juan Matheo Manje no haya querido aceptar la peninsularidad californiana. Pero no debo adelantarme…

domingo, 12 de diciembre de 2010

La venida de Kino a América

Al concluir sus estudios y noviciado como Jesuita, Eusebio Francisco Kino se preparó para partir a la misión. Como una película en reversa, recorrió en sentido contrario a la cronología de sus estudios los lugares que había visitado durante su infancia y juventud. El 30 de marzo de 1678 salía de Oettingen, pasaba por Munich, y de allí a Hala para cruzar el Paso de Brenner y llegar a Trento, de donde se desvió para visitar por última ocasión Val di Non y el poblado donde había nacido, Segno, para despedirse de sus familiares.

Después reanudó su viaje y el 2 de mayo llegaba al puerto italiano de Génova. El 12 de junio zarpaban diecinueve jesuitas, y tras unos días pasados en Alicante llegaban a Cádiz, justo a tiempo de ver partir la flota que iba a América, que no los había esperado. Eso les obligó a esperar mientras se conseguía lugar en otro viaje al nuevo continente.

Mientras, Kino fue a Sevilla, en donde pasó el tiempo enseñando matemáticas y cartografía, y a finales de marzo de 1680 regresaba a Cádiz a preparar su partida. El 17 de julio, Kino y los demás jesuitas que esperaban una nave, abordaban el barco que partiría a la Nueva España, en donde unos se quedarían y otros seguirían a Filipinas y al lejano oriente. Pero el barco encalló y tuvieron que abandonarlo. Así, Kino regresó al colegio jesuita de Cádiz, a la enseñanza.

Durante estos seis meses de nueva espera, inició una relación epistolar con la Duquesa de Arcos y Aveiro (María de Guadalupe de Lancastre y Cárdenas 1630-1715), que vivía en Madrid. Perteneciente a una de las familias más ricas en España, era reconocida por sus actividades filantrópicas y de beneficio a la actividad jesuita en el Oriente. En una de sus cartas le contaba que en una apuesta que hizo con otro jesuita para determinar a dónde serían enviados, había perdido: iría a América aún cuando su aspiración era la misión en Oriente. Pero además, originada de esta contrariedad, le expresaba el germen de la idea que, no lo sabía aún, motivaría sus expediciones pimalteñas: la posibilidad, le decía, de utilizar a nuestra región como puente entre Europa y China.

La Duquesa de Aveiro

También de este periodo data su observación de un enorme cometa que empezó a ser visto en diciembre de ese 1680. Kino le escribiría a la Duquesa que lo veía como augurio de “muchas fatalidades…  calamidades para toda Europa… sequías, hambre, tempestades, terremotos, grandes desórdenes del cuerpo humano, discordias, guerras, muchas epidemias, fiebres, pestes y muertes…” Sin embargo, conforme fue transcurriendo diciembre, el cometa fue disminuyendo de tamaño sin que las calamidades profetizadas se hicieran realidad.

Y así llegó la oportunidad esperada para viajar a la Nueva España; el 27 de enero de 1681 partía de Cádiz en el navío de aviso San Fernando, cuyo capitán y dueño era Juan Bermudo. En el registro del barco, debido a que la Corona Española establecía restricciones al número de misioneros no españoles que podían ir a América, el nombre de los jesuitas que iban fue modificado, hispanizándolos. Así, su nombre aparece como Eusebio Chávez, y su descripción es la siguiente: “Natural de Córdoba, 21 años. Buen cuerpo. Moreno. Pelo negro ensortijado,” Es decir, una descripción que en nada se parecía al físico de nuestro jesuita. 

De la monotonía de su viaje, Kino no dejó una crónica, aunque contamos con la del grupo de jesuitas que le precedió y que podemos aplicar a su caso: Cada mañana, “muy temprano, un soldado despertaba al capitán y le pedía permiso para cambiar la guardia nocturna, se tocaba un tambor y disparaban dos rifles.  Se despertaban los marineros y soldados y se elevaban las velas. Luego seguía la misa o al menos una plegaria matutina. A las nueve, una campana anunciaba el desayuno… después del desayuno, se servía chocolate para quien lo quisiera, y después los pasajeros hacían lo que querían… A las cuatro de la tarde se cenaba, y después de la puesta del sol se daba la señal de la oración nocturna.”

Después de 96 días de travesía marina, el 3 de mayo de 1681 nuestro misionero llegaba a Veracruz, y en junio, dos meses antes de cumplir los 46 años y tres años después de partir de Oettingen, tras remontar el paso entre los volcanes, Eusebio Francisco Kino alcanzó a ver la que con el paso de los años sería calificada como “región más transparente,” la Ciudad de México, capital de la Nueva España.