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lunes, 12 de diciembre de 2011

El Verdadero Significado de la Obra de Kino


En un erróneo afán por ensalzar  la obra de Eusebio Francisco Kino, se ha sostenido que introdujo la agricultura, la ganadería o ambas, ya sea a la Pimería Alta o a Sonora. Este es un desliz de apreciación histórica que de ninguna manera debe de desmerecer la obra del misionero.

Veamos, primero, la inexactitud de esta atribución a través de algunos ejemplos: años antes del arribo de Kino a la Pimería, cuando éste aún se encontraba en Europa, ya se extendía un rancho ganadero por las praderas cercanas al actual San Lázaro. El mismo Juan Matheo Manje, compañero militar de Kino en sus exploraciones, nos dice que allí “antiguamente, tubo en este puesto Juan Martín Bernal, español, una estancia de ganado vacuno y cavalladas de más de 6 mill cavesas…”  Además, también José Romo de Vivar tuvo otro rancho ganadero en el mismo lugar, años después. Finalmente,  Munguía Villela de igual forma tuvo otro rancho ganadero en las cercanías de donde años después Kino establecería su misión de Santa María (actualmente Santa Cruz).

Por eso es que si buscamos el significado real de la herencia de Kino, debemos entender primero que en la Pimería Alta se realizó el último esfuerzo de expansión del imperio Español y de evangelización en el Noroeste de la Nueva España. Las misiones establecidas por el misionero definieron, desde entonces, una frontera.

Durante aquellos años fue frontera entre la civilización europea y el mundo de los “gentiles” como se les conocía a quienes no habían recibido el bautismo. Fue frontera entre la región de habla hispana y las rancherías en donde se expresaban utilizando algún idioma nativo; frontera entre lo europeo y lo nativo;  frontera entre donde se practicaba el catolicismo y las religiones nativas.

Y así pasaron los años, y el impulso desarrollador de Kino con el paso del tiempo se fue convirtiendo en el último que intentó incorporar más regiones del noroeste bajo la égida del Imperio Español. No hubo intentos posteriores para llevar los límites del Imperio Español más allá. Y así fue cómo, cuando surgió Estados Unidos y se firmaron primero los Tratados de Guadalupe-Hidalgo y La Mesilla después, esta frontera cambió su significado al de una zona limítrofe entre dos naciones: entre México y los Estados Unidos.

Así fue cómo la antigua Pimería Alta se convirtió en la frontera entre los pueblos en donde predominaban los parlantes del idioma Español y aquellos en donde el Inglés imperaba; entre los pueblos católicos y los protestantes; entre las costumbres gregarias nuestras y las austeras del anglosajón.

Frente a esta situación, podemos muy bien hacernos la pregunta: ¿Qué habría pasado entre nuestras dos naciones si Kino no hubiera llegado a la Pimería Alta? Y tenemos que la respuesta es sencilla: tal vez el Imperio Español habría llegado a colonizar a esta región aunque, de seguro, lo habría logrado años más tarde de cómo sucedió. Así se habría colonizado la Pimería Alta cuando las condiciones geopolíticas eran ya diferentes, cuando el Imperio Español se encontraba en franca decadencia y toda Iberoamérica estaba más cerca de su independencia.

Y en lo internacional, en caso de que se hubiera dado, la conquista de la Pimería Alta por España, ésta habría ocurrido cuando la nación vecina se encontraba en franco proceso de expansión. Hay que recordar que Estados Unidos promulgó su independencia en 1776, casi una década después de la expulsión de los Jesuitas de los dominios españoles y ocho años después de que fueran reemplazados por los Franciscanos en 1768. Y aquí hay que recordar que no es coincidencia que el afán expansionista estadounidense únicamente se vio frenado aquí, en esta región.

¿Qué significa todo ésto? Pues sencillamente quiere decir que el legado de Kino se encuentra en la geografía política y no en la introducción o no de la ganadería o agricultura a la región. Debemos entender que, gracias a Kino, la frontera entre México y los Estados Unidos es como la conocemos hoy. Gracias a Kino, en esta región se habla Español y la religión tradicional es el catolicismo, gracias a él existe, aquí, una cultura que constituyó una barrera infranqueable para la penetración anglosajona. Y también, gracias a Kino, cuyo  afán de vida fue encontrar un camino por tierra que comunicara Sonora con Baja California, años después, cuando se discutía la frontera actual entre nuestras naciones, México se negó a aceptar una frontera que no permitiera la comunicación por tierra con Baja California. Por eso existe ese curioso ángulo en la frontera que permite la comunicación directa entre Sonora y Baja California



domingo, 13 de noviembre de 2011

Kino escribe Favores Celestiales



El otro libro, aparte del de Manje que cubrimos en el artículo anterior, que también nos hace la crónica de las expediciones en la Pimería Alta de Eusebio Francisco Kino, fue escrito por el misionero y lleva, completo, el larguísimo título, como era costumbre entonces, de:“Favores Celestiales de Jesús y de María Santísima y del gloriosísimo apóstol de las Indias, San Francisco Xavier, experimentados en las nuevas conquistas y nuevas conversiones del nuevo reino de la Nueva Navarra de esta América septentrional incógnita y paso por tierra a la California, en treinta y cinco grados de altura, con su nuevo mapa cosmográfico de estas nuevas y dilatadas tierras, que, hasta ahora habían sido incógnitas, dedicados a la Real Majestad de Felipo V, muy católico rey y gran monarca de las Españas y de las Indias,” aunque actualmente lo conocemos simplemente como “Favores Celestiales.” 

Felipe V de España
En su dedicatoria al Rey Felipe V, primer rey Borbón de España y sucesor de su último rey Habsburgo, Kino le propone que a toda esta región se le llame la Nueva Filipinas en su honor, haciendo derivar este nombre del de Felipe; ésto en segundo caso, ya que “si no es que vuestra real Majestad más guste … que estas nuevas conquistas … se decoren con el nuevo título de la Nueva Navarra … pues este nuevo reino de la Nueva Navarra americana podrá reunir otros más nuevos reinos cercanos que se están conquistando con los reinos ya conquistados, según y como el reino de la Navarra europea intermedia y une las coronas y reinos de Francia y España.“

Es decir, y empleando nuestro vocabulario moderno, le planteaba al rey que la Pimería Alta podía llamarse Nueva Navarra en recuerdo de Navarra, situada entre España y Francia, ya que Navarra había sido el origen de las nuevas  dinastías borbónicas, tanto francesa como española. En primer lugar, porque en Pau, Navarra,  había nacido Enrique IV de Francia,  primer rey Borbón de Francia; y en segundo, ahora también España se incorporaba a la dinastía borbónica con el ascenso de un tataranieto de Enrique IV al trono español, Felipe V.

Enrique IV de Francia
Pero además, esta referencia de Kino era halagueña en otro sentido a los oídos del primer rey borbón español, ya que también le hacía recordar los esfuerzos globalizantes de su tatarabuelo Enrique III de Navarra y IV de Francia, debido a que al igual que Enrique IV  había impulsado el comercio francés con el Lejano Oriente, ahora Felipe V de España podía convertir a la Pimería Alta en puente comercial entre Europa y Asia.  

Kino escribiría otras obras más, unas conocidas nuestras y otras más que se han perdido y tal vez se encuentren traspapeladas en algún archivo. Entre las primeras está su crónica de la vida del Padre Saeta, mártir de Caborca, que conocemos como “Inocente, Apostólica y Gloriosa Muerte;” así como el otro texto, el único que fuera impreso en vida del misionero y que causara el enojo de Don Carlos de Sigüenza, y que conocemos como “Exposición Astronómica de el cometa…”  Pero hubo otros manuscritos más de nuestro misionero que hoy han desaparecido, aunque Kino los señala. Entre éstos se encuentra el que menciona en una carta escrita en febrero de 1702: “El tratado de la California Baja, intitulado Novae Carolinae, porque con los tan católicos gastos de Don Carlos II se emprendió esa conquista, ya está escrito.” Además, en la dedicatoria de Favores Celestiales escribió lo siguiente: “Otro pequeño tratado intitulado “Manifiesto Cosmográfico de que la California no es isla sino península, y continuamente con esta Nueva España, acabándose el seno califórnico en 35 de altura,” lo acabo de escribir, y, con su mapa, lo remito a México al Padre Provincial Juan de Estrada, que su reverencia me lo pide.” De este otro texto tampoco se conoce su paradero.

Tanto en el título de Favores Celestiales como en las diversas menciones que hace en su texto de la unión entre Sonora y Baja California, originalmente Kino había escrito que su latitud se encontraba en los 32 grados, lo que se acerca a la realidad, ya que fallaba apenas en unos 40 Km. Sin embargo, algún suceso desconocido de nosotros ocurrió durante los últimos años de la vida del misionero, hecho que le llevó a cambiar esa latitud, tachándola en todas las ocurrencias del manuscrito y la reemplazó por 35 grados; es decir, un error de aproximadamente 360 Kilómetros.

Favores Celestiales es un libro que carece de cohesión histórica, porque fue escrito con la meta de publicitar lo logrado en las misiones y para conseguir más misioneros. Consta de cinco partes, la primera escrita a fines de 1699, comprende hasta ese año; la segunda cubre hasta los sucesos de 1702 y la tercera hasta 1704. La cuarta parte cubre hasta finales de 1706, aunque fue dedicada en 1708; y finalmente, la quinta parte fue dedicada en 1710, o sea un año antes de la muerte del misionero, y aunque originalmente no se planeaba su inclusión en Favores Celestiales, finalmente sí lo fue, mientras que el libro no conocería la imprenta sino hasta el siglo XX, primero cuando Herbert Eugene Bolton lo publicó en Inglés en 1919, y después en Español con la edición de 1923, que fuera iniciada en 1913 por Francisco Fernández del Castillo.

Esta es la herencia textual de Eusebio Francisco Kino, es la crónica de sus logros y de sus afanes, es la manifestación de los procesos mentales de aquel misionero que, formado académicamente en Europa, había sido destinado a nuestra región para incorporarla al catolicismo así como a la fórmula de existir de este ser humano mestizo, moderno, fronterizo.

domingo, 9 de octubre de 2011

¿Un barco entre Sonora y California?

El misionero Eusebio Francisco Kino se encontraba frente a otra opción promovida por el Padre Juan María Salvatierra, quien después de acompañarlo al delta del Colorado en 1701 y conocer personalmente el desierto sonorense decidió fundar el puerto de San José de Guaymas para abastecer marítimamente las misiones califórnicas en vez de la ruta por tierra, de la ruta del desierto que promovía nuestro misionero.

Esta iniciativa de Salvatierra, que tal vez como premio por su iniciativa había sido nombrado Provincial Jesuita para el trienio 1704-1707, cambiaba los planes de Kino, quien para estar en armonía con el proyecto de Salvatierra decidió encontrar otra ruta hacia California por mar, no por tierra, y así cambió su objetivo. El 19 de enero de 1706 partía, acompañado del Padre Gerónimo Minutuli hacia el al suroeste a recorrer la costa de Caborca, que era región de transición entre Pimas y Seris.

Ruta de la expedicion de Kino en Enero de 1706
De esta manera, según nos narra Kino: “fue Dios servido que juntamente descubrimos … de este seno de la mar de la California una isla grande, que tendrá como tres leguas de ancho de oriente a poniente, y como siete u ocho leguas de largo de Norte a Sur, y no distaba  de esta tierra firme o costa que como seis o siete leguas.”  Ese texto nos dice que no la identificó como la misma que habían divisado desde el lado sur al inicio de su labor apostólica en la Pimería Alta hacía 21 años; de cualquier manera, hoy sabemos que indudablemente se trató de la Isla del Tiburón. No hay otra en la región con dimensiones que se aproximen a esas que, también erróneamente, le asignó, ya que es aún más grande, porque una legua equivale a unos 4 KM.

Pero eso no fue todo: “… Al rumbo de noroeste de esta referida isla … en distancia como de tres leguas, el día siguiente, 22 de enero, desde un altillo descubrimos muy patentemente otro grande pedazo de tierra, al parecer califórnica, y aunque estuvimos con alguna duda de si ella sería también isla, o si sería tierra contigua y continuada o continente con la misma California, nos persuadimos ésta sería aquella puerta de la California que … se extiende mucho hacia el oriente… y vimos que no distaba de nosotros más que como nueve o diez leguas” Ese trozo de tierra que alcanzaron a divisar en lontananza debió ser la Isla Angel de la Guarda, que se encuentra como a 75 Km (unas 19 leguas) del punto de donde la atisbaron.

Juan de Ugarte
De cualquier manera, de inmediato Kino asoció la proximidad de esas tierras con la posibilidad de utilizarlas como estaciones intermedias para abastecer las misiones califórnicas, y así renació su proyecto de construcción de un barco en Sonora. Vino después una serie de cartas entre nuestro misionero y otro gran Jesuita de la obra misionera en California, Juan de Ugarte, quien ya había disuadido a Salvatierra cuando éste quiso desmantelar el esfuerzo misional en California durante la época más difícil del avance califórnico y ahora lo había suplido como Rector de California. El era el más indicado para colaborar con Kino para establecer una nueva ruta de abastecimiento hacia California.

Años después, Ugarte construiría el primer barco hecho en California y realizó algunos viajes exploratorios a lo largo de la, hoy sabemos, península. Sin embargo, entonces estaba convencido de que era incosteable construir uno y trató de disuadir a Kino contra su proyecto de hacer uno en Sonora: “me es preciso prevenir a V.R. como quien tiene a mucha costa experiencia de barcos… Digo, pues, que aunque V.R. tenga maderas y tenga gentes y aún oficiales para fabricar; aunque hubiera hierro, velas, cables, estopa, brea y en la playa buen bole para arrojar al agua el lanchón…” sería mejor “…comprar una lancha hecha, con anclas, cables y velas; ahorrarán más de la mitad del gasto y, lo mas preciso o más precioso, el tiempo.”

Sin embargo, Kino no hizo caso, ya tenía adelantado su barco: “Con el favor del cielo, no tendremos particular dificultad, pues tengo aquí, en casa, en este pueblo de Nuestra Señora de los Dolores, la mayor parte de las maderas labradas para un barquillo acuartelado, que con unas buenas mulas de recuas con facilidad, con los demás tablones que tengo en Nuestra Señora de la Concepción del Caborca,  ya muy cerca de la mar, las podremos llevar hasta las orillas de este seno…”

Un madero en un dintel de las ruinas de la mision de Cocóspera
Pasarían los años, y esa idea que germinaba entonces en la mente de nuestro quijotesco misionero no lograría ver su fruto. Jamás se logró atravesar el desierto sonorense jalando los maderos de ese barco.  Esa hubiera sido una imagen icónica que actualmente representara la ideología norsonorense, imagen que tal vez, quizás tal vez, hubiera transformado la historia de nuestra región.

Pero en cuanto al destino que tuvieron aquellos maderos, quién sabe en dónde hayan quedado, tal vez en alguna fogata para calentar alguna noche invernal sonorense, tal vez como dintel de alguna puerta o alguna ventana en algún edificio...

De esa idea sólo nos quedó la huella de la tinta esparcida por una pluma de ave sobre un papel, la que ha servido para informar a este artículo.

 

lunes, 3 de octubre de 2011

El ritual de la peregrinación anual a Magdalena

En el anterior artículo de esta serie traté sobre las raíces prehispanas  de la peregrinación anual a Magdalena. Actualmente, esta peregrinación ocurre anualmente al aproximarse el 4 de octubre, temporada que anuncia el cordonazo de San Francisco, cuando se presentan los huracanes que auguran la madurez de la naturaleza y el inicio de su periodo de latencia, cuando cambia precisamente en estas fechas el clima regional, de caluroso a templado y a frío. Así,  vemos a miles de peregrinos acudir a Magdalena desde toda la región: del suroeste estadounidense y del noroeste mexicano. Lo mismo nogalenses que del río de Sonora o de otras regiones; igualmente indígenas Ojódam (o pápagos) que Yaquis o de otras etnias; ya sea mestizos mexicanos o estadounidenses. Unos a pie, otros en autos o bien en cabalgatas. Son peregrinaciones que pueden durar menos de un día o, dependiendo de la distancia que los separa de Magdalena, hasta tres o cuatro.

Una cabalgata procedente de Arizpe, el 2010, saliendo del rancho Agua Fría
Las razones que han motivado estas peregrinaciones han variado a través del tiempo. Mientras que en lo prehispano tuvieron un ingrediente ideológico asociado con el comercio de la concha, como vimos en el artículo anterior, para cuando se da el contacto europeo con lo indígena, el motivo ideológico se había asociado a los periodos vitales anuales de la naturaleza, a la época de cosecha del maíz y de los demás vegetales propios de la temporada. Esto lo festejaban los nativos con borracheras de tesgüín (el fruto principal de la temporada, el maíz, era fermentado y convertido en un propiciador de la comunicación con el más allá) y así agradecían los frutos que habían cosechado durante ese año. Esa es, para empezar, la razón por la que se realiza la caminata precisamente en esta temporada.

Desayunando durante una cabalgata el 2010
Además, y en particular pasando por la región de Magdalena, desde tiempos inmemoriales debió haber otras peregrinaciones importantísimas de las que se desconocen sus  detalles, aunque nos quedaron sus vestigios. Una, ya mencionada antes, fue la de la concha destinada a Paquimé, Chihuahua.

Uno de los hornos de pedernal que se encuentran cerca de Magdalena
Pero hubo, además, otras que estuvieron relacionadas con la recolección del pedernal para fabricar herramientas. Este mineral aflora naturalmente hacia el este de Magdalena, y en esa región podemos encontrar sitios arqueológicos con hornos donde se despedazaba el pedernal utilizando el fuego, que posteriormente era comercializado hacia otras regiones, ya que en los sitios arqueológicos del Norte de Sonora se pueden encontrar esas rocas prcisamente. Igualmente nos encontramos en esos contornos literalmente con centenares de almacenes para guardar quién sabe qué (y de los cuales hasta pinturas nos heredaron los indígenas). Finalmente, encontramos por allí manifestaciones de un culto asociado con la lluvia, ya que en las rocas de la comarca  podemos también ver unas curiosas serpientes grabadas en la piedra que servían para conducir y recolectar el agua de la lluvia en rituales religiosos hoy olvidados aunque,  por esos vestigios, sabemos que los hubo.

Un alto en el camino durante la cabalgata anual de Arizpe a Magdalena
Y vinieron los europeos, y encontraron rituales indígenas relacionados con la temporada de madurez cíclica de la naturaleza.  Y los misioneros Jesuitas, como Eusebio Francisco Kino, intentaron imponer el calendario religioso cristiano sobre el calendario ideológico prehispano. Entre otras, su fecha más importante, el 3 de diciembre, aniversario de la muerte de San Francisco Xavier, fundador Jesuita y patrono de Kino, de quien hasta el nombre adoptó. Sin embargo, los indígenas no entendieron ese cambio, ¿Porqué celebrar la naturaleza en diciembre, cuando el frío invernal impera sobre la región y ésta se encuentra en su periodo de latencia? De cualquier manera, como otro ingrediente ideológico más de la peregrinación actual, de esa época nos quedó el culto al santo acostado, a San Francisco Xavier.

Después, los Jesuitas fueron reemplazados en 1768 por la Orden de los Franciscanos, cuyo fundador, San Francisco de Asís, también es el Santo Patrón de los Animales y del Medio Ambiente. Pero además sucede que el santo murió un 3 de octubre y la Iglesia lo conmemora el día siguiente. Y así ocurrió que los indígenas percibieron que la conmemoración principal de los Franciscanos coincidía con la propia; es decir, se honraba a San Francisco cuando ellos celebraban el fin del ciclo anual de vida de la tierra con sus borracheras, y así se sincretizaron en ese día la conmemoración cristiana y la indígena asociada con el culto a la tierra. De esta manera se conservó el culto a San Francisco Xavier, pero venerado el día en que el santoral católico recuerda a San Francisco de Asís. de esta manera surgió otro ingrediente más de la conmemoración.

En 1832 la iglesia actual de Magdalena fue concluida y dedicada para recibir a miles de indígenas, Pimas y Pápagos. Para entonces, este evento anual en Magdalena era ya una tradición establecida, lo que llevó a que en Magdalena fuera establecida en 1862 una feria anual, ocasión que les daba a los indígenas la oportunidad  de acudir allí a adquirir productos, que en su mente era vista con reminiscencias de sus antiguas peregrinaciones por la concha, por la sal marina. Pero además, a los criollos y mestizos la feria les dio la oportunidad de acudir también a las fiestas, no haciendo Mandas como actualmente sino a celebrar a San Francisco.  Y así se incorporó el elemento comercial a la festividad magdalenense moderna.

Pasaron los años, y al ser descubiertos en 1966 los restos del misionero Eusebio Francisco Kino, su veneración se agregó a estos rituales. Actualmente, al aproximarse la fiesta anual de Magdalena, la plaza se llena de puestos de alimentos que evocan la feria establecida en el siglo XIX, mientras que miles de peregrinos, muchos de ellos todavía indígenas, aunque la mayoría son mestizos, llegan procedentes de Arizona y de Sonora buscando, los primeros revivir sus antiguas tradiciones y los segundos, a través de ese sacrificio, que una petición personal  les sea cumplida por la deidad, sea ésta  San Francisco (de Asís o Xavier), Juan Soldado o San Judas Tadeo.

La cabalgata procedente de Arizpe, llegando a Magdalena el 2009




domingo, 18 de septiembre de 2011

Tiempos de redefiniciones

Ya rebasaba los once lustros de vida, edad muy avanzada para esa época, y Kino se daba cuenta de que debía asegurar lo logrado. Mucho había luchado para desarrollar la Pimería Alta y determinar la peninsularidad californiana, aunque a últimas fechas las circunstancias se habían conjugado para impedirle seguir avanzando en su proyecto de comunicar por tierra a Sonora con California. Todo había iniciado con la remoción, en marzo de 1701, de Domingo Jironza Petriz de Cruzat como Alcalde Mayor de la Provincia de Sonora, y su sustitución por Jacinto Fuensaldaña, a quien Don Francisco Almada describe como quien: “introdujo a Sonora  los principios de la concusión, la mordida y el prevaricato…”

Este reemplazo había bloqueado el apoyo que Jironza le había dado a la labor misionera en la Pimería Alta con el nombramiento de su propio sobrino, Juan Matheo Manje y Cabero, como Teniente de Alcalde Mayor en la Pimería Alta, lo que a la vez impidió que el militar siguiera acompañando a nuestro misionero en sus viajes exploratorios para dar fe de lo logrado.

De cualquier manera, al no poder continuar sus viajes para encontrar una ruta por tierra hacia California, Kino se había dedicado a construir en la Pimería Alta nuevas iglesias y a reconstruir las que habían sido destruidas por los asaltos indígenas. Así había sucedido con las de Remedios y Cocóspera. En Remedios, sus dos capillas “están dedicadas, la una a nuestro Padre San Ignacio, y la otra, al Glorioso Apóstol de las Indias, San Francisco Javier; y de las dos capillas de Cocóspera, la una es de Nuestra Señora de Loreto, y la otra de San Francisco Javier. Cada una iglesia, sobre los arcos de sus dos capillas que forma el crucero, tiene su alto cimborrio, y cada cimborrio tiene, en medio y en lo alto, su vistosa linternilla.”  Ambos templos, cabe agregar, hace ya mucho tiempo que desaparecieron, ya que las ruinas que el viajero encuentra actualmente en la carretera enctre Imuris y Cananea son de un templo más tardío, construido por los Franciscanos un siglo después que el original.


Ruinas del templo de Cocóspera

Pero a pesar de esta fiebre constructora, Kino no abandonó totalmente su vocación exploradora y la oportunidad de ejercerla no tardó en presentársele. Para diciembre de 1703 llegaba a la Pimería el Padre Gerónimo Minutuli, y Kino fue a Opodepe a recibirlo y llevarlo a su misión, Dolores, para de allí a la que sería su misión, Tubutama, en donde  sustituiría al Padre Iturmendi. Luego regresó a Dolores y se preparó para ir a Guaymas, el enclave califórnico construido por el Padre Salvatierra en Sonora después de regresar acompañando a Kino en 1701, cuando Salvatierra, un misionero más pragmático que Kino, se dio cuenta de que el proyecto de Kino de abastecer con ganado sonorense a California era irrealizable porque se interponía en esa ruta el desierto de Sonora.

Así fue cómo Salvatierra había decidido promover la idea de comunicar a Sonora con California a través del mar. Tal vez esa acción de Salvatierra contribuiría a que fuese nombrado Provincial Jesuita en Nueva España para el trienio 1704 al 1707, concluido el cual regresó a sus amadas misiones califórnicas; tal vez también en noches de insomnio, Kino recordaría su bloqueado viejo proyecto de construir un barco en Caborca para comunicar a Sonora por mar con California, en vez de tener que atravesar a pie una de las regiones más inhóspitas del mundo buscando llevar ganado a California.

De cualquier manera, Kino fue a Guaymas a hablar con el padre Francisco María Pícolo acerca de cómo abastecer mejor a las misiones califórnicas. De esta manera, un nuevo reto se le presentaba a su vocación de explorador e inaugurador de rutas: encontrar un nuevo camino desde la Pimería a Guaymas, ya que el existente entonces hacía un rodeo: seguía el río Sonora hasta Ures y de allí, continuando al oeste de la actual carretera, pasaba por Mátape para llegar al puerto. En vez de esa ruta, Kino siguió cauce abajo por el río San Miguel hasta llegar a Pitic (actual Hermosillo), y desde allí continuó más o menos por la vía férrea que comunica actualmente la capital sonorense con Guaymas. Es decir, un camino más corto y directo que el usual.


La ruta antigua a la derecha, y la nueva, abierta por Kino, a la izquierda


Una vez habiendo llegado al estero en donde se hallaba la misión establecida por Salvatierra, y que actualmente se ubica en San José de Guaymas, Kino y Pícolo se entrevistaron y nuestro misionero tuvo ocasión de bautizar a buen número de indígenas: “… pues los más hablaban la lengua pima y eran pimas, como los de esta dilatada Pimería que el padre rector Adamo Gilg solía llamar la Pimería Alta…”

Después, regresando a Dolores, Kino tuvo que hacerle frente a una sucesión de falsos rumores de que los indígenas amenazaban con levantarse en armas contra la penetración hispana. Los promovían peninsulares que buscaban, en la contienda entre dos modelos de desarrollo regional, que predominara no el modelo misional sino el laico.

lunes, 14 de marzo de 2011

La herencia de Kino

Este 15 de marzo conmemoramos el tricentenario de la muerte de Eusebio Francisco Kino. Aprovechando la ocasión, altero la temática de la serie de artículos que escribo en su honor para analizar el significado que tuvo y tiene la labor del misionero para nosotros, y encuentro que su principal legado ha sido en la dimensión geopolítica.

Sería interesante intentar revivir con la mente del escritor lo que pasó por la mente de los fieles que asistían aquella noche, un año antes de cumplir un cuarto de siglo de haber llegado Kino, durante la dedicación de la capilla magdalenense, y que vieron cómo el misionero se empezó a sentir mal mientras ofrecía el sacrificio de la misa. Tal vez alguno haya pensado que ese momento, que esa noche no trascendería más allá de las penumbras que definían las lámparas y velas al iluminar el ritual cristiano.

Sería interesante reconstruir el día siguiente, cuando al llegar las luces del nuevo sol, los magdalenenses supieron que el misionero había fallecido durante la noche. Y después, en su funeral, tal vez alguno pensó que al enterrarlo “al lado del evangelio donde caen la segunda y tercera silla” de la capilla que había dedicado el día anterior, que todo terminaba, que todo seguiría inalterado y que su legado se había hecho polvo, se había hecho nada. Pero no fue así, su herencia permanece viva, aún cuando para la mayoría de los sonorenses, de los pimalteños, se diluye en confusiones.

En primer lugar, debo aclarar que Kino no fue quien introdujo la ganadería, ni a Sonora ni a la Pimería Alta. Medio siglo antes de la llegada de nuestro misionero a esta región, en Mátape el Padre Daniel Angelo Marras sostenía enormes hatos ganaderos; e igualmente aquí en la Pimería Alta, donde actualmente se encuentran San Lázaro y Santa Cruz, algunos civiles se dedicaban ya a la ganadería cuando Kino nació a mediados del siglo XVII y aprovechaban las praderas aledañas al río Santa Cruz para criar ganado. Y al igual que con la ganadería, se puede uno extender y concluir lo mismo sobre la agricultura. Esto, de ninguna manera, constituye un menoscabo a la labor pionera de Eusebio Francisco Kino, aunque sí nos indica que la orientación del reconocimiento de su obra ha estado equivocada.

Intentando aclarar el error, ahora dedico este espacio a reconocer su verdadera herencia, aunque únicamente me alcanza el espacio para mencionar los principales logros de ese misionero que nació fronterizo (europeo), que vivió fronterizo (en la Pimería Alta) y que nos dejó una frontera ideológica que en Magdalena ha encontrado su mejor expresión contemporánea.

En primer lugar, tenemos que Kino inició aquí una cultura católica, una cultura cristiana muy nuestra, muy sui géneris, tanto en Sonora como Arizona, la que anualmente aflora en el rito anual magdalenense en el que nuestro sincretismo religioso tiene su máxima expresión regional.

Además, la nación mexicana le debe a Kino haber sido el primero y hasta hoy el único a quien se le ocurrió utilizar a la antigua Pimería Alta como puente económico entre Europa y Asia, y que bajo ese argumento promovió el conocimiento europeo, la incorporación a la historia, la fijación en un texto de nuestra región y de California: nos puso en el mapa, pues. Así salvó este espacio para el imperio español. De no haber sido por lo que Kino logró en sólo una vida, otros exploradores, otras naciones habrían llegado a nuestra región y, después de atestiguar su potencial estratégico, la habrían asimilado como parte propia.

Y para la nación vecina, también gracias a Kino la región que constituye actualmente Arizona vive en la dualidad, mejor dicho en la trinidad de diferentes culturas: la indígena, la mexicana y la anglosajona; basta una visita dominical a San Xavier del Bac para verificarlo. La fórmula del borrón y cuenta nueva que se aplicó en el resto del territorio estadounidense al aniquilar a los grupos humanos preexistentes, en Arizona no se usó sino que se les intentó incorporar a una sociedad mestiza.

Es decir, gracias a Kino el Norte de Sonora y el Sur de Arizona comparten una historia y una cultura común, una sola vocación: la utilización del espacio geográfico en la realización de una fórmula alternativa de lo que es ser frontera.