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lunes, 12 de diciembre de 2011

El Verdadero Significado de la Obra de Kino


En un erróneo afán por ensalzar  la obra de Eusebio Francisco Kino, se ha sostenido que introdujo la agricultura, la ganadería o ambas, ya sea a la Pimería Alta o a Sonora. Este es un desliz de apreciación histórica que de ninguna manera debe de desmerecer la obra del misionero.

Veamos, primero, la inexactitud de esta atribución a través de algunos ejemplos: años antes del arribo de Kino a la Pimería, cuando éste aún se encontraba en Europa, ya se extendía un rancho ganadero por las praderas cercanas al actual San Lázaro. El mismo Juan Matheo Manje, compañero militar de Kino en sus exploraciones, nos dice que allí “antiguamente, tubo en este puesto Juan Martín Bernal, español, una estancia de ganado vacuno y cavalladas de más de 6 mill cavesas…”  Además, también José Romo de Vivar tuvo otro rancho ganadero en el mismo lugar, años después. Finalmente,  Munguía Villela de igual forma tuvo otro rancho ganadero en las cercanías de donde años después Kino establecería su misión de Santa María (actualmente Santa Cruz).

Por eso es que si buscamos el significado real de la herencia de Kino, debemos entender primero que en la Pimería Alta se realizó el último esfuerzo de expansión del imperio Español y de evangelización en el Noroeste de la Nueva España. Las misiones establecidas por el misionero definieron, desde entonces, una frontera.

Durante aquellos años fue frontera entre la civilización europea y el mundo de los “gentiles” como se les conocía a quienes no habían recibido el bautismo. Fue frontera entre la región de habla hispana y las rancherías en donde se expresaban utilizando algún idioma nativo; frontera entre lo europeo y lo nativo;  frontera entre donde se practicaba el catolicismo y las religiones nativas.

Y así pasaron los años, y el impulso desarrollador de Kino con el paso del tiempo se fue convirtiendo en el último que intentó incorporar más regiones del noroeste bajo la égida del Imperio Español. No hubo intentos posteriores para llevar los límites del Imperio Español más allá. Y así fue cómo, cuando surgió Estados Unidos y se firmaron primero los Tratados de Guadalupe-Hidalgo y La Mesilla después, esta frontera cambió su significado al de una zona limítrofe entre dos naciones: entre México y los Estados Unidos.

Así fue cómo la antigua Pimería Alta se convirtió en la frontera entre los pueblos en donde predominaban los parlantes del idioma Español y aquellos en donde el Inglés imperaba; entre los pueblos católicos y los protestantes; entre las costumbres gregarias nuestras y las austeras del anglosajón.

Frente a esta situación, podemos muy bien hacernos la pregunta: ¿Qué habría pasado entre nuestras dos naciones si Kino no hubiera llegado a la Pimería Alta? Y tenemos que la respuesta es sencilla: tal vez el Imperio Español habría llegado a colonizar a esta región aunque, de seguro, lo habría logrado años más tarde de cómo sucedió. Así se habría colonizado la Pimería Alta cuando las condiciones geopolíticas eran ya diferentes, cuando el Imperio Español se encontraba en franca decadencia y toda Iberoamérica estaba más cerca de su independencia.

Y en lo internacional, en caso de que se hubiera dado, la conquista de la Pimería Alta por España, ésta habría ocurrido cuando la nación vecina se encontraba en franco proceso de expansión. Hay que recordar que Estados Unidos promulgó su independencia en 1776, casi una década después de la expulsión de los Jesuitas de los dominios españoles y ocho años después de que fueran reemplazados por los Franciscanos en 1768. Y aquí hay que recordar que no es coincidencia que el afán expansionista estadounidense únicamente se vio frenado aquí, en esta región.

¿Qué significa todo ésto? Pues sencillamente quiere decir que el legado de Kino se encuentra en la geografía política y no en la introducción o no de la ganadería o agricultura a la región. Debemos entender que, gracias a Kino, la frontera entre México y los Estados Unidos es como la conocemos hoy. Gracias a Kino, en esta región se habla Español y la religión tradicional es el catolicismo, gracias a él existe, aquí, una cultura que constituyó una barrera infranqueable para la penetración anglosajona. Y también, gracias a Kino, cuyo  afán de vida fue encontrar un camino por tierra que comunicara Sonora con Baja California, años después, cuando se discutía la frontera actual entre nuestras naciones, México se negó a aceptar una frontera que no permitiera la comunicación por tierra con Baja California. Por eso existe ese curioso ángulo en la frontera que permite la comunicación directa entre Sonora y Baja California



domingo, 4 de diciembre de 2011

La Pimería Alta después de Kino

Después del fallecimiento de Kino, la Pimería Alta continuó su vida cotidiana. El Padre Luis Javier Velarde se hizo cargo de la misión de Dolores, que había estado a cargo de Kino, y el Padre Agustín de Campos continuó, desde San Ignacio, la labor misional en el Valle del Asunción; para 1715 había realizado tres viajes a la costa sonorense, y en 1721, acompañado de Manje la visitaría nuevamente, intentando encontrar al misionero californiano, Juan de Ugarte, quien había construido un barco para explorar la costa, aunque sin éxito.  A su vez, Manje seguiría su vida en el Norte del actual Sonora, formando una familia y estableciéndose en lugares relacionados con la minería, ya que vivió en Tetuachi, Nacozari y Bacanuchi hasta su deceso que debió de ocurrir poco después de 1736. El Padre Juan María Salvatierra, por su lado, sobreviviría a Kino seis años, y para entonces los Jesuitas habían fundado siete misiones califórnicas.

En 1727 llegó a la Pimería el Obispo de Durango, y al atestiguar la precaria situación de la región, consiguió más misioneros. 1732 vería el arribo de tres jesuitas nativos de Europa Oriental, Segesser a San Xavier del Bac, Grashoffer a Guevavi (situada a unos 10 Km al Norte del actual Nogales, Arizona), y Keller a Suamca (actual Santa Cruz), los que se encargaron de continuar la labor misional y exploratoria.

Por esos años, las pugnas por la tenencia de la tierra entre misiones y españoles aún no existían. Posiblemente los misioneros y militares alentaban el establecimiento de ranchos en regiones apartadas de la labor misional que sirvieran de protección contra los apaches. Así sucedió en el río Santa Cruz con el establecimiento del rancho de Diego Romero, Santa Bárbara, en 1727, desde donde se extendieron a otros más por esa región: en 1741 se les adjudicaban dos sitios y medio de terreno a los herederos de Romero en el antiguo rancho ganadero de Kino, San Luis, mientras que Santa Bárbara pasaba por entonces a posesión de Gabriel Antonio de Vildósola.

En 1736 era descubierto, al suroeste del actual Nogales, Sonora, un yacimiento con enormes lozas de plata pura, la mayor de las cuales llegó a pesar dos toneladas. Era un lugar aledaño al puesto del Arizona que desde entonces lleva el nombre de Planchas de Plata. Se ordenó el embargo de lo encontrado, inició la investigación si era yacimiento natural o tesoro enterrado, aunque los constantes ataques apaches y el agotamiento del metal superficial llevaron al abandono del lugar. De cualquier manera, su fama continuó a través del tiempo hasta heredarle su nombre al actual Estado de Arizona.  El panorama se veía promisorio: el Padre Sedelmayr, desde Tubutama, se había encargado de continuar la expansión misional en toda la Pimería Alta, realizando viajes exploratorios al río Colorado en 1744, 1749, 1750 y otro más después de 1751, además de escribir un informe de sus actividades e ir a la Cd. de México para promover otro impulso misionero más para la región.

Sin embargo, este crecimiento de ranchos y arribo de mineros españoles llevó al mayor problema que viera la Pimería Alta en toda su historia. En noviembre de 1751, una rebelión encabezada por el Pima Luis de Sáric sacrificaba a los misioneros de Caborca y Sonoita y de sus españoles y gente de razón; en Oquitoa fueron muertos 20 españoles más; en Sáric mataron a los españoles y fueron destruidos todos los asentamientos situados entre esa misión y la de San Javier del Bac, a la vez que en Tubutama fue atacado el pueblo. No corresponde a este espacio la crónica del levantamiento, aunque debo agregar que resultó en un éxodo generalizado de españoles de la Pimería Alta y en el establecimiento, por el gobierno, de los presidios (fuertes militares) de Tubac y Altar.

Otra consecuencia de este levantamiento, aunque de muchísimo mayor importancia, ocurrió en 1767 cuando todos los misioneros jesuitas fueron expulsados de los dominios españoles y reemplazados el año siguiente por los frailes franciscanos aunque  bajo otras condiciones de trabajo.

Poco después, el día 14 de octubre de 1775 pasaba por el entonces despoblado arroyo de Los Nogales una expedición de más de un centenar de colonos encabezados por el Cap. Juan Bautista de Anza hijo. Ellos lograron llevar a cabo la idea que sostuviera Kino durante toda su estancia en la Pimería Alta: establecer una ruta por tierra entre Sonora y California. Su motivación, sin embargo,  no fue establecer el comercio con Asia sino proteger California de las incursiones rusas. Después de su paso, el silencio regresó al arroyo, a esperar un siglo más para que naciera una población dividida por una frontera internacional que entonces no existía, en estas ciudades que hoy conocemos como Ambos Nogales.

domingo, 27 de noviembre de 2011

La muerte de Kino

No sabemos si Eusebio Francisco Kino realizó durante su vida más expediciones que las que he citado en esta serie de artículos, ya que no hay mención de alguna posterior a la última que mencioné. De cualquier manera, durante los meses siguientes a su última expedición registrada, continuó con su preocupación por abastecer las misiones califórnicas.  En diciembre de 1709 le escribía al Padre Juan de Yturberoaga, Procurador de la Provincia Jesuita de Nueva España: “El padre rector Juan María de Salvatierra da a entender que mi principal obligación [es] socorrer a la California por disposición de nuestro padre general …” Así, siguiendo esa tarea, transcurrieron los últimos meses de la vida del misionero pimalteño quien, desde su misión de Dolores, veía cómo había ido creciendo la Pimería Alta como abastecedora de las misiones califórnicas.

De esta manera llegó el 15 de marzo de 1711. Esa fecha le tocó asistir a la dedicación de una nueva capilla en la iglesia de Magdalena y nuestro misionero debió recorrer nuevamente ese camino que había recorrido tantas veces desde aquél lejano 1687 en que llegó, y que lo separaba de la cuenca del San Miguel, donde se encontraba Dolores, de la del Asunción, ubicación de Magdalena; así remontaría la sierra del Torreón que aún hoy domina el paisaje desde la carretera internacional y entraría al valle magdalenense. Ya en Magdalena, celebrando la ceremonia de dedicación de la capilla de San Francisco Xavier se sintió mal y esa noche falleció. Al padre Agustín de Campos le tocaría enterrarlo y registrar su fallecimiento en un acta cuya imagen aparece a la derecha y reza:
 
Año de 1711. En quince de marzo, poco antes de medianoche, recibidos los santos sacramentos, murió con grande sosiego y edificación en esta casa y pueblo de Santa Magdalena el padre Eusebio Francisco Kino, de edad de setenta años. Mntro de Nuestra Señora de los Dolores, fundada por el mismo padre, el cual trabajó incansablemente en continuas peregrinaciones y reducción de toda esta Pimería. Descubrió la Casa Grande, ríos de Gila y Colorado, y las naciones cocomaricopas y sumas y los quicamaopa de la isla; y descansando en el Señor está enterrado en esta capilla de San Francisco Xavier, al lado del Evangelio, donde caen la segunda y tercera silla, en ataúd. Fue de nación alemán, de la provincia a que pertenece Bavaria. Habiendo sido antes de entrar en la Pimería misionero y cosmógrafo en la California, en tiempo del almirante don Isidro de Otondo. Agustín de Campos S.J.

Al leer este texto, de inmediato varias inexactitudes llaman nuestra atención. De ellas, las más notables son que la edad verdadera de Kino, quien fue bautizado el 10 de agosto de 1645, era al momento de su muerte 65 años cumplidos y no setenta como asentó Campos. Además, que Campos aún entonces y contra la opinión de Kino, pensaba que California era una isla. Finalmente, tendríamos la mención de que fue alemán, ya que el mismo Kino no estaba seguro de su nacionalidad o que el apellido del alimrante califórnico fue Atondo, no Otondo. (Debo agregar que la imagen del acta de fallecimiento del misionero que adorna este artículo fue editada. El original ocupa dos páginas, el final de una y el inicio de otra) 

No podemos deducir la enfermedad que le causó la muerte a Kino en caso que no haya sido simplemente la edad. Manje mismo nos orienta hacia una pista probable sobre las enfermedades que, crónicamente, enfermaban a Kino y que apuntan a malaria:  “En las fuertes fiebres que le daban, no provava nada en 6 días que más que levantarse a celebrar y acostarse; y, deviltanto y desmaiando la naturaleza las extinguía.”

Y en cuanto a su temperamento, también Manje nos lo explica:  

“sus conversaciones eran los melifuos nombres de Jesús y María y las combersiones de los gentiles, por quienes siempre pedía a Dios… Conozí era de natural colérico quando reprendía al que pecava públicamente; y, si despreciaban su persona, lo atemperava tanto que ya avía hecho ávito de realzar a quien con vilipendios, denuestos e ynproperios lo maltrataba de palabra, obra o por escrito, usando los superlativos de “reciví la gratísima, estimadíssima” y otros de obsequio y agradecimiento; y, si era en su cara, yva a abrazar al que los decía, diciendo: “es vuestra merced y a ser mi queridíssimo dueño, aunque no quiera” Y luego yva quizá a ofrecer los desprecios al Divino Señor y Dolorosa Madre a cuio templo entrava a rezar cada día cien vezes. Y después de cena, viéndonos ya acostados, se entrava en él, y, aunque me trasnochava leiendo, nunca le oí salir para coger el sueño que era bien parco.”

En 1712, un año después de la muerte de Kino, el Padre Campos desenterró los restos de los padres Ignacio de Yturmendi y Manuel González de Tubutama, donde habían sido inhumados al morir allí, y se los llevó a Magdalena, en donde los reinhumó  a los lados de los de Kino. Allí pueden ser vistos actualmente por el viajero, acompañando a los del misionero trentino.

domingo, 23 de octubre de 2011

El mito de California y la Pimería Alta

En la exploración de nuestra región desde los siglos XV al XVIII se conjugaron mitos y verdades, alimentando con una rica mezcla la imaginación de los exploradores. Por ejemplo, aún el nombre de California estuvo envuelto en la imaginacion. Este nombre se alimentó con la creencia de que era una región habitada por amazonas dirigidas por Calafia, su reina, y que se trataba de “la isla más grande que se haya descubierto, separada de Nuevo México por el Mar Mediterráneo de California,” y que  América podría estar comunicada con Asia más hacia el norte a través de un puente, o bien que habría un estrecho navegable para llegar a Asia al que hasta nombre se le dio: de Anián, en honor a la opinión de Fray Antonio de la Ascención, quien creyó que el reino de Anián se encontraba entre los reinos de Quivira y la California.

Fueron nombres míticos, fueron lugares imaginarios que provocaron expediciones como las de Marcos de Niza o de Vázquez de Coronado, quienes buscaron los fabulosos reinos de Cíbola y Quivira que, como es sabido y lógico, nunca existieron.

Según vimos en el artículo anterior, a fines de 1706 Kino organizó la que, hoy sabemos, fue su última expedición a la costa, en la que le acompañaba Fray Manuel Oyuela. Este describió en su informe porqué se creía entonces que California era isla y no península, cómo fue que Kino sostuvo su peninsularidad y cómo llegó él a verla como península desde las alturas del Pinacate: “no es isla la California sino sólo península, como días ha y con mucha razón dice y escribe  el padre Eusebio Francisco Kino que nos trajo a ser testigos de esta verdad. Con lo dicho he visto que el hereje Drake es autor de la mentira con que quiere subir este mar de California hasta la mar del Norte, queriendo desmentir a los antiguos españoles que pusieron a la California tierra firme con esta, como realmente lo es.” Y concluía con un lamento en el que afloraba su frustración: “por este hereje hemos trabajado tantos, tanto.”

Sir Francis Drake
Oyuela se quejaba de que el conocimiento logrado desde el inicio de la conquista de Nueva España, de que se trataba de una península, había sido desechado por la versión de Drake. Es decir, aunque en 1541 Hernando de Alarcón, que obedecía las órdenes de Cortés había realizado un viaje exploratorio por barco del mar califórnico y descubierto su  peninsularidad, sin embargo, al igual a como sucede en tantas ocasiones en nuestros países, se le creyó más a un extranjero, a Sir Francis Drake que a él. 

Drake fue un pirata inglés que había realizado un viaje por la costa del Pacífico de Nueva España, asaltando y robando los pueblos españoles por donde pasaba. Navegó siguiendo de Sur a Norte la costa del Pacífico Americano en 1579 y llegó hasta cerca del actual San Francisco aunque sin encontrar el famoso paso al Oriente.

Isabel I
Y cuando regresó a Inglaterra, la Reina Isabel le premió otorgándole el título de caballero, aunque declaró que lo descubierto en su viaje era secreto de Estado y ordenó que se guardara silencio sobre el asunto, además de insertar mentiras en su crónica. Pasó el tiempo, y basándose en lo descrito en su viaje, que no mencionaba la existencia de alguna península en nuestra región, los súbditos españoles que se encontraron con California en el mismo lugar, pensaron que tal vez no fuese península porque habría bloqueado la exploración de Drake, sino una isla en realidad, y que tal vez formaría un estrecho con tierra firme, el legendario de Anián, que más al Norte se abría nuevamente y permitía la comunicación con Asia. El mismo Kino siguió esta hipótesis, mostrando California como una isla en sus mapas iniciales.



Pero continuó la búsqueda, y mentes como la de Kino encontraron otra dimensión, idearon otra vocación más para la región: la Pimería debería tener una ubicación estratégica dirigida hacia el comercio mundial. En otras palabras, podía servir como puente, terrestre o marítimo, hacia las riquezas comerciales del continente asiático.

Así, los intentos para determinar si esa larga lengua de tierra era isla o península desvelaron las atenciones de infinidad de exploradores, entre ellos las de nuestro misionero, Eusebio Francisco Kino, quien intentó probar, acertadamente por cierto, que California es una península, contra las opiniones de peninsulares, como Juan Matheo Manje, que siempre creyeron que se trataba de una isla. 

Sin embargo, lo que Kino no podía predecir era que, a pesar de que California sí es península, la realidad es que para llegar a ella es necesario atravesar el desierto de Sonora. Esta es una de las regiones más inhóspitas del planeta, una zona en donde las arenas desérticas, aparentemente interminables, se extienden hasta el horizonte ocasionando incontables muertes a través de los siglos. Eso imposibilitaba la comunicación y el comercio entre ambas. Es decir, al reto de determinar la peninsularidad califórnica se unió otro a vencer, uno que Eusebio Francisco Kino nunca mencionó, el de la extrema aridez de su medio natural, el de la escasez de agua que rige, aún hoy, el desarrollo de nuestra región.

domingo, 16 de octubre de 2011

La Ultima Expedición a la costa sonorense

Después de regresar de su viaje a la costa de Caborca empezando 1706, a Kino no se le olvidaba la ruta por tierra a California, aunque pasaron los meses y no se presentó la oportunidad de organizar otro viaje para buscar su ansiado paso por tierra.

En octubre fue a Fronteras en su papel de Procurador de las Misiones a comprar ropa, y allí se entrevistó con el Gral. Jacinto de Fuensaldaña, Capitán de la Compañía Volante de Sonora, quien lo apoyó en su proyecto de organizar otra expedición a la costa sonorense. Nos cuenta Kino: “Teniendo su merced por cierto lo que era muy cierto, que la California no era isla, determinó darme unos soldados que conmigo fuesen a ser testigos de vista y se informase de todo a fin de informar jurídicamente en México.” Además, ofreció enviar un correo a sus expensas “en orden también de conseguir y traer los padres tan necesarios para estas nuevas conversiones.” Con ese fin, Fuensaldaña encomendó al Alférez Juan Mateo Ramírez y a Antonio Durán como escoltas de la expedición, mientras que un franciscano, Fray Manuel de Oyuela, decidió acompañarlos.


La ruta del viaje
El 13 de octubre partía de Fronteras el grupo y tres días después llegaba a Dolores. Allí, Ramírez encontró un grupo de indígenas que habían acudido “con una cruz y con otras buenas dádivas de conchas azules de la contracosta, con una santa cruz que enviaban los de la nación quíquima.” Ya sabemos que la concha azul, el abulón (haliotis fulgens) existe únicamente en la costa califórnica del Pacífico, y que los Quíquima era una tribu que habitaba el delta del Colorado.

En Dolores pasaron cinco días preparando la expedición y luego se dirigieron a Remedios y de allí a Síboda (Cíbuta actual), que para entonces era una importante estación de abastecimiento de las expediciones, así como de las nuevas misiones de la región desértica. En ese lugar, Kino se abasteció de carne seca y cuarenta caballos y mulas, como complemento de los 25 que ya llevaba, además de 25 cabezas de ganado para Búsanic para reemplazar el ganado que de allí había enviado antes a Sonoita. Habiendo llegado a Tubutama, los  recibió el padre Minutuli quien, “con muy mucha caridad y amor, nos avió con vino de misas, con candelas de cera, con chocolate, pan y bizcocho, con pinole, carnero y carne de vaca y aún con su propia mula de silla.”

Más adelante, pasaron por Caborca y de allí a Sonoita, desde donde Kino decidió, en vez de dirigirse al delta del Colorado, subir el cerro de Santa Clara (volcán del Pinacate) y desde su altura otear la costa. Atravesaron el desierto sonorense hasta que llegaron a las faldas del volcán, de donde, auxiliados por las mejores mulas que tenían, subieron la escarpada y extremadamente difícil falda de esa montaña que se eleva 1,200 metros sobre el nivel del mar.

Y mientras que Durán los esperaba abajo por estar enfermo, el resto de los expedicionarios subieron las cuatro leguas (en realidad son como 19 KM de constante ascenso) hasta el puerto que divide las tres cimas. Nos dice Ramírez: “sobre este cerro hacen otros tres cerros apilonados: subimos en el que cae al sur, desde donde se vio el mar, el cual nos quedaba meramente al sur.” Era el menor de los tres picos y desde su cima vieron cómo “se perdía de vista sin que ni de la parte del oriente, de donde venimos, ni de la parte del poniente subiera mar alguno hacia el norte o noroeste.” Y así era, desde esa cima únicamente se alcanza a ver el desierto de Sonora extendiéndose hasta perderse en el horizonte, mientras que hacia el Sur se logra discernir el azul del mar.

Después bajaron a pernoctar en el puerto situado entre los picos y un día después subieron a la cima más alta, la más difícil, la situada al Norte, donde “por ser tan alto y un género de cascajal de piedra tezontle, como lo es todo este grandísimo cerro, que temía acabar primero con la vida que con la empresa.” Hace pocos años subimos el volcán. Fue un ascenso que duró tres días, y pernoctamos en el puerto que se menciona más adelante, el mismo en donde pasaron la noche esos expedicionarios. En seguida muestro el video de ese ascenso.

Pinacate
(Debo agregar la siguiente información. Se le ha dado el nombre del Pinacate, debido a que el color de la roca allí es negra, lo que recuerda al artrópodo que se encuentra en toda la región, del género Aleodes. 

La región es extremadamente calurosa y desértica, por lo que se escoge marzo, cuando aún las mañanas son frías y los días más templados, como temporada para el ascenso. 

Por otro lado, también en marzo, y dependiendo de cómo haya sido la temporada de lluvias invernales, el suelo del desierto se cubre en mayor o menor grado de alfombras de flores, las que pintan todo el paisaje de diferentes colores, las que hacen creer que en realidad no es tan árida esa región). 


 Video de un ascenso al Pinacate, realizado con motivo del tricentenario de Kino

Desde su cima alcanzaron a ver “con más individualidad, lo que habíamos visto la tarde antecedente, y que con esta continuación de ambas tierras y paso por tierra a la California, y vimos que su Sierra Madre de la California corre de sur a norte hasta a donde remata el mar y que una punta se pega con una bahía que fray Manuel  llama la ría, por ser el desemboque del Río Colorado en el remate de la mar de la California.”

Habían logrado su objetivo y regresaron a Dolores, donde Ramírez pasó en limpio su informe. Sin embargo, estando allí recibieron una noticia que echaba a la basura lo logrado. Fuensaldaña acababa de morir.

domingo, 9 de octubre de 2011

¿Un barco entre Sonora y California?

El misionero Eusebio Francisco Kino se encontraba frente a otra opción promovida por el Padre Juan María Salvatierra, quien después de acompañarlo al delta del Colorado en 1701 y conocer personalmente el desierto sonorense decidió fundar el puerto de San José de Guaymas para abastecer marítimamente las misiones califórnicas en vez de la ruta por tierra, de la ruta del desierto que promovía nuestro misionero.

Esta iniciativa de Salvatierra, que tal vez como premio por su iniciativa había sido nombrado Provincial Jesuita para el trienio 1704-1707, cambiaba los planes de Kino, quien para estar en armonía con el proyecto de Salvatierra decidió encontrar otra ruta hacia California por mar, no por tierra, y así cambió su objetivo. El 19 de enero de 1706 partía, acompañado del Padre Gerónimo Minutuli hacia el al suroeste a recorrer la costa de Caborca, que era región de transición entre Pimas y Seris.

Ruta de la expedicion de Kino en Enero de 1706
De esta manera, según nos narra Kino: “fue Dios servido que juntamente descubrimos … de este seno de la mar de la California una isla grande, que tendrá como tres leguas de ancho de oriente a poniente, y como siete u ocho leguas de largo de Norte a Sur, y no distaba  de esta tierra firme o costa que como seis o siete leguas.”  Ese texto nos dice que no la identificó como la misma que habían divisado desde el lado sur al inicio de su labor apostólica en la Pimería Alta hacía 21 años; de cualquier manera, hoy sabemos que indudablemente se trató de la Isla del Tiburón. No hay otra en la región con dimensiones que se aproximen a esas que, también erróneamente, le asignó, ya que es aún más grande, porque una legua equivale a unos 4 KM.

Pero eso no fue todo: “… Al rumbo de noroeste de esta referida isla … en distancia como de tres leguas, el día siguiente, 22 de enero, desde un altillo descubrimos muy patentemente otro grande pedazo de tierra, al parecer califórnica, y aunque estuvimos con alguna duda de si ella sería también isla, o si sería tierra contigua y continuada o continente con la misma California, nos persuadimos ésta sería aquella puerta de la California que … se extiende mucho hacia el oriente… y vimos que no distaba de nosotros más que como nueve o diez leguas” Ese trozo de tierra que alcanzaron a divisar en lontananza debió ser la Isla Angel de la Guarda, que se encuentra como a 75 Km (unas 19 leguas) del punto de donde la atisbaron.

Juan de Ugarte
De cualquier manera, de inmediato Kino asoció la proximidad de esas tierras con la posibilidad de utilizarlas como estaciones intermedias para abastecer las misiones califórnicas, y así renació su proyecto de construcción de un barco en Sonora. Vino después una serie de cartas entre nuestro misionero y otro gran Jesuita de la obra misionera en California, Juan de Ugarte, quien ya había disuadido a Salvatierra cuando éste quiso desmantelar el esfuerzo misional en California durante la época más difícil del avance califórnico y ahora lo había suplido como Rector de California. El era el más indicado para colaborar con Kino para establecer una nueva ruta de abastecimiento hacia California.

Años después, Ugarte construiría el primer barco hecho en California y realizó algunos viajes exploratorios a lo largo de la, hoy sabemos, península. Sin embargo, entonces estaba convencido de que era incosteable construir uno y trató de disuadir a Kino contra su proyecto de hacer uno en Sonora: “me es preciso prevenir a V.R. como quien tiene a mucha costa experiencia de barcos… Digo, pues, que aunque V.R. tenga maderas y tenga gentes y aún oficiales para fabricar; aunque hubiera hierro, velas, cables, estopa, brea y en la playa buen bole para arrojar al agua el lanchón…” sería mejor “…comprar una lancha hecha, con anclas, cables y velas; ahorrarán más de la mitad del gasto y, lo mas preciso o más precioso, el tiempo.”

Sin embargo, Kino no hizo caso, ya tenía adelantado su barco: “Con el favor del cielo, no tendremos particular dificultad, pues tengo aquí, en casa, en este pueblo de Nuestra Señora de los Dolores, la mayor parte de las maderas labradas para un barquillo acuartelado, que con unas buenas mulas de recuas con facilidad, con los demás tablones que tengo en Nuestra Señora de la Concepción del Caborca,  ya muy cerca de la mar, las podremos llevar hasta las orillas de este seno…”

Un madero en un dintel de las ruinas de la mision de Cocóspera
Pasarían los años, y esa idea que germinaba entonces en la mente de nuestro quijotesco misionero no lograría ver su fruto. Jamás se logró atravesar el desierto sonorense jalando los maderos de ese barco.  Esa hubiera sido una imagen icónica que actualmente representara la ideología norsonorense, imagen que tal vez, quizás tal vez, hubiera transformado la historia de nuestra región.

Pero en cuanto al destino que tuvieron aquellos maderos, quién sabe en dónde hayan quedado, tal vez en alguna fogata para calentar alguna noche invernal sonorense, tal vez como dintel de alguna puerta o alguna ventana en algún edificio...

De esa idea sólo nos quedó la huella de la tinta esparcida por una pluma de ave sobre un papel, la que ha servido para informar a este artículo.

 

domingo, 7 de agosto de 2011

California es Península

Y así fue cómo esa primavera de 1701, después de fallar en su intento de llegar al delta del Río Colorado siguiendo la ruta que rodeaba por el Sur el volcán de Santa Clara (actual Pinacate), Eusebio Francisco Kino, Juan María Salvatierra y Juan Matheo Manje volvieron  sobre sus pasos hasta regresar cerca de Sonoita. Ya allí, acordaron los misioneros con Manje intentar rodear ahora por el norte el volcán, anticipándose a la ruta que sigue actualmente la carretera de Sonoita a San Luis río Colorado, para ver si lograban descubrir el delta del río Colorado.

Rodeando por el Norte al Pinacate (Santa Clara)
El día último de marzo partían en esta nueva aventura. Los acompañaban seis pimas como guías, seis cargas de alimentos, dieciocho mulas y tres caballos; y después de recorrer unos 50 Km, al aproximarse la puesta del sol, decidieron subir a un agreste cerro, desde cuya cima, según nos cuenta Salvatierra: “Púsose el sol, y se divisó desde el cerro, con toda claridad, toda la mar abajo al sur, y puesto de la mar adonde habíamos bajado [o sea cuando rodearon por el sur el Pinacate y llegaron hasta la bahía del actual Puerto Peñasco, cerca de la isleta de San Jorge]. Vimos que el medio arco de sierras, cuyo remate nos tapaba la dicha faja de cerros de la Nueva España, se venía cerrando y trabando continuamente con otros cerros y lomas de la Nueva España.” 

Sin embargo, ese panorama fue interpretado en forma distinta por Manje, quien agregó  que “la serranía opuesta del mar de California proseguía hazia el nordeste, en forma de media luna; y la tierra y costa de esta Nueva España, por estas naciones, declinaba al oes-norueste. Por donde, confirmamos algo más: que llegan a juntarse ambas tierras; y no bimos proseguir adelante el mar [es decir no alcanzaron a divisar que el mar se extendiera más hacia el norte]; si no es que se llega tanto a angostar, que, de lo lejos, no lo podimos apercervir, por su angostura.” En otras palabras, Manje interpretaba el panorama  que se ofrecía a sus ojos y pensaba que cabía la posibilidad de que únicamente existiera un estrecho en el mar y que nuevamente se abriera éste más al norte, dejando a California como isla.

Y agregaba una nota explicatoria sobre su discrepancia con los misioneros: “En esto, aunque sea molesto, quiero ser genuino, por no deslisarme en ápice del alma de la verdad, que es el nervio fundamental de cualquier ystoria.”

Un día después planeaban continuar su camino hacia la costa, aunque los guías les dijeron que no había agua en las próximos 100 Km, por lo que “Y visto el sin remedio, tratamos con los naturales que, después de aguas, proseguiríamos el descubrimiento, ofreciendo éstos acompañarnos con mucho gusto; y, para conducir ganados, requiere escoger tiempo oportuno de aguas y no en tiempo de tanta sequedad” Es decir, los habían vencido los eternos problemas de esa región del desierto de Sonora: por un lado la escasez de agua y, por el otro, el creciente calor de esos días que, yo que he andado en esa región durante esa temporada  puedo constatar que ya entonces empieza a hacerse insoportable el calor acompañado de los reflejos solares en la roca negra , mientras que los arenales se extienden aparentemente hasta el infinito. No en vano esa ruta ha sido llamada "El camino del Diablo" y ha costado tantas vidas desde tiempos inmemoriables.

De cualquier manera, los misioneros Jesuitas se dispusieron a difundir la noticia de que finalmente se había descubierto que California era una península. Kino dibujó un mapa que lo haría famoso en Europa, al que tituló: “Paso por Tierra a la California y sus confinantes nuevas naciones y nuevas misiones de la Compañía de Jesús en la América Septentrional, 1701.” La mayor discrepancia que mostraba este nuevo mapa en relación con su anterior, de 1696, en donde aparecía California como isla, era que ahora mostraba a California unido a Sonora, quedando separados únicamente por el río Colorado y su delta. Además, también aparecían uniéndose el rio Gila y el Colorado antes de su desembocadura al mar, según le constaba al misionero, ya que había llegado hasta esa confluencia seis meses antes.

Haz click en el mapa para verlo más grande

Del lado de California, el misionero mostró la “sierra nevada” situada al sur de la “sierra azul.” Se trataba  indudablemente del actualmente conocido como Picacho del Diablo que, con sus más de 3,000 metros de altura, constituye el punto más alto de la Baja California. Eran nombres que indudablemente les había dado nuestro misionero al divisarlos desde la distancia, esa primavera de 1701.

domingo, 23 de enero de 2011

En San Bruno

Después del fracaso de la colonia en la Paz, el Almirante Isidro de Atondo y Antillón y los misioneros jesuitas Eusebio Francisco Kino y Matías Goñi se dispusieron a realizar otra expedición colonizadora califórnica.

Para empezar, fueron a Sinaloa a conseguir gente y provisiones, y “el día del glorioso San Miguel, Septiembre 29 [de 1683] salimos del puerto de San Lucas, costa de Sinaloa,” la actual Bahía de Agiapampo. La costa de California fue avistada la segunda noche, aunque vientos contrarios los llevaron al día siguiente frente a la Isla de la Santa Cruz, hasta que finalmente pudieron dirigirse más al norte.

Mapa de lo explorado hasta 1684 en California
El día 5, después de misa, las brisas los llevaron al norte de Isla Coronado y desembarcaron en California. El día siguiente, de San Bruno, le daban ese nombre al poblado que fundaron en el lugar. “El miércoles, 6 de octubre, por la mañana, entramos a dar fondo un poco antes de mediodía —nos dice Kino—. El señor almirante con el padre Goñi en la lancha de la Capitana; y el señor capitán don Francisco de Pereda y yo, con otras personas, en la lancha de la Almiranta saltamos en tierra. Pusimos una cruz, y todos, puestos de rodillas, la veneramos, pidiendo de su Divina majestad los buenos sucesos de esta conversión y conquista de la California.” Allí empezaron la construcción de un fuerte e iglesia en un cerrito aledaño.



Pero a pesar de que, como nos dice Kino, “tendrá este valle más de cinco leguas de ancho y aún más de largo, todo muy verde, con muchos árboles y zacate y con muy buen pasto para caballos y vacas” no había agua, por lo que siguieron por el arroyo hasta una ranchería que la tenía, a donde llegaron varios indios “entre ellos dos muchachos de diez o doce años; y todos tan mansos y por extremo amigos, afables y familiares, que luego se sentaron entre nosotros, como si siempre hubieran vivido entre españoles… Les enseñé un santo Cristo, y el señor almirante les enseñó unas láminas que tenía en mi rezo o breviario; y aunque reparamos que nunca habían tenido noticias o visto algunas señales de nuestra santa fe católica, nos dieron grandísimas esperanzas de su conversión.”

Pero subsistía el problema, ya que “aunque el río que pasa por este valle tenga el nombre de Río Grande, no corre sino en tiempo de aguas; y el agua que ahora bebemos la sacamos de los vatequites o pocitos que se hacen en la arena, por donde las semanas pasadas ha pasado dicho río.”

Las rutas de Kino cuando intentó cruzar California desde San Bruno

Poco después partía Kino en su primera salida exploratoria. Fueron seis leguas (unos 25 Km) hacia el noroeste de San Bruno, a lo largo de los que llamó “Llanos de San Pablo.” A esa le seguiría otra, iniciando diciembre, cuando partieron Kino y Atondo hacia el oeste. Intentaban cruzar California y tal vez descubrir del lado del Océano Pacífico un puerto que sirviera de estación a la Nao de China. Siguieron por los llamados Llanos de San Pablo y luego torcieron tierra adentro, hacia el Oeste, hacia la sierra de la Giganta, a la que le dieron ese nombre y que dificultosamente lograron pasar; debieron dejar las bestias detrás. Ya en su falda poniente, lograron avistar en lontananza varios valles con posibilidades de desarrollo, aunque debían regresar a San Bruno.

El 21 de diciembre salía nuevamente Kino en otra expedición hacia el poniente, ahora con la intención de encontrar un paso más fácil para cruzar la Sierra La Giganta. Siguió nuevamente por los Llanos de San Pablo hasta que encontró el hoy conocido como Arroyo Bombedor donde acamparon. Al día siguiente lo siguieron, pasaron por el Norte de La Giganta hasta que llegaron al parteaguas en donde nace el el arroyo Comondú, que ya fluye hacia la costa del Pacífico. Allí encontraron un poblado indígena cuyos habitantes los guiaron de vuelta a San Bruno por una ruta aún más corta que la que habían seguido de ida, y así lograron resolver el problema de cómo cruzar California. Ahora sólo faltaba lograrlo… 

domingo, 16 de enero de 2011

Kino y Atondo en la California

En 1679, el almirante Don Isidro de Atondo y Antillón, quien contaba entonces con cuarenta años de edad y por lo tanto era cinco mayor que Kino, recibía del Rey el título de Almirante de California, aún no colonizada, además de la confirmación de su anterior posición de Gobernador de Sinaloa.

De la colonización de Baja California dependía la seguridad de la Nao de China o Galeón de Manila, que realizaba el comercio entre España y Asia. Llevando metales preciosos partía de Acapulco, costeando Baja California seguía la costa del Pacífico hasta el actual Estados Unidos para después atravesar el océano Pacífico y dirigirse a Filipinas y China, de donde traía especias, seda y otros productos asiáticos. El problema era que las costas Californianas se habían convertido en un magnífico refugio de piratas franceses, holandeses e ingleses, que se escondían allí para atacarla y robarla.

Por otro lado, las leyendas de tesoros escondidos (la cosecha de perlas había sido el atractivo en el caso califórnico) no fueron imán capaz de atraer conquistadores que costearan sus propias expediciones, ya que resultó ser una región muy pobre. Además, los desmanes que habían cometido los españoles contra la población indígena, habían provocado una reorientación en el método de conquista indígena. Así, se ideó la fórmula de cooperación entre el Estado Español y la Iglesia para colonizar las nuevas regiones: el Estado financiaría la entrada europea, en la que intervendrían los religiosos para realizar la conversión indígena.

Por otro lado, cuando la Compañía de Jesús recibió la autorización de enviar misioneros al noroeste novohispano, de inmediato se dio cuenta ésta de la unidad económica que formaba la costa del pacífico mexicano (Sinaloa-Sonora) con Baja California, ya que la primera podía costear la colonización de la segunda. Hay que recordar aquí que para entonces se había penetrado únicamente hasta el Sur de Sonora.

Así, cuando Atondo recibió su nombramiento, erigió un pequeño astillero en Nío, Sinaloa (actual Pueblo Viejo, a unos 5 Km al Norte de Guasave), y empezó a construir tres barcos: dos fragatas, de 70 y 60 toneladas, y una balandra.



Después de esta disgresión explicativa, pasamos a la crónica de los hechos: En marzo de 1682 llegaban a unirse con Atondo los misioneros Eusebio Francisco Kino y Matías Goñi. El primero, a pesar de su deseo de ser enviado a China, había sido nombrado Cosmógrafo de la expedición californiana y misionero de la misma, mientras que el segundo sería misionero, contando ya con la experiencia de haber estado en Yécora.

Al terminar los preparativos, el grupo zarpó de la costa sinaloense, y el 1 de abril llegaban a la Bahía de la Paz, en Baja California, cuyo renombre databa de la estancia en el lugar, en 1535, de Hernán Cortés, quien fue el primero que vio el potencial de esa bahía como estación hispana. Allí erigieron un fuerte y sembraron una huerta, aunque como la productividad de la región no era suficiente, a fines de ese mismo abril partió un barco a Sinaloa a abastecerse de alimentos.

Pasaron los meses sin mayor pena ni gloria, aunque a finales de junio la situación se agravó. El alimento escaseaba y el barco de Sinaloa no regresaba. Hubo entonces una junta para definir si enviaban otro barco, aunque decidieron esperar. Un día después, un indio le disparó una flecha a un soldado español, y aunque no le sacó ni sangre, Atondo ordenó encarcelarle, lo que enfureció a los Guaycura, que habitaban al Norte de La Paz. Además, los Cora, enemigos mortales de los Guaycura y habitantes del extremo Sur de la península, les informaron a los españoles que los Guaycura habían asesinado a un grumete mulato, apellidado Zamora, que había escapado del campamento.

Así fue cómo los ingredientes de la tragedia quedaron servidos: cuando llegaron 16 guerreros Guaycura en son de paz a conferenciar con los españoles, Atondo desconfió de ellos. Ordenó que les dieran pozole, y mientras comían se les disparó un cañón a quemarropa que dejó a diez guerreros muertos, mientras el resto huía, algunos de ellos heridos.

Esa masacre decidió el final de la colonia a los tres meses de haber sido establecida. Los 83 colonos decidieron abandonar el lugar, y el 15 de julio zarpaba el barco con ellos. Y aunque después se sabría que Zamora no había sido muerto por los Guaycura sino que huyó a Sinaloa, de cualquier manera la primera etapa de esa colonización había concluido. Vendría después el establecimiento de una nueva misión, San Bruno, a unos 260 Km. al Norte de esa misma costa. Pero esa es otra historia…