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lunes, 12 de diciembre de 2011

El Verdadero Significado de la Obra de Kino


En un erróneo afán por ensalzar  la obra de Eusebio Francisco Kino, se ha sostenido que introdujo la agricultura, la ganadería o ambas, ya sea a la Pimería Alta o a Sonora. Este es un desliz de apreciación histórica que de ninguna manera debe de desmerecer la obra del misionero.

Veamos, primero, la inexactitud de esta atribución a través de algunos ejemplos: años antes del arribo de Kino a la Pimería, cuando éste aún se encontraba en Europa, ya se extendía un rancho ganadero por las praderas cercanas al actual San Lázaro. El mismo Juan Matheo Manje, compañero militar de Kino en sus exploraciones, nos dice que allí “antiguamente, tubo en este puesto Juan Martín Bernal, español, una estancia de ganado vacuno y cavalladas de más de 6 mill cavesas…”  Además, también José Romo de Vivar tuvo otro rancho ganadero en el mismo lugar, años después. Finalmente,  Munguía Villela de igual forma tuvo otro rancho ganadero en las cercanías de donde años después Kino establecería su misión de Santa María (actualmente Santa Cruz).

Por eso es que si buscamos el significado real de la herencia de Kino, debemos entender primero que en la Pimería Alta se realizó el último esfuerzo de expansión del imperio Español y de evangelización en el Noroeste de la Nueva España. Las misiones establecidas por el misionero definieron, desde entonces, una frontera.

Durante aquellos años fue frontera entre la civilización europea y el mundo de los “gentiles” como se les conocía a quienes no habían recibido el bautismo. Fue frontera entre la región de habla hispana y las rancherías en donde se expresaban utilizando algún idioma nativo; frontera entre lo europeo y lo nativo;  frontera entre donde se practicaba el catolicismo y las religiones nativas.

Y así pasaron los años, y el impulso desarrollador de Kino con el paso del tiempo se fue convirtiendo en el último que intentó incorporar más regiones del noroeste bajo la égida del Imperio Español. No hubo intentos posteriores para llevar los límites del Imperio Español más allá. Y así fue cómo, cuando surgió Estados Unidos y se firmaron primero los Tratados de Guadalupe-Hidalgo y La Mesilla después, esta frontera cambió su significado al de una zona limítrofe entre dos naciones: entre México y los Estados Unidos.

Así fue cómo la antigua Pimería Alta se convirtió en la frontera entre los pueblos en donde predominaban los parlantes del idioma Español y aquellos en donde el Inglés imperaba; entre los pueblos católicos y los protestantes; entre las costumbres gregarias nuestras y las austeras del anglosajón.

Frente a esta situación, podemos muy bien hacernos la pregunta: ¿Qué habría pasado entre nuestras dos naciones si Kino no hubiera llegado a la Pimería Alta? Y tenemos que la respuesta es sencilla: tal vez el Imperio Español habría llegado a colonizar a esta región aunque, de seguro, lo habría logrado años más tarde de cómo sucedió. Así se habría colonizado la Pimería Alta cuando las condiciones geopolíticas eran ya diferentes, cuando el Imperio Español se encontraba en franca decadencia y toda Iberoamérica estaba más cerca de su independencia.

Y en lo internacional, en caso de que se hubiera dado, la conquista de la Pimería Alta por España, ésta habría ocurrido cuando la nación vecina se encontraba en franco proceso de expansión. Hay que recordar que Estados Unidos promulgó su independencia en 1776, casi una década después de la expulsión de los Jesuitas de los dominios españoles y ocho años después de que fueran reemplazados por los Franciscanos en 1768. Y aquí hay que recordar que no es coincidencia que el afán expansionista estadounidense únicamente se vio frenado aquí, en esta región.

¿Qué significa todo ésto? Pues sencillamente quiere decir que el legado de Kino se encuentra en la geografía política y no en la introducción o no de la ganadería o agricultura a la región. Debemos entender que, gracias a Kino, la frontera entre México y los Estados Unidos es como la conocemos hoy. Gracias a Kino, en esta región se habla Español y la religión tradicional es el catolicismo, gracias a él existe, aquí, una cultura que constituyó una barrera infranqueable para la penetración anglosajona. Y también, gracias a Kino, cuyo  afán de vida fue encontrar un camino por tierra que comunicara Sonora con Baja California, años después, cuando se discutía la frontera actual entre nuestras naciones, México se negó a aceptar una frontera que no permitiera la comunicación por tierra con Baja California. Por eso existe ese curioso ángulo en la frontera que permite la comunicación directa entre Sonora y Baja California



domingo, 4 de diciembre de 2011

La Pimería Alta después de Kino

Después del fallecimiento de Kino, la Pimería Alta continuó su vida cotidiana. El Padre Luis Javier Velarde se hizo cargo de la misión de Dolores, que había estado a cargo de Kino, y el Padre Agustín de Campos continuó, desde San Ignacio, la labor misional en el Valle del Asunción; para 1715 había realizado tres viajes a la costa sonorense, y en 1721, acompañado de Manje la visitaría nuevamente, intentando encontrar al misionero californiano, Juan de Ugarte, quien había construido un barco para explorar la costa, aunque sin éxito.  A su vez, Manje seguiría su vida en el Norte del actual Sonora, formando una familia y estableciéndose en lugares relacionados con la minería, ya que vivió en Tetuachi, Nacozari y Bacanuchi hasta su deceso que debió de ocurrir poco después de 1736. El Padre Juan María Salvatierra, por su lado, sobreviviría a Kino seis años, y para entonces los Jesuitas habían fundado siete misiones califórnicas.

En 1727 llegó a la Pimería el Obispo de Durango, y al atestiguar la precaria situación de la región, consiguió más misioneros. 1732 vería el arribo de tres jesuitas nativos de Europa Oriental, Segesser a San Xavier del Bac, Grashoffer a Guevavi (situada a unos 10 Km al Norte del actual Nogales, Arizona), y Keller a Suamca (actual Santa Cruz), los que se encargaron de continuar la labor misional y exploratoria.

Por esos años, las pugnas por la tenencia de la tierra entre misiones y españoles aún no existían. Posiblemente los misioneros y militares alentaban el establecimiento de ranchos en regiones apartadas de la labor misional que sirvieran de protección contra los apaches. Así sucedió en el río Santa Cruz con el establecimiento del rancho de Diego Romero, Santa Bárbara, en 1727, desde donde se extendieron a otros más por esa región: en 1741 se les adjudicaban dos sitios y medio de terreno a los herederos de Romero en el antiguo rancho ganadero de Kino, San Luis, mientras que Santa Bárbara pasaba por entonces a posesión de Gabriel Antonio de Vildósola.

En 1736 era descubierto, al suroeste del actual Nogales, Sonora, un yacimiento con enormes lozas de plata pura, la mayor de las cuales llegó a pesar dos toneladas. Era un lugar aledaño al puesto del Arizona que desde entonces lleva el nombre de Planchas de Plata. Se ordenó el embargo de lo encontrado, inició la investigación si era yacimiento natural o tesoro enterrado, aunque los constantes ataques apaches y el agotamiento del metal superficial llevaron al abandono del lugar. De cualquier manera, su fama continuó a través del tiempo hasta heredarle su nombre al actual Estado de Arizona.  El panorama se veía promisorio: el Padre Sedelmayr, desde Tubutama, se había encargado de continuar la expansión misional en toda la Pimería Alta, realizando viajes exploratorios al río Colorado en 1744, 1749, 1750 y otro más después de 1751, además de escribir un informe de sus actividades e ir a la Cd. de México para promover otro impulso misionero más para la región.

Sin embargo, este crecimiento de ranchos y arribo de mineros españoles llevó al mayor problema que viera la Pimería Alta en toda su historia. En noviembre de 1751, una rebelión encabezada por el Pima Luis de Sáric sacrificaba a los misioneros de Caborca y Sonoita y de sus españoles y gente de razón; en Oquitoa fueron muertos 20 españoles más; en Sáric mataron a los españoles y fueron destruidos todos los asentamientos situados entre esa misión y la de San Javier del Bac, a la vez que en Tubutama fue atacado el pueblo. No corresponde a este espacio la crónica del levantamiento, aunque debo agregar que resultó en un éxodo generalizado de españoles de la Pimería Alta y en el establecimiento, por el gobierno, de los presidios (fuertes militares) de Tubac y Altar.

Otra consecuencia de este levantamiento, aunque de muchísimo mayor importancia, ocurrió en 1767 cuando todos los misioneros jesuitas fueron expulsados de los dominios españoles y reemplazados el año siguiente por los frailes franciscanos aunque  bajo otras condiciones de trabajo.

Poco después, el día 14 de octubre de 1775 pasaba por el entonces despoblado arroyo de Los Nogales una expedición de más de un centenar de colonos encabezados por el Cap. Juan Bautista de Anza hijo. Ellos lograron llevar a cabo la idea que sostuviera Kino durante toda su estancia en la Pimería Alta: establecer una ruta por tierra entre Sonora y California. Su motivación, sin embargo,  no fue establecer el comercio con Asia sino proteger California de las incursiones rusas. Después de su paso, el silencio regresó al arroyo, a esperar un siglo más para que naciera una población dividida por una frontera internacional que entonces no existía, en estas ciudades que hoy conocemos como Ambos Nogales.

domingo, 27 de noviembre de 2011

La muerte de Kino

No sabemos si Eusebio Francisco Kino realizó durante su vida más expediciones que las que he citado en esta serie de artículos, ya que no hay mención de alguna posterior a la última que mencioné. De cualquier manera, durante los meses siguientes a su última expedición registrada, continuó con su preocupación por abastecer las misiones califórnicas.  En diciembre de 1709 le escribía al Padre Juan de Yturberoaga, Procurador de la Provincia Jesuita de Nueva España: “El padre rector Juan María de Salvatierra da a entender que mi principal obligación [es] socorrer a la California por disposición de nuestro padre general …” Así, siguiendo esa tarea, transcurrieron los últimos meses de la vida del misionero pimalteño quien, desde su misión de Dolores, veía cómo había ido creciendo la Pimería Alta como abastecedora de las misiones califórnicas.

De esta manera llegó el 15 de marzo de 1711. Esa fecha le tocó asistir a la dedicación de una nueva capilla en la iglesia de Magdalena y nuestro misionero debió recorrer nuevamente ese camino que había recorrido tantas veces desde aquél lejano 1687 en que llegó, y que lo separaba de la cuenca del San Miguel, donde se encontraba Dolores, de la del Asunción, ubicación de Magdalena; así remontaría la sierra del Torreón que aún hoy domina el paisaje desde la carretera internacional y entraría al valle magdalenense. Ya en Magdalena, celebrando la ceremonia de dedicación de la capilla de San Francisco Xavier se sintió mal y esa noche falleció. Al padre Agustín de Campos le tocaría enterrarlo y registrar su fallecimiento en un acta cuya imagen aparece a la derecha y reza:
 
Año de 1711. En quince de marzo, poco antes de medianoche, recibidos los santos sacramentos, murió con grande sosiego y edificación en esta casa y pueblo de Santa Magdalena el padre Eusebio Francisco Kino, de edad de setenta años. Mntro de Nuestra Señora de los Dolores, fundada por el mismo padre, el cual trabajó incansablemente en continuas peregrinaciones y reducción de toda esta Pimería. Descubrió la Casa Grande, ríos de Gila y Colorado, y las naciones cocomaricopas y sumas y los quicamaopa de la isla; y descansando en el Señor está enterrado en esta capilla de San Francisco Xavier, al lado del Evangelio, donde caen la segunda y tercera silla, en ataúd. Fue de nación alemán, de la provincia a que pertenece Bavaria. Habiendo sido antes de entrar en la Pimería misionero y cosmógrafo en la California, en tiempo del almirante don Isidro de Otondo. Agustín de Campos S.J.

Al leer este texto, de inmediato varias inexactitudes llaman nuestra atención. De ellas, las más notables son que la edad verdadera de Kino, quien fue bautizado el 10 de agosto de 1645, era al momento de su muerte 65 años cumplidos y no setenta como asentó Campos. Además, que Campos aún entonces y contra la opinión de Kino, pensaba que California era una isla. Finalmente, tendríamos la mención de que fue alemán, ya que el mismo Kino no estaba seguro de su nacionalidad o que el apellido del alimrante califórnico fue Atondo, no Otondo. (Debo agregar que la imagen del acta de fallecimiento del misionero que adorna este artículo fue editada. El original ocupa dos páginas, el final de una y el inicio de otra) 

No podemos deducir la enfermedad que le causó la muerte a Kino en caso que no haya sido simplemente la edad. Manje mismo nos orienta hacia una pista probable sobre las enfermedades que, crónicamente, enfermaban a Kino y que apuntan a malaria:  “En las fuertes fiebres que le daban, no provava nada en 6 días que más que levantarse a celebrar y acostarse; y, deviltanto y desmaiando la naturaleza las extinguía.”

Y en cuanto a su temperamento, también Manje nos lo explica:  

“sus conversaciones eran los melifuos nombres de Jesús y María y las combersiones de los gentiles, por quienes siempre pedía a Dios… Conozí era de natural colérico quando reprendía al que pecava públicamente; y, si despreciaban su persona, lo atemperava tanto que ya avía hecho ávito de realzar a quien con vilipendios, denuestos e ynproperios lo maltrataba de palabra, obra o por escrito, usando los superlativos de “reciví la gratísima, estimadíssima” y otros de obsequio y agradecimiento; y, si era en su cara, yva a abrazar al que los decía, diciendo: “es vuestra merced y a ser mi queridíssimo dueño, aunque no quiera” Y luego yva quizá a ofrecer los desprecios al Divino Señor y Dolorosa Madre a cuio templo entrava a rezar cada día cien vezes. Y después de cena, viéndonos ya acostados, se entrava en él, y, aunque me trasnochava leiendo, nunca le oí salir para coger el sueño que era bien parco.”

En 1712, un año después de la muerte de Kino, el Padre Campos desenterró los restos de los padres Ignacio de Yturmendi y Manuel González de Tubutama, donde habían sido inhumados al morir allí, y se los llevó a Magdalena, en donde los reinhumó  a los lados de los de Kino. Allí pueden ser vistos actualmente por el viajero, acompañando a los del misionero trentino.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Kino escribe Favores Celestiales



El otro libro, aparte del de Manje que cubrimos en el artículo anterior, que también nos hace la crónica de las expediciones en la Pimería Alta de Eusebio Francisco Kino, fue escrito por el misionero y lleva, completo, el larguísimo título, como era costumbre entonces, de:“Favores Celestiales de Jesús y de María Santísima y del gloriosísimo apóstol de las Indias, San Francisco Xavier, experimentados en las nuevas conquistas y nuevas conversiones del nuevo reino de la Nueva Navarra de esta América septentrional incógnita y paso por tierra a la California, en treinta y cinco grados de altura, con su nuevo mapa cosmográfico de estas nuevas y dilatadas tierras, que, hasta ahora habían sido incógnitas, dedicados a la Real Majestad de Felipo V, muy católico rey y gran monarca de las Españas y de las Indias,” aunque actualmente lo conocemos simplemente como “Favores Celestiales.” 

Felipe V de España
En su dedicatoria al Rey Felipe V, primer rey Borbón de España y sucesor de su último rey Habsburgo, Kino le propone que a toda esta región se le llame la Nueva Filipinas en su honor, haciendo derivar este nombre del de Felipe; ésto en segundo caso, ya que “si no es que vuestra real Majestad más guste … que estas nuevas conquistas … se decoren con el nuevo título de la Nueva Navarra … pues este nuevo reino de la Nueva Navarra americana podrá reunir otros más nuevos reinos cercanos que se están conquistando con los reinos ya conquistados, según y como el reino de la Navarra europea intermedia y une las coronas y reinos de Francia y España.“

Es decir, y empleando nuestro vocabulario moderno, le planteaba al rey que la Pimería Alta podía llamarse Nueva Navarra en recuerdo de Navarra, situada entre España y Francia, ya que Navarra había sido el origen de las nuevas  dinastías borbónicas, tanto francesa como española. En primer lugar, porque en Pau, Navarra,  había nacido Enrique IV de Francia,  primer rey Borbón de Francia; y en segundo, ahora también España se incorporaba a la dinastía borbónica con el ascenso de un tataranieto de Enrique IV al trono español, Felipe V.

Enrique IV de Francia
Pero además, esta referencia de Kino era halagueña en otro sentido a los oídos del primer rey borbón español, ya que también le hacía recordar los esfuerzos globalizantes de su tatarabuelo Enrique III de Navarra y IV de Francia, debido a que al igual que Enrique IV  había impulsado el comercio francés con el Lejano Oriente, ahora Felipe V de España podía convertir a la Pimería Alta en puente comercial entre Europa y Asia.  

Kino escribiría otras obras más, unas conocidas nuestras y otras más que se han perdido y tal vez se encuentren traspapeladas en algún archivo. Entre las primeras está su crónica de la vida del Padre Saeta, mártir de Caborca, que conocemos como “Inocente, Apostólica y Gloriosa Muerte;” así como el otro texto, el único que fuera impreso en vida del misionero y que causara el enojo de Don Carlos de Sigüenza, y que conocemos como “Exposición Astronómica de el cometa…”  Pero hubo otros manuscritos más de nuestro misionero que hoy han desaparecido, aunque Kino los señala. Entre éstos se encuentra el que menciona en una carta escrita en febrero de 1702: “El tratado de la California Baja, intitulado Novae Carolinae, porque con los tan católicos gastos de Don Carlos II se emprendió esa conquista, ya está escrito.” Además, en la dedicatoria de Favores Celestiales escribió lo siguiente: “Otro pequeño tratado intitulado “Manifiesto Cosmográfico de que la California no es isla sino península, y continuamente con esta Nueva España, acabándose el seno califórnico en 35 de altura,” lo acabo de escribir, y, con su mapa, lo remito a México al Padre Provincial Juan de Estrada, que su reverencia me lo pide.” De este otro texto tampoco se conoce su paradero.

Tanto en el título de Favores Celestiales como en las diversas menciones que hace en su texto de la unión entre Sonora y Baja California, originalmente Kino había escrito que su latitud se encontraba en los 32 grados, lo que se acerca a la realidad, ya que fallaba apenas en unos 40 Km. Sin embargo, algún suceso desconocido de nosotros ocurrió durante los últimos años de la vida del misionero, hecho que le llevó a cambiar esa latitud, tachándola en todas las ocurrencias del manuscrito y la reemplazó por 35 grados; es decir, un error de aproximadamente 360 Kilómetros.

Favores Celestiales es un libro que carece de cohesión histórica, porque fue escrito con la meta de publicitar lo logrado en las misiones y para conseguir más misioneros. Consta de cinco partes, la primera escrita a fines de 1699, comprende hasta ese año; la segunda cubre hasta los sucesos de 1702 y la tercera hasta 1704. La cuarta parte cubre hasta finales de 1706, aunque fue dedicada en 1708; y finalmente, la quinta parte fue dedicada en 1710, o sea un año antes de la muerte del misionero, y aunque originalmente no se planeaba su inclusión en Favores Celestiales, finalmente sí lo fue, mientras que el libro no conocería la imprenta sino hasta el siglo XX, primero cuando Herbert Eugene Bolton lo publicó en Inglés en 1919, y después en Español con la edición de 1923, que fuera iniciada en 1913 por Francisco Fernández del Castillo.

Esta es la herencia textual de Eusebio Francisco Kino, es la crónica de sus logros y de sus afanes, es la manifestación de los procesos mentales de aquel misionero que, formado académicamente en Europa, había sido destinado a nuestra región para incorporarla al catolicismo así como a la fórmula de existir de este ser humano mestizo, moderno, fronterizo.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Manje en la cárcel


Leímos en el artículo anterior de esta serie cómo Juan Matheo Manje escribió, al final de 1706, su libro “Luz de Tierra Incógnita…” y cómo al final del mismo incluyó un capítulo que tituló “Conclusión de esta obra y nota del estado presente, espiritual y temporal, que tienen estas naciones de la provincia de Sonora…” en el que agregaba una serie de apreciaciones que atacaban la propiedad de las mejores tierras existentes para las misiones, así como otras acusaciones contra los Jesuitas, diciendo que éstos no atendían a las necesidades espirituales de los no indígenas.

Esta serie de expresiones de Manje llevaron a que los Jesuitas amenazaran con abandonar la labor misional si no se ponía remedio a esos graves cargos. En respuesta, el Gobernador de Nueva Vizcaya, Juan Fernández de Córdoba, ordenó que Manje fuera arrestado y conducido, en grilletes, a Parral para ser juzgado, así como que se le embargaran sus bienes. Estando ya a recaudo Manje en Parral a principios de 1708, los Jesuitas se retractaron y en varias cartas le pidieron al Gobernador que Manje fuera liberado. Estas cartas llevaron de nuevo a que el Gobernador ordenara que Manje fuera puesto en libertad “sin preguntar la causa de su prisión” lo que, obviamente, no fue del agrado de Manje, quien sufrió la vergüenza de haber sido llevado preso desde Sonora, y ver cómo ahora era liberado sin ninguna explicación.

Así fue cómo la ocasión para que ocurriera un segundo enfrentamiento no tardó en presentarse. El 27 de abril de 1708 Manje se encontraba aún en Parral, aunque libre, y ese día habló con el Gobernador sobre el problema que le había llevado a ser apresado.  Furioso, en su conversación agregó que “había tenido una carta de la provincia de Sonora en que le avisaban que luego que lo habían traído preso, dos religiosos de la Compañía de Jesús misioneros, habían juntado los indios de sus pueblos y predicándoles que ellos lo podían todo, pues hacían sacar los españoles de aquella manera.” Al escuchar ésto, el Gobernador le preguntó si podía probar lo que decía, que era una grave acusación contra la orden Jesuita, a lo que Manje respondió que sí. Entonces el Gobernador le pidió que le mostrara la carta a lo que Manje se negó. Frente a esta situación, el Gobernador Fernández le ordenó que mostrara la carta de que hablaba o lo metería nuevamente en la cárcel. “A lo que dicho Juan Matheo respondió que hiciera lo que quisiera, que le quitara la cabeza, que toda la provincia de Sonora se perdería por él.”

En seguida, Fernández ordenó que nuevamente Manje fuera encarcelado, y que “para que le sirva de castigo a su inobediencia, subsista preso en dicha cárcel hasta que a su Señoría  le parezca equivalente castigo a su culpa.” Y así fue enviado nuevamente Manje a prisión. No sabemos cuánto permanecería el militar aragonés detrás de las rejas, ya que no se conoce en dónde hayan quedado los expedientes de esta causa. Lo único que sabemos es que en la segunda versión de su libro “Luz de Tierra Incógnita…” escrito años después, en 1720, Manje agregó en su prefacio una pequeña explicación sobre lo sucedido en 1708: “Y a la final puse un manifiesto del estado temporal y espiritual de las misiones, y milicia y minas de esta [provincia] de Sonora, en donde ha treinta años que resido, cuya genuina relación fue la piedra de escándalo para articular contra mí subrepticios informes, llevados de una fácil y vana credulidad vulgata; y habiéndose visto y expurgado por varones doctos, sabios y píos, prudentes y curcunspectos, aprobaron la obra de mis aserciones en el crisol del eximio examen, defendiéndola y volviendo por mi inocencia.”

Sin embargo, en esa segunda edición, Manje no incluyó la  “Conclusión…” que había escrito en 1706, la que fue reemplazada por una descripción de Sonora, escrita por el Jesuita Luis Velarde, quien sustituyó a Kino en Dolores después de la muerte del misionero. Además, Manje agregó un párrafo explicatorio sobre las causas que le llevaron a eliminar su “Conclusión…” de esta segunda edición: “porque se reformó parte de lo que pedía forzoso como preciso remedio; omitiendo ésto pasaré a producir sucintamente lo que faltaba de remediar.” Es decir, de estos textos deducimos que Manje y los Jesuitas llegaron a un acuerdo que muy probablemente fue verbal: mientras los Jesuitas retiraron sus cargos contra el militar, éste a su vez omitió su “Conclusión…” de la segunda edición de su obra. Conocemos el texto de ésta porque en la Biblioteca Real de Madrid existe una copia de “Luz de Tierra Incógnita…” con la “Conclusión” de 1706 incluida.

domingo, 19 de junio de 2011

La Ogresa de Pozo Verde

Después de subir al volcán del Pinacate, Kino se preparó para su siguiente aventura expedicionaria, y el 7 de febrero de 1699, al concluir la pertinaz  “equipata” o lluvias invernales que algunos años mojan pausadamente todo el territorio de Sonora y Arizona, partían de Dolores nuestro misionero acompañado del padre Adamo Gilg, que era entonces misionero de Nuestra Señora del Pópulo de los Seris, misión fundada al Norte del actual Horcasitas sobre el río San Miguel. Los acompañaba Juan Matheo Manje, ocho cargas de provisiones, ochenta caballos y los ornamentos para ofrecer la misa. Además, Kino adelantó treinta y seis cabezas de ganado para establecer un rancho ganadero en Sonoita, en medio del desierto sonorense. De este viaje el misionero no dejó una crónica extensa, aunque gracias a la pluma de Manje contamos con dos.

Cruzaron la sierra y llegaron a San Ignacio, donde el Padre Agustín de Campos les entregó más provisiones. Siguieron después por la ruta de Magdalena y Tubutama y, continuando por el río Altar, pasaron por Sáric, Búsanic y Tucubavia, región que había quedado sin misionero después del asesinato del Padre Saeta, aunque el Padre Campos de San Ignacio acostumbraba ir a visitarlos y predicarles. En seguida, siguiendo una línea imaginaria que entonces no existía, la frontera entre el actual Estados Unidos que tampoco había nacido aún y México que todavía no lograba su independencia, se dirigieron hacia el noroeste, y poco más delante llegaron a un manantial de agua cristalina que hoy conocemos como Pozo Verde, situado en la falda Sur de las montañas de Baboquívari, unos siete kilómetros al oeste del actual pueblo fronterizo del Sásabe, que tampoco existía entonces.



Los nativos los llevaron a que vieran “un corral o patio, en forma cuadrada, con paredes altas de un estado de piedra seca… [y les dijeron que] en tiempos muy atrasados de su gentilidad, según se había ido derivando la noticia de padres a hijos, había venido, de hacia el norte, una mujer o monstruo agigantado, de cómo tres varas de estatura [alrededor de tres metros], con el osico a modo de puerco y las uñas tan largas que parecían de águila, y que comía carne umana; y que por las atrosidades y muertes de indios que asía, de un golpe; aunque, dándole de comer se mostraba familiar con todos; y que procuravan casarle venados y otras cosas, por el miedo que le tenían no destruyese a la gente.”

Así, los nativos decidieron matarla y: “de común acuerdo hicieron aquel corral los gentiles de aquella comarca. Y convidaron con muchísima casa y vino, con que enbriagaron a aquella gigante; y que, luego, formaron un baile dentro del corral, que duró algún tiempo, hasta que el dicho monstruo pidió lo llevasen a una cueva grande, de peña, que inmediatamente ahí nos enseñaron, toda ahumada, que era su continua abitación; que entonces, venciéndolo la embriaguez y sueño y acostado, dentro de la cueva pusieron los muchos gentiles que habían concurrido para esto un gran cúmulo y cerro de leña, con que tapiaron la puerta y pegaron fuego; cuya materia combustible abrasó aquel monstruo, por donde se libraron de molestia. Esto es, en sustancia, lo que nos dijeron. La verdad Dios la sabe. Lo sierto es que está el corral y la cueva patente y que, también, a abido gigantes en esta tierra..”

Y para reforzar su juicio, Manje agregó un párrafo que los habitantes del actual Moctezuma, antiguo Oposura, reconocerán: “y lo corroboran los yndios christianos del pueblo de Oposura, de nación opata, misión cercana al Real de San Juan de Sonora; quienes dizen que, en tiempo de su gentilidad, mataron otro gigante varón. Y, en la estancia de esta misión, que dista 3 leguas, cavando, se allan subterráneos gϋesos mui grandes. Y ubo una canilla, poco tiempo a, que tenía más de bara de largo, y una choquezuela, del tamaño de una cabeza, de disforme grosor el resto de la canilla.”

Obviamente, Manje se refería a los fósiles que hay en la región de Moctezuma y que gracias a la tecnología sabemos que datan de finales del Pleistoceno. Es obvio que los indígenas no pudieron encontrar dinosauros sino más bien se debieron referir a bisontes, que hoy se han extinguido en Sonora.

Y si uno visita actualmente Pozo Verde, encontrará aún un corral de piedra que posiblemente sea el que visitaron nuestros viajeros hace ya más de tres siglos; al verlo, la imaginación se libera intentando encontrarle orden a estas leyendas que forman parte íntima de la mitología de los Pápagos. Pero el espacio se me agota, por lo que en el próximo de esta serie continuaremos acompañando a nuestros viajeros…

domingo, 19 de diciembre de 2010

Kino en la Ciudad de México


Y así, llegó Eusebio Francisco Kino a la Nueva España en junio de 1681, cuando la fama de sus estudios le habían precedido, por lo que la élite intelectual novohispana lo recibió con los brazos abiertos. Además, la Duquesa de Aveiro le había enviado una recomendación del aspirante a misionero a su prima, la Virreina de la Nueva España, María Luisa Gonzaga, Condesa de Paredes.

La Ciudad de México se había convertido para entonces en el principal centro de expresión cultural de un naciente nacionalismo. Dentro de este escenario,es muy probable que haya sido Don Carlos de Sigϋenza y Góngora quien llevó a presentar a Kino ante Sor Juana Inés de la Cruz, Francisco de Florencia o Fray Agustín de Vetancourt y demás intelectuales novohispanos. El mismo Sigϋenza y Góngora nos cuenta cómo puso él en contacto a Kino con sus amigos novohispanos: “…por las noticias que corrían de ser eminentísimo matemático, estimulado del deseo insaciable que tengo de comunicar con semejantes hombres … me entré por las puertas de su aposento, me hice su amigo, lo llevé a mi casa, lo regalé en ella, lo introduje con mis amigos…”
Don Carlos de Sigϋenza y Góngora

Carlos de Sigϋenza y Góngora era para entonces uno de los más reconocidos sabios mexicanos. De la misma edad que Kino, ya que había sido bautizado cuatro días después que el futuro misionero, fue el segundo hijo del peninsular Carlos de Sigϋenza y Dionisia Suárez de Figueroa y Góngora, a su vez sobrina del Poeta español, Luis de Góngora. Para entonces era ya reconocida su trayectoria en el mundo de la ciencia, y actualmente se le reconoce entre los principales promotores de la ciencia y el nacionalismo mexicanos.

Sor Juana, que era pocos años menor que Kino y a la llegada del misionero a la Nueva España ya se había incorporado a la orden de las Jerónimas, para entonces se había convertido en una famosa poetisa. Francisco de Florencia, por otro lado, era veinticinco años mayor que Kino y al igual que él era jesuita; había llegado a México contemporáneamente a nuestro misionero y sería uno de los principales promotores del guadalupanismo mexicano. Finalmente, Fray Agustin de Vetancurt (una de las formas ortográficas de su apellido), de la misma edad que Florencia, era ya reconocido entonces por su "Arte de Lengua Mexicana," aunque otras obras suyas posteriores, como "Teatro mexicano," lo transformarían en uno de los principales mexicanistas.

Con Sigϋenza, Kino de inmediato intercambió información acerca de las observaciones del cometa que había visto en España. El sabio mexicano acababa de escribir una serie de libros en que negaba validez a la interpretación astrológica de los cometas como precursores de males y calamidades. Así, en enero de ese año de 1680 había publicado su “Manifiesto filosófico contra los cometas despojados del imperio que tenían sobre los tímidos,” y poco después su “Belerofonte Matemático contra la Quimera Astrológica.”

Lo que no sabía Sigϋenza, ni Kino le mencionó, era que el jesuita escribía por entonces un libro que llevaría por título “Exposición Astronómica de el cometa que el año de 1680…” en el que argumentaba precisamente lo contrario, que los cometas eran precursores de desastres. El mismo Sigϋenza nos cuenta cómo supo que los rumores que habían llegado a sus oídos de que esta publicación de Kino eran ciertos:   

“…vino a mis manos por las del reverendo padre, que me la dio con toda liberalidad un día que (como muchos otros lo hacía) me visitó en mi casa; y despidiéndose para irse aquella misma tarde a las provincias de Cinaloa, me preguntó que en qué me ocupaba entonces. Y respondiéndole que no tenía cosa particular que me precisase al estudio, me instó que en leyendo su libro no me faltaría que escribir y en que ocupar el tiempo con lo cual confirmé la verdad de los que me lo habían prevenido y me di por citado para el literario duelo a que me emplazaba…”

En el texto de su libro, Kino incluía algunos elementos que, cada uno por sí sólo, causarían el distanciamiento entre ambos personajes: estaba dedicado al Virrey, Conde de la Zerda, mientras que el “Manifiesto Filosófico” de Sigϋenza estaba dirigido a calmar a la virreina de temores infundados contra los cometas. Además, hay otros elementos en la “Exposición Astronómica” que han sido dejados de lado por los estudiosos. En primer lugar, siguiendo a las autorizaciones para su publicación, Kino incluye un poema anónimo que hace referencia al tema de la obra:

"Pues dexa el libro campo a elogios libre,
Más que por elección por congintencia:
Alto. Corra de Euterpe en la cadencia,
Libre del Sol, y el mar a el escarmiento,
De la feliz laguna al sacro río.
Y del Naguense Guadalupe al Tibre,
(A pesar del sagrado encogimiento
de su autor no elocuente,  mas que pio
Eusebio que felice piedad suena,
verde observancia o religión amena),
O crinito lucero la alta fama 
De la elocuencia, que peinó tu llama,
Huesped de nuestros ojos lunas quatro
Annuas porciones de distincto Henero,
De ochenta aquel, de ochenta y uno aqueste,
Util, como elegante passagero
Representaste quantos desengaños
A los futuros, y presentes años;
En tu papel celeste,
Quando de barba, quando de cabello,
Con mas, o menos vello
... 
De infortunios no origen, sino amago,
Si al fin te discurrió, no hayas sospecha,
De menos aceptable,
no de plausible menos;
Quando Hipocrita aziago
Entre los rayos de tu luz serena
A lo invisible solo formidable,
Bien qual grito sin voz, rayo sin truenos,
Feliz te contempló del arco flecha
De aquel inescrutable amor, que quiere
Muera ninguno, en fee, de que el no muere,
O qual favor en si, si acá sentencia
Del justo acuerdo de su amante audiencia,
Que el terco delinquir de los mortales
Intenta bienes, conminando males."

Hay quien le ha atribuido este poema anónimo a Sor Juana; pero además, partiendo del conocimiento de que en la obra la poetisa abundan los textos apologéticos dirigidos a los Virreyes de Nueva España y a sus esposas, esta obra de Kino contiene también una especie de prólogo escrito en una pluma que por su dominio del lenguaje y uso de alegorías literarias debió haber sido escrito por ella. En el mismo, por ejemplo, se hace referencia al nombre del Virrey, Tomás Antonio Manrique de la Zerda, miembro de la Casa de Medinacelli, en una parábola literaria comparándolo con la eclíptica celeste que cruza la mitad del cielo:

"puesto que la Augusta Zerda, que os renombra a un tiempo une, y estiende por tantos esclarecidos heroes, como os ascienden, en vuestra Real casa; mas esplendores que en las suyas el Zodiaco; Hermosa sobre galana similitud, a que se llega ser celeste, y vos Medina Coeli. Porque de la suerte que aquel circulo maximo entre los otros sus paralelos arabanca mas cielo, y abraza mas lucientes familias de aquel orbe, a causa de que la que llamamos Ecclípptica se contempla a la traza, o idea de una no menos dichosa que delicada hebra..."  

Sor Juana Ines de la Cruz
De cualquier manera, no hay duda de que la monja mexicana estuvo relacionada con la obra de Kino, ya que ella le compuso el siguiente poema en el que subraya específicamente lo que intepreta como racionalismo del jesuita en su obra sobre el cometa:


Aunque es clara del Cielo la luz pura,
clara la Luna y claras las Estrellas,
y claras las efímeras centellas
que el aire eleva y el incendio apura;
aunque es el rayo claro, cuya dura
producción cuesta al viento mil querellas,
y el relámpago que hizo de sus huellas
medrosa luz en la tiniebla obscura;
todo el conocimiento torpe humano
se estuvo obscuro sin que las mortales
plumas pudiesen ser, con vuelo ufano,
Icaros de discursos racionales,
hasta que el tuyo, Eusebio soberano,
les dió luz a las Luces celestiales.

Sigϋenza publicaría en 1690, cuando Kino ya estaba en Sonora, su “Libra Astronómica” en la que rebatía, uno por uno, los argumentos de Kino. Pero además, en este texto se refiere al poema publicado en el libro de Kino, “…no se rearguya con sonetitos sin nombre, ni se le pongan objeciones donde no se puedan satisfacer, sino publíquense por medio de la imprenta para que las podamos oir.”

Sor Juana, a su vez, publicaría un soneto dedicado a Sigϋenza en el que nos da a entender que en realidad no entendía muy bien el mensaje científico del sabio mexicano:

"no el sacro numen con mi voz ofendo,
ni al que pulsa divino plectro de oro
agreste vena concordar pretendo;
pues por no profanar tanto decoro,
mi entendimiento admira lo que entiendo
y mi fe reverencia lo que ignoro."

Los dos últimos versos de este soneto escrito por Sor Juana a Sigϋenza merecieron el siguiente comentario del erudito mexicano, Alfonso Méndez Plancarte, quien publicó sus obras completas:

"mi fe, no teológica, sino humana (o sea, aquí el acatamiento de la reconocida maestría del artífice), reverencia lo que ignoro: confía en que entrañará seguras bellezas, aun tal o cual pasaje que hurte su sentido a las primeras lecturas"... -No ironía (insospechable en la mutua y cordialísima estimación de Sor J. y Don Carlos), sino ilustre lección de respeto a quien lo merece." 

Sin embargo, después de conocer estos datos que Méndez Plancarte no tuvo a su alcance, no estoy tan seguro de que este soneto no haya tenido su vena irónica.

De cualquier manera, parece ser que el distanciamiento entre la Musa Mexicana y Sigϋenza no fue permanente, ya que en 1695 al erudito le tocaría pronunciar la oración fúnebre en ocasión del fallecimiento de Sor Juana. Sin embargo, el cisma abierto entre Sigϋenza y Kino no pudo ser reparado y en mi opinión sería causa de que, años después, Juan Matheo Manje no haya querido aceptar la peninsularidad californiana. Pero no debo adelantarme…

domingo, 12 de diciembre de 2010

La venida de Kino a América

Al concluir sus estudios y noviciado como Jesuita, Eusebio Francisco Kino se preparó para partir a la misión. Como una película en reversa, recorrió en sentido contrario a la cronología de sus estudios los lugares que había visitado durante su infancia y juventud. El 30 de marzo de 1678 salía de Oettingen, pasaba por Munich, y de allí a Hala para cruzar el Paso de Brenner y llegar a Trento, de donde se desvió para visitar por última ocasión Val di Non y el poblado donde había nacido, Segno, para despedirse de sus familiares.

Después reanudó su viaje y el 2 de mayo llegaba al puerto italiano de Génova. El 12 de junio zarpaban diecinueve jesuitas, y tras unos días pasados en Alicante llegaban a Cádiz, justo a tiempo de ver partir la flota que iba a América, que no los había esperado. Eso les obligó a esperar mientras se conseguía lugar en otro viaje al nuevo continente.

Mientras, Kino fue a Sevilla, en donde pasó el tiempo enseñando matemáticas y cartografía, y a finales de marzo de 1680 regresaba a Cádiz a preparar su partida. El 17 de julio, Kino y los demás jesuitas que esperaban una nave, abordaban el barco que partiría a la Nueva España, en donde unos se quedarían y otros seguirían a Filipinas y al lejano oriente. Pero el barco encalló y tuvieron que abandonarlo. Así, Kino regresó al colegio jesuita de Cádiz, a la enseñanza.

Durante estos seis meses de nueva espera, inició una relación epistolar con la Duquesa de Arcos y Aveiro (María de Guadalupe de Lancastre y Cárdenas 1630-1715), que vivía en Madrid. Perteneciente a una de las familias más ricas en España, era reconocida por sus actividades filantrópicas y de beneficio a la actividad jesuita en el Oriente. En una de sus cartas le contaba que en una apuesta que hizo con otro jesuita para determinar a dónde serían enviados, había perdido: iría a América aún cuando su aspiración era la misión en Oriente. Pero además, originada de esta contrariedad, le expresaba el germen de la idea que, no lo sabía aún, motivaría sus expediciones pimalteñas: la posibilidad, le decía, de utilizar a nuestra región como puente entre Europa y China.

La Duquesa de Aveiro

También de este periodo data su observación de un enorme cometa que empezó a ser visto en diciembre de ese 1680. Kino le escribiría a la Duquesa que lo veía como augurio de “muchas fatalidades…  calamidades para toda Europa… sequías, hambre, tempestades, terremotos, grandes desórdenes del cuerpo humano, discordias, guerras, muchas epidemias, fiebres, pestes y muertes…” Sin embargo, conforme fue transcurriendo diciembre, el cometa fue disminuyendo de tamaño sin que las calamidades profetizadas se hicieran realidad.

Y así llegó la oportunidad esperada para viajar a la Nueva España; el 27 de enero de 1681 partía de Cádiz en el navío de aviso San Fernando, cuyo capitán y dueño era Juan Bermudo. En el registro del barco, debido a que la Corona Española establecía restricciones al número de misioneros no españoles que podían ir a América, el nombre de los jesuitas que iban fue modificado, hispanizándolos. Así, su nombre aparece como Eusebio Chávez, y su descripción es la siguiente: “Natural de Córdoba, 21 años. Buen cuerpo. Moreno. Pelo negro ensortijado,” Es decir, una descripción que en nada se parecía al físico de nuestro jesuita. 

De la monotonía de su viaje, Kino no dejó una crónica, aunque contamos con la del grupo de jesuitas que le precedió y que podemos aplicar a su caso: Cada mañana, “muy temprano, un soldado despertaba al capitán y le pedía permiso para cambiar la guardia nocturna, se tocaba un tambor y disparaban dos rifles.  Se despertaban los marineros y soldados y se elevaban las velas. Luego seguía la misa o al menos una plegaria matutina. A las nueve, una campana anunciaba el desayuno… después del desayuno, se servía chocolate para quien lo quisiera, y después los pasajeros hacían lo que querían… A las cuatro de la tarde se cenaba, y después de la puesta del sol se daba la señal de la oración nocturna.”

Después de 96 días de travesía marina, el 3 de mayo de 1681 nuestro misionero llegaba a Veracruz, y en junio, dos meses antes de cumplir los 46 años y tres años después de partir de Oettingen, tras remontar el paso entre los volcanes, Eusebio Francisco Kino alcanzó a ver la que con el paso de los años sería calificada como “región más transparente,” la Ciudad de México, capital de la Nueva España.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Kino y su educación

Al cumplir los nueve años de edad, Kino partió de Segno, su lugar nativo, a estudiar a Trento. Ingresó al Gymnasium, una escuela administrada por la Compañía de Jesús, en la que realizó sus estudios preparatorios para la universidad y en el que pasaría los siguientes ocho años.




Mapa Interactivo de la región donde estudió Kino. Puedes acercarte, alejarte, cambiar de vista y de tipo de mapa.

Ya cumplidos los 17 años de edad, en 1663 se dirigió hacia el Norte. Atrás quedaba Italia y frente a él Alemania. En esta última pasaría el resto de su vida de estudios. Cruzó el Paso de Brenner y llegó al colegio jesuita de Hala, cuyo nombre, basado en “hall,” que significa sal, se lo dieron las cercanas minas de este producto. Es un poblado ubicado del lado norte de los Alpes, ya en Austria, a unos 150 Km al norte de Trento y unos 8 kilómetros al Este de Innsbruck (puente sobre el río Inn). En Hala pasó dos años de estudio. Estando allí, enfermó gravemente, al grado de que se temía por su vida. Fue entonces que, por sugerencia de un maestro prometió que si sanaba, dedicaría su vida a la labor misionera.

Habiendo terminado sus estudios en Hala, en 1664 ingresaba a la Universidad de Freiburgo, ubicada a unos 300 Km al Oeste, en donde estudió Filosofía y Letras en una de las escuelas que desde 1620 administraba la Orden Jesuita. Allí duraría hasta cumplir los 22 años de edad. En ese centro de estudios cumplió su promesa y entró como novicio a la Orden de Jesús en noviembre de 1665. De esta manera empezaba un periodo de 12 años, que era requisito para poder ingresar a la Orden.

Ya como novicio, entre 1665 y 1667 Kino estudió en Landsberg, ubicado a unos 230 Km hacia el este, cerca de Múnich, donde inició su noviciado, para ir después a Ingolstadt, en cuya universidad permaneció de 1667 a 1669, estudiando Filosofía, otro de los requisitos para ordenarse. Entonces recibió sus órdenes menores.

Habiendo terminado sus estudios y noviciado, continuó realizando su servicio, como era obligación jesuita, y regresó a Hala, en donde había iniciado sus estudios, a enseñar Gramática entre 1669 y 1673.
Después, repasando sus huellas de hacía unos años, entre 1673 y 1676 nuevamente regresó a Ingolstadt a estudiar Teología, además de ciencias de la tierra, tales como Cartografía, Matemáticas, Geografía y Astronomía, que consideraba que le serían útiles como misionero en China, que era a donde deseaba ser enviado como misionero. Fue entonces cuando inició una letanía de solicitudes para ser asignado como misionero en China, aunque sin suerte.

Después, regresó a Freiburgo en donde permaneció casi un año estudiando Astronomía, y el 11 de junio de 1677 era ordenado sacerdote en la Catedral de San Guilebaldo, de Eichstaett, en donde se conservan el cuerpo y reliquias de viajes del santo, que fue obispo del lugar. Y aquí merece hacer una pequeña digresión explicativa porque existen paralelismos entre la vida del santo y la de Kino que auguran una veta de información desconocida aún, y que nos hace preguntarnos ¿quién y porqué se escogería esa iglesia para la ordenación de Kino?

San Guilebaldo (nacido en Wessex, c.700 y fallecido c. 787 en Eichstatt), al igual que Kino, enfermaría siendo niño,  y sus padres prometieron que si se salvaba lo ingresarían a la Orden Benedictina. Así sucedió y Guilebaldo ingresó a la orden. Pero el paralelismo no termina aquí: las miras de Guilebaldo no estaban tanto en la misión como en la exploración geográfica, por lo que dedicó gran parte de su vida visitando Asia, el resto de Europa y la Tierra Santa. A su regreso, a los 41 años de edad sería enviado a Eichstaett a realizar labor misional.

El mismo año de 1677, Kino era asignado a la Gnadenkapelle (Capilla de la Imagen Milagrosa), en Altoetting, una de las iglesias más visitadas en Alemania. Allí permanecería hasta que finalmente fue asignado como misionero, no en China, como deseaba, sino en la Nueva España.

domingo, 28 de noviembre de 2010

El Nacimiento de Kino

Acabo de concluir la serie a propósito del Bicentenario y Centenario (verlo aquí), una serie de artículos que rebasó con mucho mis mejores expectativas, ya que aparte de los lectores periodísticos que soportaron mis dislates, el blog que formé con ese material para responder a quienes me pedían los artículos anteriores ha tenido una gran recepción.

Por otro lado, debido a que el próximo mes de marzo, 2011, se cumplen trescientos años del fallecimiento del misionero Eusebio Francisco Kino (15 de marzo de 1711), y gracias al espacio que generosamente me ofrece el diario El Imparcial, de Sonora, inicio ahora otra serie en conmemoración de nuestro Jesuita.

Al igual que la región en la que le tocaría desarrollar su labor misional, la Pimería Alta, que antes de su arribo fue frontera entre la región colonizada y la de los “infieles,” como se les llamaba entonces, y que aún hoy es frontera, aunque entre dos naciones, el misionero jesuita Eusebio Francisco Kino nacería en la frontera misma entre Alemania e Italia.

Kino mismo no sabía a qué nación pertenecía. Así se lo dijo a la Duquesa de Aveiro: “Tengo mucho gusto en escribir acerca de mi nación y mi país. Soy de Trento en el Tirol, pero tengo la duda de si deba llamarme italiano o alemán.” Esto se debía a que la región donde nació correspondía entonces al Principado-Obispado de Trento, perteneciente desde 1027 al Sacro Imperio Romano, aunque su cultura y lenguaje eran italianos. Fue hasta después de la Primera Guerra Mundial cuando esa región pasó al dominio de Italia.

La región donde nació Kino. Segno aparece en el centro de la imagen, y Trento en la esquina inferior derecha

Segno, su poblado nativo, está ubicado en un profundo cañón, Val di Non, de unos 20 Km de longitud y regado por el río Noce, que a su vez desemboca en otro cañón mayor por donde corre el río Adigio que atraviesa el norte de Italia y va a desembocar al Mediterráneo. Ambos cañones, con un característico perfil en forma de U, nos dicen que su origen es glacial y se encuentran ubicados en la falda Sur de los Alpes.

Segno no alcanza mucha altura, tiene apenas los 500 metros sobre el nivel del mar, ni la mitad de Nogales aunque el doble de Hermosillo, ambos en Sonora, México. Es, sin embargo, mucho más frío que nuestra región, ya que su latitud es mucho mayor que la de Sonora, 46 grados, o sea equivalente a la frontera entre Canadá y Estados Unidos, contra los 30 de la antigua Pimería Alta; además, la serranía donde se encajona Segno, parte de los Alpes, alcanza los 1,600 Metros hacia el Este y 2,500 metros hacia el Oeste de Segno.

La población más importante de esa región indudablemente siempre ha sido Trento, ubicado a unos 25 kilómetros al Sur de Segno y regado también por el río Adigio. Allí se realizó, un siglo antes del nacimiento de Kino, uno de los más importantes concilios del catolicismo, el que definió la doctrina de la Contra Reforma y presenció el auge de la Orden Jesuita.

Kino fue bautizado en Torra, una parroquia del principado de Segno. Ambos poblados, pequeños, están separados entre sí por poco más de medio kilómetro, aunque Torra es mucho más chico que Segno. El texto del bautismo, original en latín, reza: “El 10 de agosto, 1645, Eusebius, hijo de Franciscus Chinus y su esposa Donna Margherita, fue bautizado en presencia de los padrinos, el reverendo rector, el muy honorable Padre Don Arnoldus Thay, y Doña Rosa, esposa de Don Eusebius Chinus de Segno.”

La traducción al italiano del apellido del documento bautismal, como digo escrito en latín, equivale a Chini y se pronuncia “Quini,” que es la forma que hoy utilizan los miembros laterales de su familia que viven en Segno, ya que el misionero tuvo hermanas, no hermanos. Es de origen italiano, ya que de tener raíces germanas se escribiría Kϋhn.

El misionero mismo adoptó el apellido Kino a su llegada a América: en español, la ortografía de su apellido, Chini o Chino, se confundía con la nación asiática. Por eso la cambió para conservar su pronunciación. Además, asumió el nombre Francisco, quedando como lo conocemos: Eusebio Francisco Kino.