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domingo, 4 de diciembre de 2011

La Pimería Alta después de Kino

Después del fallecimiento de Kino, la Pimería Alta continuó su vida cotidiana. El Padre Luis Javier Velarde se hizo cargo de la misión de Dolores, que había estado a cargo de Kino, y el Padre Agustín de Campos continuó, desde San Ignacio, la labor misional en el Valle del Asunción; para 1715 había realizado tres viajes a la costa sonorense, y en 1721, acompañado de Manje la visitaría nuevamente, intentando encontrar al misionero californiano, Juan de Ugarte, quien había construido un barco para explorar la costa, aunque sin éxito.  A su vez, Manje seguiría su vida en el Norte del actual Sonora, formando una familia y estableciéndose en lugares relacionados con la minería, ya que vivió en Tetuachi, Nacozari y Bacanuchi hasta su deceso que debió de ocurrir poco después de 1736. El Padre Juan María Salvatierra, por su lado, sobreviviría a Kino seis años, y para entonces los Jesuitas habían fundado siete misiones califórnicas.

En 1727 llegó a la Pimería el Obispo de Durango, y al atestiguar la precaria situación de la región, consiguió más misioneros. 1732 vería el arribo de tres jesuitas nativos de Europa Oriental, Segesser a San Xavier del Bac, Grashoffer a Guevavi (situada a unos 10 Km al Norte del actual Nogales, Arizona), y Keller a Suamca (actual Santa Cruz), los que se encargaron de continuar la labor misional y exploratoria.

Por esos años, las pugnas por la tenencia de la tierra entre misiones y españoles aún no existían. Posiblemente los misioneros y militares alentaban el establecimiento de ranchos en regiones apartadas de la labor misional que sirvieran de protección contra los apaches. Así sucedió en el río Santa Cruz con el establecimiento del rancho de Diego Romero, Santa Bárbara, en 1727, desde donde se extendieron a otros más por esa región: en 1741 se les adjudicaban dos sitios y medio de terreno a los herederos de Romero en el antiguo rancho ganadero de Kino, San Luis, mientras que Santa Bárbara pasaba por entonces a posesión de Gabriel Antonio de Vildósola.

En 1736 era descubierto, al suroeste del actual Nogales, Sonora, un yacimiento con enormes lozas de plata pura, la mayor de las cuales llegó a pesar dos toneladas. Era un lugar aledaño al puesto del Arizona que desde entonces lleva el nombre de Planchas de Plata. Se ordenó el embargo de lo encontrado, inició la investigación si era yacimiento natural o tesoro enterrado, aunque los constantes ataques apaches y el agotamiento del metal superficial llevaron al abandono del lugar. De cualquier manera, su fama continuó a través del tiempo hasta heredarle su nombre al actual Estado de Arizona.  El panorama se veía promisorio: el Padre Sedelmayr, desde Tubutama, se había encargado de continuar la expansión misional en toda la Pimería Alta, realizando viajes exploratorios al río Colorado en 1744, 1749, 1750 y otro más después de 1751, además de escribir un informe de sus actividades e ir a la Cd. de México para promover otro impulso misionero más para la región.

Sin embargo, este crecimiento de ranchos y arribo de mineros españoles llevó al mayor problema que viera la Pimería Alta en toda su historia. En noviembre de 1751, una rebelión encabezada por el Pima Luis de Sáric sacrificaba a los misioneros de Caborca y Sonoita y de sus españoles y gente de razón; en Oquitoa fueron muertos 20 españoles más; en Sáric mataron a los españoles y fueron destruidos todos los asentamientos situados entre esa misión y la de San Javier del Bac, a la vez que en Tubutama fue atacado el pueblo. No corresponde a este espacio la crónica del levantamiento, aunque debo agregar que resultó en un éxodo generalizado de españoles de la Pimería Alta y en el establecimiento, por el gobierno, de los presidios (fuertes militares) de Tubac y Altar.

Otra consecuencia de este levantamiento, aunque de muchísimo mayor importancia, ocurrió en 1767 cuando todos los misioneros jesuitas fueron expulsados de los dominios españoles y reemplazados el año siguiente por los frailes franciscanos aunque  bajo otras condiciones de trabajo.

Poco después, el día 14 de octubre de 1775 pasaba por el entonces despoblado arroyo de Los Nogales una expedición de más de un centenar de colonos encabezados por el Cap. Juan Bautista de Anza hijo. Ellos lograron llevar a cabo la idea que sostuviera Kino durante toda su estancia en la Pimería Alta: establecer una ruta por tierra entre Sonora y California. Su motivación, sin embargo,  no fue establecer el comercio con Asia sino proteger California de las incursiones rusas. Después de su paso, el silencio regresó al arroyo, a esperar un siglo más para que naciera una población dividida por una frontera internacional que entonces no existía, en estas ciudades que hoy conocemos como Ambos Nogales.

domingo, 27 de noviembre de 2011

La muerte de Kino

No sabemos si Eusebio Francisco Kino realizó durante su vida más expediciones que las que he citado en esta serie de artículos, ya que no hay mención de alguna posterior a la última que mencioné. De cualquier manera, durante los meses siguientes a su última expedición registrada, continuó con su preocupación por abastecer las misiones califórnicas.  En diciembre de 1709 le escribía al Padre Juan de Yturberoaga, Procurador de la Provincia Jesuita de Nueva España: “El padre rector Juan María de Salvatierra da a entender que mi principal obligación [es] socorrer a la California por disposición de nuestro padre general …” Así, siguiendo esa tarea, transcurrieron los últimos meses de la vida del misionero pimalteño quien, desde su misión de Dolores, veía cómo había ido creciendo la Pimería Alta como abastecedora de las misiones califórnicas.

De esta manera llegó el 15 de marzo de 1711. Esa fecha le tocó asistir a la dedicación de una nueva capilla en la iglesia de Magdalena y nuestro misionero debió recorrer nuevamente ese camino que había recorrido tantas veces desde aquél lejano 1687 en que llegó, y que lo separaba de la cuenca del San Miguel, donde se encontraba Dolores, de la del Asunción, ubicación de Magdalena; así remontaría la sierra del Torreón que aún hoy domina el paisaje desde la carretera internacional y entraría al valle magdalenense. Ya en Magdalena, celebrando la ceremonia de dedicación de la capilla de San Francisco Xavier se sintió mal y esa noche falleció. Al padre Agustín de Campos le tocaría enterrarlo y registrar su fallecimiento en un acta cuya imagen aparece a la derecha y reza:
 
Año de 1711. En quince de marzo, poco antes de medianoche, recibidos los santos sacramentos, murió con grande sosiego y edificación en esta casa y pueblo de Santa Magdalena el padre Eusebio Francisco Kino, de edad de setenta años. Mntro de Nuestra Señora de los Dolores, fundada por el mismo padre, el cual trabajó incansablemente en continuas peregrinaciones y reducción de toda esta Pimería. Descubrió la Casa Grande, ríos de Gila y Colorado, y las naciones cocomaricopas y sumas y los quicamaopa de la isla; y descansando en el Señor está enterrado en esta capilla de San Francisco Xavier, al lado del Evangelio, donde caen la segunda y tercera silla, en ataúd. Fue de nación alemán, de la provincia a que pertenece Bavaria. Habiendo sido antes de entrar en la Pimería misionero y cosmógrafo en la California, en tiempo del almirante don Isidro de Otondo. Agustín de Campos S.J.

Al leer este texto, de inmediato varias inexactitudes llaman nuestra atención. De ellas, las más notables son que la edad verdadera de Kino, quien fue bautizado el 10 de agosto de 1645, era al momento de su muerte 65 años cumplidos y no setenta como asentó Campos. Además, que Campos aún entonces y contra la opinión de Kino, pensaba que California era una isla. Finalmente, tendríamos la mención de que fue alemán, ya que el mismo Kino no estaba seguro de su nacionalidad o que el apellido del alimrante califórnico fue Atondo, no Otondo. (Debo agregar que la imagen del acta de fallecimiento del misionero que adorna este artículo fue editada. El original ocupa dos páginas, el final de una y el inicio de otra) 

No podemos deducir la enfermedad que le causó la muerte a Kino en caso que no haya sido simplemente la edad. Manje mismo nos orienta hacia una pista probable sobre las enfermedades que, crónicamente, enfermaban a Kino y que apuntan a malaria:  “En las fuertes fiebres que le daban, no provava nada en 6 días que más que levantarse a celebrar y acostarse; y, deviltanto y desmaiando la naturaleza las extinguía.”

Y en cuanto a su temperamento, también Manje nos lo explica:  

“sus conversaciones eran los melifuos nombres de Jesús y María y las combersiones de los gentiles, por quienes siempre pedía a Dios… Conozí era de natural colérico quando reprendía al que pecava públicamente; y, si despreciaban su persona, lo atemperava tanto que ya avía hecho ávito de realzar a quien con vilipendios, denuestos e ynproperios lo maltrataba de palabra, obra o por escrito, usando los superlativos de “reciví la gratísima, estimadíssima” y otros de obsequio y agradecimiento; y, si era en su cara, yva a abrazar al que los decía, diciendo: “es vuestra merced y a ser mi queridíssimo dueño, aunque no quiera” Y luego yva quizá a ofrecer los desprecios al Divino Señor y Dolorosa Madre a cuio templo entrava a rezar cada día cien vezes. Y después de cena, viéndonos ya acostados, se entrava en él, y, aunque me trasnochava leiendo, nunca le oí salir para coger el sueño que era bien parco.”

En 1712, un año después de la muerte de Kino, el Padre Campos desenterró los restos de los padres Ignacio de Yturmendi y Manuel González de Tubutama, donde habían sido inhumados al morir allí, y se los llevó a Magdalena, en donde los reinhumó  a los lados de los de Kino. Allí pueden ser vistos actualmente por el viajero, acompañando a los del misionero trentino.

lunes, 3 de octubre de 2011

El ritual de la peregrinación anual a Magdalena

En el anterior artículo de esta serie traté sobre las raíces prehispanas  de la peregrinación anual a Magdalena. Actualmente, esta peregrinación ocurre anualmente al aproximarse el 4 de octubre, temporada que anuncia el cordonazo de San Francisco, cuando se presentan los huracanes que auguran la madurez de la naturaleza y el inicio de su periodo de latencia, cuando cambia precisamente en estas fechas el clima regional, de caluroso a templado y a frío. Así,  vemos a miles de peregrinos acudir a Magdalena desde toda la región: del suroeste estadounidense y del noroeste mexicano. Lo mismo nogalenses que del río de Sonora o de otras regiones; igualmente indígenas Ojódam (o pápagos) que Yaquis o de otras etnias; ya sea mestizos mexicanos o estadounidenses. Unos a pie, otros en autos o bien en cabalgatas. Son peregrinaciones que pueden durar menos de un día o, dependiendo de la distancia que los separa de Magdalena, hasta tres o cuatro.

Una cabalgata procedente de Arizpe, el 2010, saliendo del rancho Agua Fría
Las razones que han motivado estas peregrinaciones han variado a través del tiempo. Mientras que en lo prehispano tuvieron un ingrediente ideológico asociado con el comercio de la concha, como vimos en el artículo anterior, para cuando se da el contacto europeo con lo indígena, el motivo ideológico se había asociado a los periodos vitales anuales de la naturaleza, a la época de cosecha del maíz y de los demás vegetales propios de la temporada. Esto lo festejaban los nativos con borracheras de tesgüín (el fruto principal de la temporada, el maíz, era fermentado y convertido en un propiciador de la comunicación con el más allá) y así agradecían los frutos que habían cosechado durante ese año. Esa es, para empezar, la razón por la que se realiza la caminata precisamente en esta temporada.

Desayunando durante una cabalgata el 2010
Además, y en particular pasando por la región de Magdalena, desde tiempos inmemoriales debió haber otras peregrinaciones importantísimas de las que se desconocen sus  detalles, aunque nos quedaron sus vestigios. Una, ya mencionada antes, fue la de la concha destinada a Paquimé, Chihuahua.

Uno de los hornos de pedernal que se encuentran cerca de Magdalena
Pero hubo, además, otras que estuvieron relacionadas con la recolección del pedernal para fabricar herramientas. Este mineral aflora naturalmente hacia el este de Magdalena, y en esa región podemos encontrar sitios arqueológicos con hornos donde se despedazaba el pedernal utilizando el fuego, que posteriormente era comercializado hacia otras regiones, ya que en los sitios arqueológicos del Norte de Sonora se pueden encontrar esas rocas prcisamente. Igualmente nos encontramos en esos contornos literalmente con centenares de almacenes para guardar quién sabe qué (y de los cuales hasta pinturas nos heredaron los indígenas). Finalmente, encontramos por allí manifestaciones de un culto asociado con la lluvia, ya que en las rocas de la comarca  podemos también ver unas curiosas serpientes grabadas en la piedra que servían para conducir y recolectar el agua de la lluvia en rituales religiosos hoy olvidados aunque,  por esos vestigios, sabemos que los hubo.

Un alto en el camino durante la cabalgata anual de Arizpe a Magdalena
Y vinieron los europeos, y encontraron rituales indígenas relacionados con la temporada de madurez cíclica de la naturaleza.  Y los misioneros Jesuitas, como Eusebio Francisco Kino, intentaron imponer el calendario religioso cristiano sobre el calendario ideológico prehispano. Entre otras, su fecha más importante, el 3 de diciembre, aniversario de la muerte de San Francisco Xavier, fundador Jesuita y patrono de Kino, de quien hasta el nombre adoptó. Sin embargo, los indígenas no entendieron ese cambio, ¿Porqué celebrar la naturaleza en diciembre, cuando el frío invernal impera sobre la región y ésta se encuentra en su periodo de latencia? De cualquier manera, como otro ingrediente ideológico más de la peregrinación actual, de esa época nos quedó el culto al santo acostado, a San Francisco Xavier.

Después, los Jesuitas fueron reemplazados en 1768 por la Orden de los Franciscanos, cuyo fundador, San Francisco de Asís, también es el Santo Patrón de los Animales y del Medio Ambiente. Pero además sucede que el santo murió un 3 de octubre y la Iglesia lo conmemora el día siguiente. Y así ocurrió que los indígenas percibieron que la conmemoración principal de los Franciscanos coincidía con la propia; es decir, se honraba a San Francisco cuando ellos celebraban el fin del ciclo anual de vida de la tierra con sus borracheras, y así se sincretizaron en ese día la conmemoración cristiana y la indígena asociada con el culto a la tierra. De esta manera se conservó el culto a San Francisco Xavier, pero venerado el día en que el santoral católico recuerda a San Francisco de Asís. de esta manera surgió otro ingrediente más de la conmemoración.

En 1832 la iglesia actual de Magdalena fue concluida y dedicada para recibir a miles de indígenas, Pimas y Pápagos. Para entonces, este evento anual en Magdalena era ya una tradición establecida, lo que llevó a que en Magdalena fuera establecida en 1862 una feria anual, ocasión que les daba a los indígenas la oportunidad  de acudir allí a adquirir productos, que en su mente era vista con reminiscencias de sus antiguas peregrinaciones por la concha, por la sal marina. Pero además, a los criollos y mestizos la feria les dio la oportunidad de acudir también a las fiestas, no haciendo Mandas como actualmente sino a celebrar a San Francisco.  Y así se incorporó el elemento comercial a la festividad magdalenense moderna.

Pasaron los años, y al ser descubiertos en 1966 los restos del misionero Eusebio Francisco Kino, su veneración se agregó a estos rituales. Actualmente, al aproximarse la fiesta anual de Magdalena, la plaza se llena de puestos de alimentos que evocan la feria establecida en el siglo XIX, mientras que miles de peregrinos, muchos de ellos todavía indígenas, aunque la mayoría son mestizos, llegan procedentes de Arizona y de Sonora buscando, los primeros revivir sus antiguas tradiciones y los segundos, a través de ese sacrificio, que una petición personal  les sea cumplida por la deidad, sea ésta  San Francisco (de Asís o Xavier), Juan Soldado o San Judas Tadeo.

La cabalgata procedente de Arizpe, llegando a Magdalena el 2009




domingo, 2 de octubre de 2011

Las raíces prehistóricas de la peregrinación a Magdalena

Las peregrinaciones son, en todo el mundo, expresiones importantísimas que expresan los sentimientos, las raíces y la cultura de sus sociedades. Y aunque existen peregrinaciones en casi todos los continentes, las más conocidas ocurren en el Oriente Medio, en Asia y América. Y precisamente en este último continente, en particular en México, la más popular es la de la Virgen de Guadalupe, mientras que en nuestra región, Norte de Sonora, la peregrinación anual a Magdalena ocupa un lugar primordial.

Los análisis de las peregrinaciones les reconocen tres elementos principales:
  • la edificación de un mundo idealizado, 
  • la construcción de un nuevo centro del mundo y 
  • la expresión de una renovación espiritual.
Analicemos, pues, la peregrinación de Magdalena bajo estas perspectivas.

Pequeño grupo de caminantes a Magdalena el 2011, ya casi llegando a su destino
La primera, la manifestación de una idealización existencial. En nuestro caso, tenemos que un sacrificio, la caminata, se recompensa con el cumplimiento de una petición personal. Esta es la  interpretación que tiene el peregrino que intenta mejorar económicamente o bien la salud propia o la de un pariente o cualquier otra petición, y realiza el sacrificio de la caminata intentando conseguirla. Pero eso no es todo. También está, como un elemento asociado reciente, el surgimiento de aquellos que por alguna circunstancia no pueden realizar el sacrificio de la caminata, y a cambio prometen instalar una estación en algún lugar de la ruta, y ofrecen a los peregrinos ya sea comida, bebida o bien estaciones de descanso a los peregrinos en forma gratuita.  Es decir, para nuestro habitante regional contemporáneo, un premio requiere de un sacrificio temporal previo, y la caminata, o Manda como también se le conoce, que ocurre en estos días de octubre y en esta región, constituyen la ocasión y el espacio propicios para buscar esa recompensa.

La segunda, la construcción de un nuevo centro del mundo, se representa anualmente en el norte de Sonora cuando miles de peregrinos acuden a Magdalena convirtiéndola, así,  en el centro espiritual norsonorense. Y cuando se pregunta uno ¿porqué Magdalena? ¿Porqué en estas fechas de Octubre? tenemos que la respuesta, desafortunadamente, no cabe en este espacio, por lo que en el próximo artículo la cubriré.

Finalmente, el tercer elemento, la renovación espiritual, se alcanza cuando el caminante regresa de su sacrificio, vuelve de la caminata que realizó a Magdalena al lugar habitual donde vive (que en el caso de los habitantes de Nogales es de poco más de 80 KM), pero regresa transformado en un ser humano nuevo, con metas y logros que lo hacen diferente a como era antes de su Manda. Es decir, la Manda es una oportunidad de renovación; el derecho adquirido a un nuevo comienzo a través de ese sacrificio.

Ahora bien, no se conocen los orígenes de esta peregrinación, porque no existen documentos relacionados, aunque es probable que tenga raíces prehispanas, raíces no locales sino regionales. Expliquémonos: se sabe que la nuestra fue una región que participó en redes de comercio continentales que se remontan al primer milenio de la Era Cristiana, o sea más de quinientos años antes de la llegada de Colón a América. En el altiplano central del actual México, después de la caída de Teotihuacán (aprox. 650 DC), ciudad que tenía una función comercial primordial, surgió Tula cuya culminación (900 a 1150 DC) ocurrió cuando germinaron importantes redes comerciales que la ligaban al Sur con Centroamérica y al Norte con el comercio de la turquesa del suroeste estadounidense actual. La turquesa fue la piedra azul-verde más apreciada en el mundo prehispano. Pero también surgió el comercio de la concha del abulón. No fue por coincidencia que al Padre Eusebio Francisco Kino le llamó la atención esta concha que únicamente existe en la contracosta, del Pacífico.

El esqueleto de la guacamaya encontrado en Nogales, Arizona
Ejemplos locales y regionales de estas redes de comercio abundan; entre ellas, el descubrimiento reciente, en un sitio arqueológico en Nogales, Arizona, del esqueleto de una guacamaya de 8 semanas de nacida. Esta es una especie de ave que no vive en forma silvestre aquí, pero que era muy apreciada por el arte plumario prehispano. Es decir, alguien trajo al actual Nogales entre los años 800 a 1,150 DC, que es la época de ocupación del sitio, a esa guacamaya desde al menos el actual Sinaloa, que es donde vive el ara militaris, especie a la que perteneció el esqueleto.

Figura encontrada en Tula, Hidalgo, de ca. 900 DC

También está, ahora en el ámbito continental, el hallazgo en la ciudad prehispana de Paquimé (que alcanza su clímax entre 1200 y 1400 DC), en Chihuahua, de más de 3 millones de conchas marinas procedentes del Pacífico. O ya finalmente, y como corolario ilustrativo que engloba a todas estas redes de comercio prehispano, existe una figura encontrada en una investigación arqueológica en Tula, Hidalgo: la cabeza de un felino emplumado con las fauces abiertas de las que surge una cabeza humana. Pues bien, debo agregar que su base fue realizada con cerámica procedente de Guatemala, las plumas fueron hechas con conchas marinas procedentes de Sinaloa y, finalmente, el cabello y la barba del personaje tienen manufactura realizada con concha de abulón de Baja California (Las conchas azules de Kino).

Frente a estos y otros ejemplos similares, surgen las preguntas: ¿Cómo llegaron esas conchas, esas aves, allí? Pero además: ¿Cual fue la naturaleza de la participación de los antiguos habitantes de nuestra zona, intermedia entre fuente y destino, dentro de esas redes de comercio?

La respuesta es sencilla: su papel fue, o bien obligados o de naturaleza ideológica. Ahora bien, en cuanto a la primera, obligados, sería imposible, ya que la enorme geografía pimalteña o sonorense imposibilitaría forzar a los indígenas, que contaban con nuestros enormes espacios, para dispersarse y evadir los intentos para sojuzgarlos. Esto lo verificarían después los misioneros y militares europeos.

La Kiva de Cañon Chaco
Así, la única razón para que los antiguos pimalteños participaran en esas redes comerciales debió ser de naturaleza ideológica. Y precisamente sobre esta interpretación contamos, afortunadamente, con ejemplos como el de Cañón de Chaco, en Nuevo México actual, que gracias a investigaciones arqueológicas se ha encontrado que sirvieron de centro periódico de peregrinaciones prehispanas relacionadas con el comercio de la turquesa. O ya más cerca de nosotros, los rituales históricos de los Navajo, de los Indios Pueblo, los Pima y Pápago, relacionados con la colecta, anual coincidentemente, de sal del Golfo de California, que a su vez son vestigios de aquellas redes de comercio de sal y de conchas marinas que mencioné anteriormente. Todas esas son las raíces prehispanas de la peregrinación anual a Magdalena sobre la que hablaré más en el próximo de esta serie.


domingo, 11 de septiembre de 2011

Constuyendo templos en la Pimería Alta


Según vimos en el artículo anterior de esta serie, el Padre Manuel González falleció en Tubutama al regreso de la expedición con Kino al Colorado en 1702, y el Padre Ignacio Iturmendi, que lo asistió en sus últimas horas, moría también en Tubutama poco después, el 4 de junio. Eran, aquellas, regiones insalubres, eran territorios en donde las amenazas apaches se unían a enfermedades gastrointestinales, a males respiratorios y demás.

Pasaría una década, y en 1712 nos dejaba una anotación el Padre Ignacio Campos en el libro de defunciones de San Ignacio: “A fines de enero, habiendo yo traído de Tubutama los huesos del padre Manuel González, misionero de muchos años en Oposura, ex visitador, quien murió en Tubutama… en el año 1702, y los huesos del padre Ignacio Iturmendi, misionero de Tubutama, que murió allí el año de su entrada… colocamos los huesos solemnemente en esta capilla; los del padre Manuel al lado del Evangelio en una cajita, y los del padre Ignacio en otra, en la Epístola..” Y en ese mismo lugar pueden ser vistos actualmente por quien visita la plaza de Magdalena, acompañando a los de Kino.

Los restos de Kino junto con los de Gonzalez e Iturmendi
Por aquel entonces, según nos cuenta nuestro misionero, “hacía algún tiempo que yo no había visto a los hijos del poniente y nación del Soba, ni a los sobaipuris del norte y de San Xavier del Bac, con lo que entré a fabricar en las dos iglesias de San Ambrosio del Búsanic y en la de Santa Gertrudis del Sáric, y comencé a dar principio a la iglesia grande de la Concepción del Caborca, al poniente, y a ver sus ganados y sementeras y cosechas de trigo y maíz…” Hay aquí que aclarar que ninguna de estas iglesias permanece hoy en pie: todas han regresado a la tierra.

El misionero no preveía ningún problema en el crecimiento misional, ya que contaba con capital para financiarlo: “Y si vuestra Reverencia gusta, bien se pueden buscar prestados en Roma estos mil cien pesos, que este partido de Nuestra Señora, que vale ya más de cuarenta mil pesos y da cuatro o cinco o más mil pesos cada año, pagará no sólo lo principal, sino también el interesse, ut vocant (como lo llaman), de cinco o seis o siete por ciento, lo que se estilare en Roma o España…” 

La iglesia de Arizpe
Pidiendo más misioneros, Kino envió un verdadero alud de cartas, aunque pasaron los meses sin que arribara ninguno. Así decidió ir él mismo a la Ciudad de México. La guerra de Sucesión Española, empero, vino a trastocar ese plan y el misionero decidió permanecer en la Pimería construyendo más templos misionales, según escribió: “Por habérseme estorbado mi ida hacia México, como a la California, me apliqué a fabricar con la eficacia y brevedad posible, para tener esto más andado, las dos iglesias que estaban algo empezadas en mis dos segundo y tercer pueblos..”es decir, en Remedios y Cocóspera. Allí concluyó nuevos templos: “mandé cortar las maderas necesarias para la viguería de pino, zapatería, tablazón… se hicieron altas y fuertes paredes de dos grandes y buenas iglesias con sus dos capaces capillas, que hacen crucero, con buenos y vistosos arcos. Se trajeron de los cercanos cerros y pinerías las maderas y se techaron las dos buenas fábricas con sus cimborios y linternillas…”
El templo de Huepac

Y aunque es muy probable que esos maderos hayan desaparecido hace tiempo, el viajero  moderno puede imaginarse a aquellos constructores bajando los troncos de pino de la cercana Sierra Azul con sus más de 2,000 metros de altura, así como reconstruir mentalmente el método de fábrica empleado, que fue el mismo usado en los templos de Huépac, Arizpe u Oquitoa, que aún permanecen en pie y pertenecen también a la época jesuítica: techos formados por zapatas que refuerzan los maderos que sostienen al terrado que protegía contra la lluvia,

Y en cuanto a los muros de esos edificios, hace también ya muchos años que desaparecieron debido a que fueron construidos con adobes (ladrillos secados al sol): duros y resistentes a la compresión pero que cualquier lluvia disuelve. Así sucedió con el de Remedios, así con el de Cocóspera, ya que las ruinas que se encuentran a un lado de la carretera entre Imuris y Cananea, en Cocóspera, no son las del templo de Kino sino de uno posterior, construido por Franciscanos. Es decir, la obra material de Kino hace mucho que regresó a la tierra.

Las ruinas de Cocospera
Sólo quedan vivas, en la mente popular, en la ideología norsonorense, evocaciones ignotas de origen desconocido, reminiscencias tal vez de las caminatas expedicionarias de Kino o tal vez recuerdos ancestrales de peregrinaciones prehispanas (sobre las que hablaré posteriormente). Lo cierto es que anualmente se manifiesta, en octubre, la caminata a Magdalena, la Manda como se le conoce, cuando en una penitencia común, a veces de días, miles de norsonorenses y arizonenses convergen en esa población cubriendo a pie las grandes extensiones de nuestra geografía buscando, todos, una recompensa a su ofrenda, a su sacrificio. Esta consiste en el cumplimiento, o no, de una petición personal hecha a San Francisco (de Asís o de Loyola, no importa), tal vez a Kino o a Colosio.

domingo, 14 de agosto de 2011

El aniversario del bautismo de Kino

En esta ocasión interrumpo la crónica que he venido realizando sobre Eusebio Francisco Kino. La razón, esta semana se conmemoró, en Magdalena, el 366 aniversario de su bautismo. En la próxima semana reanudaré esta crónica:

Esta semana se realizó, en Magdalena, otra conmemoración más del bautismo del misionero Francisco Eusebio Kino, en este año en que recordamos el tricentenario de su fallecimiento. El día 8 de agosto habló el Dr. Gabriel Gómez Padilla acerca de la dimensión espiritual de Kino; el 9 lo hice yo sobre el sueño que motivó sus viajes exploratorios y el 10 cerró el Lic. Rómulo Félix Gastélum haciendo un recuento general de la vida del misionero.

De las demás charlas me quedan muchos recuerdos; entre otros, la mención que hizo alguien acerca de la enorme proliferación en todo el noroeste mexicano de todo tipo de negocios, calles, sitios y lo que uno guste con el nombre de Kino, indicativo del ícono social en que se ha convertido el nombre del misionero. Pero no quiero extenderme sobre la respuesta a las demás conferencias sino hablar del acogimiento a la mía.

El salón Presidentes, de Magdalena, al igual que con las demás charlas, estaba lleno con autoridades locales, ex alcaldes y magdalenenses que, se percibe, se encuentran pendientes de todo lo que tenga que ver con su población. Lo noté de inmediato cuando se vino la respuesta a mi presentación; cuando una interminable sucesión de preguntas se lanzó, como avalancha, sobre quien ésto escribe. Discrepancias, opiniones, preguntas llanas; un gran concierto de expresiones, de dudas me hicieron ver que los magdalenenses se preocupan por el significado ideológico, por la trascendencia simbólica que tiene su población para el Norte de nuestro país. Alguien llegó a afirmar, tal vez yo mismo fui, que si el centro del país cuenta con la Guadalupana, Magdalena se ha convertido en la capital espiritual de todo el occidente de nuestro país y suroeste estadounidense, como la veneración a San Francisco, a Kino y las peregrinaciones de octubre lo prueban.

Un día después, precisamente el día diez cuando se conmemora el bautismo de Kino, siguiendo a una pequeña lluvia que abrillantó el verdor de la vegetación, a las nueve de la mañana hombres vestidos de levy y con pantalones “de vestir,” amas de casa con sus mejores ropas, un numeroso grupo de estudiantes, funcionarios y demás invitados nos reuníamos a un lado de la cripta que guarda los restos de Kino, preparándonos para depositar allí una cápsula del tiempo. Era ahora el turno de hoy para dejarle un recuerdo al mañana; pero a diferencia de las cápsulas que me ha tocado ver, ésta fue una muestra de que en Magdalena están conscientes de que la historia no únicamente ve hacia el pasado sino hacia el porvenir también en lo tecnológico.

El momento de colocación de la cápsula. A la izquierda aparece el mausoleo donde se encuentran los restos de Kino, y a la derecha el templo de Magdalena con la efigie de San Francisco, objetos, ambos, de adoración en Sonora.

En la cápsula fue depositada una computadora con información sobre el Magdalena actual: documentos digitales, imágenes, etc, así como un impreso con instrucciones sobre cómo activarla y acceder a esa información cuando le toque ser abierta. La acompañaba un paquete de discos compactos con más información oficial, sin dejar de lado la enorme cantidad de datos personales que aportaron los magdalenenses en los que, me tocó verlo, el numeroso grupo de estudiantes presentes, posiblemente al ver que en la cápsula se habla su lenguaje, el digital, también participaron con entusiasmo. Yo, en lo personal, deposité también un DVD con una versión digital de mi ponencia de la noche anterior.



Vino después la ponencia del Lic. Félix, y después de escucharlo, a él y a mí nos invitaron a charlar con el alcalde de esa hermana población. En su oficina, durante más de una hora nos habló de hacia dónde se encamina Magdalena, de sus planes para promoverla en lo económico, de su intención de convertirla en un centro regional, del potencial turístico que tiene; pero sobre todo, de la participación social que le ha intentado imprimir a su gobierno; yo le respondí agradeciéndole ser una prueba palpable de ello al haber sido invitado a trabajar con ellos, con nombramiento oficial como miembro del Comité Conmemorativo del Tricentenario de la muerte de Kino, y eso que no soy magdalenense.

Por su parte, el alcalde se encontraba ya tan motivado en comunicarnos las bondades de su municipio, que para reforzar su argumento acudió a su computadora personal y nos mostró varios videos que se encuentran en Internet, en Youtube, todos con el mismo tema, todos siendo una prueba palpable del creciente interés por Magdalena: Brandon Flowers que, debo agregar, no es católico, solista del grupo The Killers, uno de los principales grupos musicales del mundo, ganador de innumerables premios y para quien Elton John ha llegado a componer varias piezas musicales, cantaba sobre la peregrinación otoñal a Magdalena: “…De Nogales a Magdalena hay 60 millas de camino sagrado … ampollas en mis pies y un rosario de madera…”




domingo, 27 de febrero de 2011

Primeros meses en la Pimería Alta y exploración de 1689

Después del primer recorrido por Dolores, San Ignacio, Imuris y Remedios en marzo de 1687, Kino regresó a su misión de Dolores en donde pasó los meses siguientes trabajando en la construcción de sus edificios misionales. Dolores, al momento de su fundación junto con sus rancherías, tenía 25 familias y 115 almas. Uno de los primeros indígenas en recibir nombre cristiano fue el jefe de Cosari o Dolores, Coxi, quien recibió el 31 de julio el nombre cristiano de Carlos en honor del rey de España, y a quien Kino con su habitual costumbre describió como jefe de todos los indígenas hasta el Golfo de California.

El padre Manuel González, Visitador Jesuita de Sonora, llegó nuevamente a Dolores en junio de 1689, y Kino lo acompañó hacia el oeste en donde recorrieron las visitas misionales ya conocidas de San Ignacio con sus alrededor de 40 familias indígenas y otras tantas en sus contornos; la de Imuris con sus alrededor de 60 familias, y luego continuaron por el Arroyo del Babasac, aunque desde aquí la ruta que siguieron varió. En vez de regresar al Río San Miguel (y volver a Remedios-Dolores) a la altura de la actual presa del Comaquito como se había hecho hasta entonces, continuaron por el cauce del arroyo que seguían hasta que llegaron a otra ranchería con más de 200 almas en la que establecieron la visita misional de Cocóspera, a la que se le dio una advocación cristiana netamente vascuence: Nuestra Señora del Pilar y Santiago. Ningún padre había entrado hasta ese lugar cuando llegaron nuestros misioneros, quienes después de su acostumbrada prédica a los indígenas regresaron sobre sus pasos a la ruta ya conocida de Remedios y Dolores.

Viaje de Kino en Enero de 1689
Ruta de los misioneros en Enero de 1689

Sin embargo, no todo era miel y dulzura durante esa época. En Remedios empezarían los rumores que intentaban menoscabar la obra del misionero, lo que obligó a Kino a ir a Bacanuche, en donde se encontraba el Teniente Francisco Pacheco Cevallos, a quien le mostró la cédula real que prohibía el trabajo de los indios en obras de españoles por un periodo de 20 años. Eso calmó los rumores, aunque fuera sólo momentáneamente.

Y aquí merece un paréntesis explicatorio. Conocemos los viajes de nuestro misionero gracias a los diarios de sus expediciones. A veces iba escribiendo consigo uno en el transcurso de algún viaje -cuadernitos de hojas dobladas por la mitad que iba llenando por ambas caras con descripciones ordenadas en las que el margen izquierdo se reservaba para la fecha-, también le pedía prestado el suyo a quien lo había acompañado, y después de cotejar ambos nos heredó las narraciones de sus viajes. Sin embargo, debió de realizar viajes de los que no quedó una descripción; por eso existen lagunas en el conocimiento de los viajes que hizo, del territorio que cubrió, de la fecha inicial en que visitó algunos de los lugares que hoy conservan recuerdo de haber sido misión o visita.

diario de Kino
El diario de Eusebio Francisco Kino


Y precisamente de esta época de inicios de su labor apostólica existe una laguna en el conocimiento de sus viajes probablemente ocasionada porque el trabajo no le dejaba tiempo para escribir un diario o porque aún no había adoptado la costumbre de registrar fielmente sus recorridos. Lo único que sabemos es que terminando 1690 llegaban cuatro nuevos misioneros a la Pimería Alta que fueron destinados a algunos lugares donde no sabemos la fecha en que fueron hollados por primera vez por pie europeo: el Padre Luis María Pinelli, destinado a San Ignacio y a sus visitas de El Tupo y Magdalena; Antonio Arias al río Altar, a Tubutama y Oquitoa; Pedro de Sandoval a la parte alta del río Altar, a Sáric y Tucubavia; y Juan del Castillejo a Cocóspera, San Lázaro y Santa María (actual Santa Cruz).

Así fue cómo, aunque no sepamos con certeza la fecha de entrada europea inicial a lugares como Magdalena, o al río Altar a Oquitoa, Tubutama o Sáric, otros como San Lázaro o Santa Cruz ya se conocían porque habían sido ranchos ganaderos de españoles desde muchos años antes.