domingo, 29 de mayo de 2011

La primera entrada militar a Arizona


El 2 de noviembre de 1697 partían el misionero Eusebio Francisco Kino y el militar Juan Matheo Manje de Dolores al actual Arizona en otra expedición, aunque ahora con una meta netamente militar, estratégica: verificar la lealtad indígena de esa región. (En el mapa adjunto, que puedes ampliar, aparecen las poblaciones actuales, que entonces no existían, mostradas con estrellas; la frontera actual, que tampoco había entonces es la línea roja, recta y punteada; mientras que la ruta que siguieron los exploradores aparece en color naranja)

Ruta al actual Arizona de los expedicionarios. La frontera actual es la línea recta punteada 
Llevaban diez sirvientes nativos, los ornamentos para misa, tres cargas de viáticos, más de sesenta caballos y mulas, así como regalos para los indígenas. Ya en Quíburi (cerca del actual Fairbank, Arizona) se les unió El Tte. Cristóbal Martín Bernal con 22 soldados enviados desde Fronteras. Allí encontraron al jefe Coro celebrando una victoria sobre los apaches: “festejó todo e! día nuestra llegada con un exquisito baile, en forma circular, en cuyo centro una alta asta, donde pendían trece cabelleras, arcos, flechas y otros despojos de otros tantos enemigos apaches que habían muerto; y en todas las demás rancherías bailaban el mismo triunfo. Con lo que verificamos lo que está de parte de los españoles la nación… Y los mismos soldados entraron en el baile gozosos del desengaño.” 

Después, Kino le propuso a Bernal explorar más al norte por el río San Pedro y el Jefe Coro decidió escoltarlos con 35 guerreros. Según Manje: “Es todo el valle, como dije, ancho, largo, fertilísimo; y sus sementeras con acequias y riego; vestidos y adornados los indios de mantas pintadas, ceñidores y sartales de cuentas al cuello.” Además, los indígenas les informaron que de vez en cuando llegaban a visitarlos, desde el Norte, gente blanca como ellos, lo que vino a acicatear la curiosidad de los exploradores.

Era todo tan fructífero y la expedición tan exitosa, que decidieron continuar explorando, ahora por el río Gila y llegaron hasta inmediaciones del actual Phoenix. En sus márgenes fueron encontrando edificaciones antiguas, de las que Kino elabora sobre la mayor: “Los señores soldados se holgaron mucho de ver la Casa Grande. Nos admirábamos de ver que estaba casi una legua distante del río y sin agua; pero después vi que tenía una grande acequia de un muy grande terraplén, que tendría tres varas de alto y seis o siete de ancho, y era mayor que el de la calzada de Guadalupe de México. La cual grandísima acequia, según todavía se ve, no sólo metía el agua del río hasta la Casa Grande, sino que, justamente, dando una gran vuelta, regaba y cercaba una campiña de muchas leguas de largo y ancho de tierra muy llana y muy pingüe. Con facilidad se podía ahora también aliñar y techar la casa y componer la grande acequia para un muy buen pueblo, pues hay muy cerca seis o siete rancherías de pimas sobaipuris.” Es decir, proponía reutilizar los restos de la cultura que hoy conocemos como Hohokam en beneficio de los Pimas, de quien se sospecha son sus descendientes.

Continuaron nuestros viajeros su expedición, y más adelante les salió un indígena pintado de rojo, quien les mostró una bola del colorante que había utilizado. Manje pensó que el colorante podría ser mercurio y en ese caso constituiría un hallazgo importantísimo, ya que  “…si acaso lo es, fuera de gran servicio a su Majestad y utilidad para las minas de la Nueva España se descubriese tal tesoro; pues, no habiendo en el mundo más minas de azogue que la del Almadén de España, la de Huancabelica en el Perú, y la de Carintia en Alemania, cuando flaqueó la saca de las nuestras, le costó muchos intereses a su Majestad la consecución y conducción de ellos de la Carintia porque no parasen las minas de plata y oro de las Indias” ya que el mercurio era esencial entonces en la minería de metales preciosos.

Eran, todas, noticias muy atractivas; hubieran querido continuar su expedición pero no llevaban escolta suficiente y decidieron volver con mayor apoyo. Regresaron cauce arriba, ahora siguiendo el río Santa Cruz hacia el Sur y pasaron por Tucsón, Tumacácori y San Lázaro, donde dejaron de lado, hacia el Este, un lugar donde doscientos años después sería fundada la mayor mina de cobre en México. Sabemos que ya entonces lo conocían porque en el mapa hecho por Kino para ilustrar el libro que escribió sobre la muerte de Saeta se encuentra ubicado.

El mapa de Kino con la ubicación de Cananea

En ese lugar, precisamente estas fechas, el 1 de junio pero de 1906 iniciaba la huelga de Cananea que ha sido atinadamente calificada como precursora en México de los movimientos sociales que acompañaron al siglo XX y aún no terminan, aunque nuestros viajeros no podían prever ese futuro y continuaron su viaje hasta que llegaron de vuelta a Dolores el 2 de diciembre. Había sido una expedición militar de reconocimiento sumamente exitosa a una región que también, cómo podrían adivinarlo, siglo y medio después pasaría al dominio de otra nación que, por otro lado, no existía aún.

1 comentario:

  1. Acostumbrados a las películas del oeste y casi olvidada esta parte de la historia, en España la gran masa no sabe de la gran relación, mala o buena, que tuvimos con estas tribus bastante antes de que los Estados Unidos fuera siquiera un país.

    Gracias por la divulgación, un abrazo.

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