lunes, 4 de julio de 2011

La Dama en Azul y la cristianización de América


Habiendo llegado ese febrero de 1699 hasta donde el río Gila rodea por el norte la sierra del mismo nombre, Manje quería continuar, aunque los Padres Kino y Gilg no quisieron para no contrariar a los nativos, aunque “al sestear los Padres, me fui a caballo con el gobernador Francisco Pintor, el intérprete de las dos lenguas, y otros indios; y, encumbrando a la cima de un cerro alto, hacia el poniente, me enseñaron la junta de un valle y ancha arboleda que venía como de norte al sur, que vi palpablemente; y me dijeron era la junta del río Colorado con este Grande.”

Aquí debo agregar que el Francisco Pintor, de quien habla Manje, fue un famoso indígena que vivió al Norte de Cucurpe, en un lugar que actualmente es un rancho que lleva el nombre de El Pintor. Pues bien, en el lugar hay una roca que muestra una extraña colección de símbolos, que es muy probable se deban a la iniciativa de este personaje. Y por otro lado, aunque  no sabemos con certeza cual haya sido el punto desde donde Manje divisó la confluencia de los ríos, de cualquier manera, fue él quien descubrió que ambos se unían antes de desembocar en el mar.

La ruta expedicionaria de ese viaje de inicios de 1699


Manje llevaba consigo una copia manuscrita de las Relaciones de Gerónimo de Zárate Salmerón sobre Nuevo México, que le había dado el historiador franciscano Agustín Betancurt en la ciudad de México. Allí aparecía la expedición de Juan de Oñate, casi un siglo antes, desde Nuevo México al Colorado. Y queriendo comprobar lo dicho por Salmerón, Manje les preguntó a los indios si tenían memoria de algún capitán español que hubiera llegado a esas regiones y le respondieron que sí, que había pasado con un grupo de gente armada rumbo al mar y luego regresado rumbo al oriente.

Pero eso no fue todo. También le hablaron que “siendo ellos muchachos vino a sus tierras una mujer blanca y hermosa, vestida de blanco, pardo y azul, hasta los pies, y un paño o velo con que cubría la cabeza, la cual les hablaba, gritaba y reñía, con una cruz, en lengua que no entendían; y que las naciones del río Colorado la flecharon y dejaron por muerta, dos veces, y que, resucitando, se iba por el aire, sin saber dónde era su casa y vivienda; y a los pocos días, volvía muchas veces a reñirlos. Lo mismo nos habían dicho, cinco días antes, en la ranchería de San Marcelo [actual Sonoita]… y confirmando esto en lugares tan apartados, discurrimos si, acaso, será la venerable Madre María de Jesús Agreda, por decir la Relación de su vida que, por los años de 1630, predicó a los indios gentiles de esta Septentrional América y contornos del Nuevo México…”

Manje se refería a la Relación del franciscano Alonso de Benavides, quien trabajara en Nuevo México y recogiera esa leyenda entre sus nativos, enlazándola con la historia de la Madre María de Jesús de Agreda (María Coronel y Arana, 1602-1665). María Coronel, nacida en Soria, provincia de Agreda, en la península ibérica, al aproximarse a los veinte años de edad empezó a pasar por “exterioridades” que la llevaron a entrar a la vida conventual, a donde la fama de sus experiencias espirituales la siguió. Escribiría catorce libros, de los que el más conocido es la Mística Ciudad de Dios (la portada que muestro en seguida corresponde a una edición posterior, hecha en Bélgica).



En 1635 intervenía la Inquisición; ordenaba averiguar si ella “se arroba en público, y si reparte  cruces y quentas, y qué gracia dize que tienen…” así como el fenómeno de la bilocalización que se le atribuía, ya que aunque jamás salió de España, era fama conocida de “ir o ser llevada a algunos Reynos de las Indias muy remotos a convertir y catequizar los Indios…” aunque la investigación no resultó en nada, por lo que nuevamente en 1648 iniciaba otra, en la que la Inquisición legó a la conclusión de que “Es católica y fiel cristiana, bien fundada en nuestra santa fe, sin ningún género de ficción ni embeleco del demonio,” conclusión que se envió al Rey Felipe IV, quien le escribió un mensaje, felicitándola, lo que a su vez llevó a  un intercambio epistolar entre la monja y el Rey, más de 600 cartas, que la convirtieron en consejera espiritual y política de la corona Española.

Sor María de Agreda

Ella moriría en 1661, y poco después fue declarada Venerable por la Iglesia, aunque el proceso de beatificación se frenó. Actualmente, su cuerpo incorrupto se venera en el convento de Agreda que ella dirigió durante su vida adulta, y su Mística Ciudad de Dios aún hoy tiene vigencia, ya que por ejemplo sirvió de inspiración a Mel Gibson para filmar la película La Pasión de Cristo.

Manje, quien también había leído a la monja, se basaría en sus cartas para escribir los dos últimos capítulos de la Primera Parte de su Luz de Tierra Incógnita. Así inició este mito en el que se mezclan elementos de la conversión indígena americana, la bilocalización y la mentalidad medieval cuyas leyendas intentaban racionalizar el fenómeno americano.

Después de atisbar desde lejos la confluencia entre los ríos Gila y Colorado, Manje bajó del cerro para reunirse con los misioneros, para iniciar  su viaje de regreso a Dolores, interrumpido por una tormenta que enfermó al Padre Kino, al grado de que: “se le hincharon los pies y piernas [y] le dio tales vómitos de cólera, que, viendolo debilitado y con desmayos que le daban, paramos con muchos trabajos” hasta que, al fin de una semana de esperar, llegaron a Dolores.

2 comentarios:

  1. Vaya hoy dos de los blogs que sigo hablan de Sor María Jesús de Agreda, el tuyo y "Reinado de Carlos II".

    Saludos.

    ResponderEliminar
  2. Que casualidad, hoy nuestros blogs se cruzan porque yo también hablo de sor María Jesús de Ágreda y su relación con Felipe IV...muy interesante que traigas a colación ese supuesto milagro de la "teletrasportación" de la venerable monja para predicar la palabra de Dios a los indios de América.

    Un saludo.

    ResponderEliminar